Cazando patos
Eeeeeeeh, ¡que son de mentira! ¿O es que acaso me imagináis escopeta en mano y pegando tiros a mi tierna edad? Pues no, son los patos del musical de mi cuna, que me lo prestó mi primo Alejandro. El caso es que ya me había hartado de verlos girar y girar, qué mareo, así que me he decidido a pasar a la acción. Porque con el descubrimiento casi diario de nuevas habilidades también necesito nuevos estímulos. Ahora practico el “agarring” que, como su propio nombre indica, consiste en agarrar cosas, desde estos patos al pelo de mamá, pasando por mi propia ropa o incluso el mando a distancia. Mis papás están esperando a que me descubra los pies para que también me entretenga con ellos, que por lo visto además conforme te vas haciendo mayor vas perdiendo capacidad para hacerlo como lo hacemos los bebés. Así que tendré que aprovechar esa flexibilidad mientras dure. Hablando de otras cosillas, ¿sabéis cuánto peso ya? ¡7.040 gr! Casi nada. Y es que hay que ir aumentando las reservas grasas del cuerpo, que con este frío que hace (y más que va ha hacer) lo voy a necesitar. Mis papás me han comprado un saquito para que vaya en el cochecito bien calentito. Ya sabéis que a mí no me gustaba demasiado ir ahí, pero viendo la rasca que hace he tenido que resignarme. Ahora voy todo abrigadito, también con mi gorrito de oso. Y es que el invierno ha llegado pero de verdad. Por eso el otro día, en casa de mi abuelito Paco, mis papás encendieron la chimenea y yo, cual hombre de Atapuerca, descubrí el fuego. Embobado me quedaba mirándolo. Lo que yo os decía, ¡descubro cosas nuevas cada día!
Y ahora, el vídeo de la cacería. Que conste que ese día estaba la cosa floja, ¡porque hay otros que no se me escapa ni uno!
