Gusanitos
Antes de nada, ¿todo el mundo sabe lo que son los gusanitos? Lo digo porque yo soy un bebé internacional que tiene amigos en países muy lejanos y lo mismo si digo que ayer me comí un gusanito al pronto se escandalizan y piensan que mis papás no me dan de comer y tengo que ir por ahí buscando animalitos sin patas que echarme a la boca… ¡puaj! Mejor lo explico, sí. Aquí, en España, los gusanitos son un snack salado de maíz que gusta mucho a los niños. Yo ahora lo sé, doy fe de ello, como si fuera un notario de gusanitos, porque ayer los probé… ¡y me encantaron! La situación fue de lo más graciosa. Estábamos en la consulta del pediatra a la que mis papás me llevaron para ponerme las vacunas de los seis meses que, entre antibióticos y mocos, aún estaban pendientes. Después de cuarenta y cinco minutos esperando empecé a impacientarme. Ya había recorrido la sala de espera, el pasillo, y papá me había enseñado cuatro veces unos murales llenos de dibujitos antitabaco de los niños del cole. Total, que mamá abre su bolso y… ¿que es esto? ¿Me lo das para que me lo meta en la boca? Vale, eso sé hacerlo, ¡es lo que mejor se hacer! Pero, ¿eh? Está salado… mmmm… se deshace… se me pega en el cielo de la boca… a ver que me lo despego… ¡está rico esto mami!!! Así que allí estábamos, el gusanito y yo en un mano a mano mientras unas cuantas señoras me miraban y se reían, ay qué gracioso, ay qué bonico… lo típico, vamos. Y por supuesto estaban mis papás cámara en mano para que, cuando sea mayor, tenga un recuerdo del día en que probé mi primer gusanito. Un día para la historia.
Por cierto, las vacunas bien. Dos pinchazos. Ninguna lágrima.

