Ratoncillo de biblioteca
Como la mayoría de vosotros ya sabéis, ayer se celebró el día internacional del libro. Y mi pueblo, un pequeño puntito en el sur del mapa de España, aunque no es muy internacional que digamos, también quiso celebrarlo.
En mi guarde se organizó una feria del libro. Cuando los bebés nos enteramos nos pusimos todos muy nerviosos porque pensamos que habría carruseles y puestos de algodón dulce y palomitas entre otros. Lo que viene siendo una feria, vamos. Pero resultó que no, que esta era diferente y allí sólo había libros. Fui con mamá, y superada mi primera decepción, resultó que me gustó aquello. Tanto que compramos dos ejemplares. Uno para mí con páginas de cartón para que me resulte más difícil romperlo, y otro para ella. El de mamá se titula “Cuentos para dormir” y tiene un montón de cuentos que ella llama “clásicos”: El gato con botas, Pulgarcito, El patito feo… porque dice que su memoria ya le falla y tiene que recordarlos para luego contarme uno cada noche antes de dormir (esto me recuerda que Karina, la mamá de Àlex nos debe una versión especial de Caperucita Roja…).
Y por si esto fuera poco, recibí en casa esta invitación del Ayuntamiento para asistir a un acto en la Biblioteca en el que se nos entregaría nuestro carnet y un libro de regalo. Os podéis imaginar el alboroto que había en la sala, llena de un montón de niños de menos de dos años. Cualquiera escuchaba a la señorita Alcaldesa. Pobre, y eso que tenía mucha razón en decir que no hace falta que un bebé sepa leer para iniciarlo en el hábito de la lectura. Y que si nuestros papás lo hacen estarán ofreciéndonos un gran regalo para toda la vida. Qué bien habla la señorita alcaldesa de mi pueblo.
Antes de comenzar el acto, y para entretenerme un poco, papá se puso a hacerme gracia y me entró el ataque de risa…
… pero cuando me nombraron me puse muy serio y fui a recoger mi libro y mi carnet como todo un niño grande que soy:
El libro se titula “¡A comer!” y está muy chulo, es blandito, se puede chupar y a menos que tengas unas tijeras a mano es prácticamente irrompible. Es de una señora que lo mismo hace ropa (un tanto estrafalaria según mamá), cuadernos, colonia, platos, azulejos, y por lo que se ve, también libros. Qué señora tan polifacética.
En fin, que el día, el día del libro, fue de lo más entretenido. El año que viene… más!!!


