¡Bienvenido!
Ayer por la tarde fui con papá y mamá al hospital donde nací. Subimos a la segunda planta, la de maternidad y nos adentramos por ese pasillo lleno de posters de bebés y dibujitos de baby disneys en el que a cada paso se oye el llanto inconfundible de los recién llegados a este mundo. Cuando reconocí el lugar pensé, oh no, ¡van a devolverme! Lo prometo, lo prometo, que voy a dormir por la noche, pero no me dejéis aquí por favooooooooor. ¡Si yo ya tengo casi seis meses y aquí solo hay bebitos! Iban mirando los números de habitación, a ver, esta no, esta no… ¡esta! De pronto mamá me ha achuchado fuerte. Ya está, se va a despedir. Snif, fue bonito mientras duró… Entramos y… ¡si aquí ya hay un bebé! ¡Es Juan Antonio! Uf, que alivio. Allí estaban la amiga de mamá y su chiquitín que nació ayer. ¡Íbamos a visitarlos! Yo me asomé a su cuco y, como la veteranía es un grado, me atreví a darle unos cuantos consejillos en voz bajita, que el pobre ahora está tan perdido… Estaba dormidito, pero yo sé que me escuchó. Es más guapo… me temo que se convertirá en un gran rival cuando vayamos a ligar! Pero bueno, como seremos amigos no importará. Mamá dice que ojalá así sea y espera que nosotros nos llevemos igual de bien que ellas, aunque seamos de años diferentes (ya te vale Juan Antonio, ¡por 13 días!). La verdad es que es clavadito a su mamá. En mi caso todo el mundo dice lo contrario, que soy el vivo retrato de papá. Ya veis, soy bueno hasta para eso, una prueba de paternidad que le he ahorrado. Así que todo quedó en un susto, yo me volví a casa con mis papás y todos tan contentos.
Os dejo una foto del recién llegado, con el permiso de sus papis, claro está. Lo dicho chaval, ¡bienvenido a este mundo!
