Hágase la luz
… y la luz se hizo.
Pregunta: ¿Quién pronunció estas palabras?
a. Dios, harto de andar tropezándose con todo en el universo.
b. Edison, cuando inventó el filamento incandescente de las bombillas.
c. Leo, el día que descubrió el funcionamiento de los interruptores.
Evidentemente la respuesta correcta es la c. Ya sabía yo que lo habíais adivinado.
Estos días ando estudiando la relación causa-efecto. Bueno, en realidad me estoy doctorando, porque lo que es la teoría ya me la sé al dedillo desde hace bastante tiempo. Algunos ejemplos:
- Cuando me ponen el babero, voy a comer.
- Cuando me ponen colonia, voy a salir de paseo.
- Cuando veo en la tele el logo del DVD, voy a ver el Baby Einstein.
- Cuando lloro, sé que mis papás enseguida vienen a ver qué me pasa.
Algunas personas dicen que los bebés somos muy listos, y aplican el adjetivo tal cual para los tres primeros ejemplos. Pero para el último le añaden una alta dosis de sarcasmo: pero qué “listos” son. Y lo dicen como si lloráramos para fastidiar al personal. En fin, no voy a entrar en esta polémica porque entonces me pongo de mal humor y no es mi objetivo.
Porque la finalidad de este post es informaros a todos de mi nuevo descubrimiento: si le doy a un interruptor se enciende una luz. Asombroso pero cierto. Ya había visto el interruptor antes. Cansado estaba de mirar la luz. Pero hasta hace poco no he sido consciente de la relación existente entre ambos. Estoy alucinado. Tanto que me puedo pasar un buen rato apagando y encendiéndola con mis deditos. Obviamente hay unos interruptores más fáciles que otros. Curiosamente los más antiguos son los que ofrecen menor resistencia porque son más pequeñitos. Los modernos son demasiado grandes y duros.
Mi mamá dice que esta pasión por los circuitos debo de llevarla en los genes. Me ha contado que mi tatarabuelo fue el primer electricista de mi pueblo y gracias a él la luz llegó a las calles de esta villa, lo cual conmemora esta placa . Le siguió mi bisabuelo, que se libró de ir a la Guerra Civil porque también era el único electricista de los alrededores (además de un manitas con la sierra de calar). Su hijo, el tío de mamá, también siguió con la profesión. En la cuarta generación no hay ninguno, aunque a mi tito Alfonso se le dan muy bien los cables, sobre todo los que acaban en un disco duro o en una memoria RAM. Quién sabe si en un futuro yo también me dedique a esto. No sé, me lo voy a pensar con cara de bebé pensativo…

