Madrid
Sé que algunos de vosotros me habéis echado de menos, que os ha extrañado que desapareciera durante tantos días de este rinconcito de la red.
¿Se habrá quedado sin ordenador?
¿Le habrá abandonado la inspiración?
¿Estará de huelga de brazos caídos?
Negativo, negativo y negativo.
La razón que me ha tenido alejado estos días tiene nombre propio y da título a este post. Sí, a mis 10 meses de vida (¡por fin!) he hecho mi primer viaje allende Despeñaperros. No ha sido un viaje de placer propiamente dicho, aunque yo lo he disfrutado un montón. No hemos ido de tiendas, ni hemos visitado ningún museo, ni tan siquiera hemos ido al zoo. Digamos que más bien ha sido una visita “médica”. Pero tranquilos, que yo estoy bien, eh? Lo que pasa es que mi tita estaba un poquito malita y un médico con mascarilla y bisturí la curó. Le dieron muchos puntos, pero creo que no son de los que se canjean por regalos, así que no está muy contenta que digamos en ese sentido. Pero todo salió bien. Yo creo que fue porque mis dos primos y yo le llevamos mucha suerte y enormes dosis de energía (positiva) infantil. También llevamos el caos que normalmente nos acompaña a su casa, la cual sufrió sin nosotros quererlo algunos desperfectos. Nada grave. Unas manchas de cera roja en la tapicería azul, unos cristales llenitos de huellas de bebé (mea culpa), alguna planta mutilada… ya sabéis, cosas que pasan. Cosas de niños.
Madrid es una cuidad enorme. Bueno, la verdad es que allí todo es a lo grande: las calles, los edificios, las fuentes, los jardines, los centros comerciales… Yo creo que hasta mis bibis parecían más grandes, con eso os lo digo todo.
Hay mucha gente de muchos sitios diferentes. Un día vi un señor con un traje de colores muy llamativos y un gorrito en la cabeza. Mamá me explico que seguramente sería de algún país africano.
También hay mucho ruido. Aviones, sirenas de policía, bomberos, ambulancias, coches para arriba, autobuses para abajo… con la paz que se respira en mi pueblo.
Pero lo que me dejó más impresionado es la cantidad de parques infantiles que hay, oh, qué parques!!! Tenían césped, columpios para mayores, columpios para peques como yo, areneros… de todo!!! Sin duda el señor Gallardón mira más por sus chicos que la señorita alcaldesa de mi pueblo. Cuando ayer volví a mi trocito de juegos habitualmente superpoblado se me cayó el alma a los pies. Pero qué le vamos a hacer, es lo que tiene vivir en un sitio pequeño, que todo va en proporción.
Por lo demás, un montón de nuevas experiencias que, para que quedéis bien ilustrados, os resumo en unas cuantas fotos.
Este post está dedicado a Lola. Ponte buena pronto que quiero que me cojas en brazos (y mi mamá también).
Te queremos!!!















