Teorizando
Hace muchos años existió un señor griego que se llamaba Arquímedes y que cuando estaba aburrido se ponía a pensar. Los días en la antigüedad debían ser soporíferos porque el hombre pensó tela. Inventó un montón de chismes y hasta enunció un teorema muy famoso que lleva su nombre y que dice que todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje de abajo a arriba, igual al peso del fluido que desaloja. Lo sé, demasiado complicado, incluso para una mente despierta como la mía.
Por eso vayamos directamente a una de sus consecuencias. Según este teorema, al ir introduciendo un cuerpo en un fluido se va desalojando paulatinamente un volumen de líquido igual al volumen que se va introduciendo del cuerpo, es decir, un volumen sustituye al otro. Así si metemos un objeto, pongamos un bebé, en un fluido, por ejemplo en el agua del baño, ese bebé desplazará un volumen de agua igual a su propio volumen… ¿y ya está?
Sr. Arquímedes, discúlpeme que ponga en duda su teorema a estas alturas de la historia, pero usted debería haberle planteado una excepción. Por que cuando introducimos a un bebé en la bañera… ¡el agua desplazada es muuuuuuucho más que la de su volumen! ¿O acaso usted no sabía que los bebés chapoteamos, salpicamos, vaciamos vasitos de agua fuera, nos movemos provocando pequeños tsunamis y nos bebemos parte del agua del baño (espuma incluida)? Porque eso, todo eso, es lo que hago yo cuando me baño. De modo que al final de la sesión de spa queda un culín de agua en mi bañera y muchos, muchos charcos a su alrededor. Yo creo que deberían incluir una fregona en los kits de baño para bebés. Es tremendamente útil.

