A
La A no es una letra cualquiera, no.
Es la primera del abecedario, lo cual le otorga cierta importancia y privilegios. Alguna vez os habéis preguntado por qué? Pues yo, que ya sabéis que soy un bebé muy curioso, sí. Y he llegado a mi propia conclusión: es la cabecilla de todas las demás letras porque es la primera que aprendemos.
La A y yo somos viejos amigos.
Ya desde que tenía un par de meses nos venimos conociendo. A veces le era infiel con la O, pero en contadas ocasiones porque no termino yo de pillarle la gracia al redondón. Cuando descubrí que podía emitir sonidos y llamar con ellos la atención la A y yo sellamos nuestra unión. Chillaba y chillaba todo el día.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!
Es una fase, decía mamá, ya pasará. Ja (con A), que te crees tu eso mamá. Ahora que he logrado el control absoluto de mis cuerdas vocales es cuando viene lo peor. Ahora grito sin parar y es muy divertido, aunque ella no opina lo mismo. Dice que ni el vecino adolescente con aspiraciones a pseudoestrella de heavy metal le da tanto dolor de cabeza aporreando su batería como yo con mi elevado tono de voz. Y sí, la protagonista indiscutible de mis conciertos es ella, la A. Aunque para no ser excesivamente cansino voy introduciendo otras letras, que hay que crecer no sólo física, sino también intelectualmente:
- La B: aba, aba, aba.
- La G: aga, aga, aga.
- La M: maaaaaa.
Madre mía hasta que llegue a la Z.
Lo sé, aún me queda mucho para recitar El Quijote…
P.D. Mi amigo Ian está de estreno con su blog. Hacedle una visita y decidle que váis de mi parte!!!









