Leo y Luca en nunca jamás

Balance

por Se el 01 de noviembre de 2008 en La vida de Leo

Seguimos con las fechas destacadas. Hoy toca la celebración de mis 100 primeros días de vida, y como cualquier Gobierno que se precie, toca hacer balance de lo bueno y de lo no tan bueno (no lo vamos a llamar malo…) que ha ocurrido en este tiempo. Empecemos por lo segundo, así, para quitárnoslo rápido de en medio. Qué decir de mis gases, que menos mal ya empiezo a controlar, ¡o de lo que me cuesta dormir! Ahora me ha dado por despertarme sobre las 4 o las 5 de la mañana y no poder (o no querer) dormirme otra vez. Al final a mamá le ha tocado levantarse a pasearme para conseguir que me quede sopa otra vez, cosa que no había querido hacer en tres meses, levantarse, digo. Pero es que es la única solución. Eso, o llevarme a amasar pan, que los panaderos a esa hora sí que están bien despiertos. También están mis achaques, poquitos afortunadamente, las vacunas y esos días de “crisis” en los que estoy pa que me estrellen. Pero poco más. Hay muchísimas más cosas buenas. Lo bien que como, por ejemplo. O los progresos que, día a día, voy haciendo. La cabeza ya casi la tengo controlada, mis papás me ponen boca abajo y la mantengo levantada todo el tiempo. Además soy capaz de coger cosas. Soy un monstruo. Y ya me doy la vuelta, como pudisteis comprobar. Me río a carcajadas y estoy para que me coman, sobre todo cuando mi papá me deleita con su particular “festival del humor”, que claro, como es gaditano… me cuenta hasta chistes y todo. También he aprendido a mantener conversaciones a base de aaaaaaaahs y ooooooooohs, aunque ahora dialogamos en un nuevo idioma: los chillidos gatunos, para troncharse. Y una cosa fantástica, poder mirar a mamá a los ojos mientras me estoy quedando dormido y notar como se derrite mientras yo esbozo una sonrisilla inconsciente con el chupe medio caído. Y volver a mirarla cuando me despierto y volver a sonreír, esta vez intencionadamente, para que empiece a jugar conmigo. Se me olvidaba una cosa: ver cómo me crece el pelo, ¡que a este paso no voy a poder peinarme hasta que vaya al cole! En definitiva, han sido 100 días maravillosos e irrepetibles en los que, sin apenas darnos cuenta, me he convertido en una extraordinaria personita. Bueno, ya veis que la balanza está claramente desequilibrada. ¡Ojalá siga así por muuuuuuuuuuuchos años más!

Os dejo una foto de lo que mejor sé hacer, ¡reír!

Jejeje

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