¡che piacere!
Italia es un país con forma de bota que es conocido en el mundo mundial por tres razones fundamentales:
- Sus trajes y zapatos, siempre elegantes, perfectamente confeccionados, mimados al detalle y favoritos de las estrellas de Hollywood.
- La mafia, que no comento por si algún siciliano me lee.
- Su gastronomía, gracias a la cual hemos podido conocer imprescindibles de la cocina como la pasta, la pizza o el helado, il gelato.
Aún soy muy pequeñito para vestir de Armani, yo de Zara y mucho es. Y ya ni os cuento para introducirme en el mundo de la cosa nostra, Dios me libre. Pero a lo que no he podido resistirme es a saborear los deliciosos manjares que nos han regalado.
El sábado, y para sorpresa de mis papás, sucumbí a los encantos de la bella Italia (léase “bela”) y en apenas dos horas saboreé mi primer helado y mi primer trozo de pizza. Y digo sorpresa porque ya lo habían intentado con otros sabores: el pan, los yogures, el plátano… y no había manera. Pero oye, fue acercarme el helado a la boca, fresquito, dulce, tan goloso… que yo pedía y pedía más. Hasta acabé quitándole a mamá el cucurucho de la mano, ¡lo quería para mí solito! Y no fue cosa de un día no, que ayer por la tarde me compraron una tarrina y no había bebé en el parque, mudito y quietecito estaba mientras lo degustaba.
Y ahí no acabó la cosa porque un poquito más tarde en casa de mi abuelo mis primos pidieron pizza para cenar. Las hace un bar de mi pueblo que se llama “La Terraza”, aunque todo el mundo lo conoce como “Las Grecas” porque sus primeras dueñas eran dos hermanas que se parecían a un grupo español de los 70, Las Grecas. Y se quedó con ese nombre. Algún día os contaré la historia de cómo en mi pueblo le cambian el nombre a todos los establecimientos y para que sepáis que si queríes unos pasteles tenéis que ir al Malacara o si os apetece una copa podéis ir al Farfolla o al Patacabra.
Bueno, a lo que iba, que pedimos nuestras pizzas y yo que estaba sentado con mamá empezaba a impacientarme. Toma anda, entretente, me dijo, y me colocó un trozo en las manos. Mmmmmmm, ¡pero qué rico el tomate mami! Más, ¡dame más!!!
Como dice mi tita Lola, Agustín (el dueño actual de “Las Grecas”) estará contento: ¡conmigo tiene el negocio asegurado!


