¡Diente a la vista!
Seguramente Rodrigo de Triana, el día que divisó el nuevo mundo, gritó tan feliz y emocionado como lo han hecho mis papás al descubrir el primer incisivo que ha roto mi delicada encía.
Ha tardado pero… ¡ya está aquí mi primer diente! Mi papá lo intuyó hace un par de días mientras me reía a carcajadas, pero han tardado un poquito en confirmar su presencia porque, aunque a mí me encante meter la mano en bocas ajenas (es mi vicio para dormir), no consiento que nadie explore en la mía. Ni tan siquiera dormido. Así que no había manera de ver ni tocar el piquito en cuestión. Pero ayer mamá por fin me pasó el dedo y… sí, ¡ahí está! El afortunado, el incisivo inferior izquierdo. Lo mejor de todo es que no he estado especialmente chinche, como les pasa a otros niños, ni me ha dado fiebre, ni he perdido el apetito… ¡nada! Yo he seguido como siempre.
Ay, qué ilusión, ¡ya queda menos para el bocadillo de jamón!

