En pie de guerra
Ya lo advirtió mi amigo Iván en el comentario que dejó su mamá en el post de mi noveno cumplemés:
“Iván me cuenta que le digas a mamá que esté atenta, que se ve que este mes será un mes de cambios radicales…
Así que dile que al lorito…”
Es la ventaja que tiene tener amigos que van unos pasitos por delante de ti en este caminito de la vida. O como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por diablo. Ojo, que Iván para nada es ninguna de las dos cosas. En todo caso un pequeño diablillo…
Pero debe ser que así está estipulado en nuestro código genético, que cumples 9 meses y riiiiiiiiing, suena la alarma del desarrollo psicomotor. Mamá dice que es como cuando los hombres cumplen 40 y riiiiiiiiing, suena la alarma de una triste segunda juventud que nada tiene que ver con la primera. Bueno, no a todos los hombres les pasa. Afortunadamente.
A mi en realidad me faltaban aún algunas horas para el paso oficial del octavo al noveno mes, pero mi reloj interno debía estar adelantado unas horas porque el día 22 por la tarde, en mi alfombra, con papá y mamá mirándome expectantes, lo hice.
¡¡¡Me quedé de pie solito por primera vez!!!
Mis piernas ya no flaqueaban como gelatina. Aguantaban mi cuerpecito con seguridad mientras me apoyaba en mi súper mesa de aprendizaje bilingüe. No es que esté aprendiendo mucho, de momento, pero oye, es un estupendo apoyo porque está justo a mi altura.
¡Bien, bien! Gritaban mis papás… Y yo con cara de alucinado. Si se ponen así de contentos por 15 segundos sin caerme el día que me suelte a andar les va a dar un patatús.
Así que primer día, primer avance. Para que no digáis que no cumplo con mis obligaciones como bebé.
Y esto no ha hecho más que empezar.
Ya sabéis dónde os esperan más novedades, ¿no?
P.D. Gracias a tosdos por preocuparos por nuestra salud.
El virus intestinal finalmente lo desterramos de casa. Ahora me las estoy viendo con el respiratorio, que se ha buscado dos aliados fuertes: la tos y los mocos (para variar). Pero no me rendiré, ¡acabaré con él!

