Sonrisa profidén
Vale, de acuerdo, aún me queda bastante para lograr una dentadura perfecta, reluciente, sana, como la de una estrella de cine. Pero qué queréis, Roma tampoco se construyó en un día… Yo de momento ahí voy, con mis dos dientecitos perfectamente visibles ya. Y perceptibles. O si no que se lo digan al que ose meter su dedo en mi boca, que ese dedo sale señalado seguro.
Últimamente mi chupe y yo somos inseparables, de día y de noche, me paso todo el tiempo con él en la boca. Mis papás, siempre dispuestos a hacer conjeturas, piensan que es porque quizás mis encías están trabajando de nuevo para abrir camino a otro incisivo y tenerlo en la boca me consuela. O puede que no. La verdad es que yo los entiendo. Nuestra única forma de comunicación es el llanto que, sinceramente, no es un método muy informativo que digamos… Dicen que el llanto de los bebés siempre encierra una necesidad o un deseo insatisfecho y que entre sus causas, aparte del dolor están el hambre, el frío, el calor, la incomodidad, los pañales sucios, el sueño, la soledad, el exceso de estímulo, el aburrimiento, el ruido, la tensión… uf, un montón de cosas. Con razón no se enteran los pobres.
Pero bueno, esto es como todo, una etapa. Pronto empezaremos a hablar, primero repitiendo una y otra vez alguna sílaba, luego uniendo varias y así poquito a poco hasta lograr palabras completas. Y cuando seamos unos expertos en vocabulario y lleguemos a la fase del “por qué”… ¡añorarán cuando no sabíamos hablar!

