Pobre de mí
No, no estoy entonando la coplilla del fin de los sanfermines, es que ayer fui al pediatra porque llevaba unos días con unas rojeces en la piel y… ay, ¡pobre de mí! Diagnóstico: dermatitis atópica. El caso es que la semana pasada ya fui a su consulta por lo mismo, pero este pediatra, en su línea, me dijo que era “normal”. Menos mal que mi mamá no se quedó tranquila y ha vuelto a insistir, porque sino aquí estaba yo todavía, con un montón de picores y sin poner remedio. A mis papás les doy una lastimica… El caso es que estos días andaba yo algo más nervioso de lo habitual, dormía fatal, lloriqueaba, y resulta que puede que haya sido precisamente porque me pica mucho y no sé, y lo peor, no debo rascarme. Y digo puede porque a esto hay que sumar mi crisis de crecimiento de los tres meses, aunque la verdad es que no sabemos distinguir la causa de estos días “raros” que estoy pasando. El pediatra nos ha dado unas pautas a seguir, no sin antes advertirnos de lo caros que somos los niños que padecemos esta enfermedad: gel y crema emoliente para el baño, crema de corticoides para los brotes, ropa 100% algodón, baños templados, poco abrigo y, esto lo añade mi mamá, paciencia y mucho cariño, que aunque no cura sí que alivia un montón. De momento esta noche ya hemos empezado con las primeras medidas. El caso es que, como ya os he comentado en alguna que otra ocasión, yo dormía en la cama de mis papas, tan agustico pegaíto a mi mamá. Pero resulta que ella y yo somos incompatibles en temas de temperatura: ella es muy friolera y yo muy caluroso, así que más de un día me he despertado empapado en sudor, lo cual parece ser que agrava estos brotes de dermatitis. Así que no han tenido más remedio que empezar a pasarme a la cuna. Menos mal que son considerados y me la han puesto en modo “sidecar”, con lo que la transición no es tan brusca, lo justo para poder tener sábana propia con la que taparme (o no) y para que los brincos que pega mi papá cada vez que se mueve no me despierten, que soy de sueño muy ligero. Precisamente mi papá dice que me va a llevar al sueñólogo, a ver por qué soy tan pejiguera para dormir. Y yo le digo, a ver papá, ¡es que nadie es perfecto! Ya os iré contando cómo va el experimento. De momento esta noche he hecho mitad y mitad, que no va ser todo tan fácil. Os dejo una foto con la nueva configuración de nuestro dormitorio, ¿qué opináis?
Y otra para demostraros que, a pesar de todo, yo le sigo sonriendo a la vida. Que es que soy más simpático y más guapo…
