Ahora sí
Cerramos los paraguas y guardamos los abrigos.
Decimos adiós a la chimenea, a los días grises.
Porque tras varios intentos frustrados el buen tiempo (parece que) ha llegado… ¡para quedarse!
Los únicos que parecen no haberse percatado de ello son mis omnipresentes mocos, pero bueno, espero que no tarden mucho en huir a climas más fresquitos donde sin duda encontrarán el hábitat perfecto para fastidiar a otro lindo pipiolo.
En casa hay mucho ajetreo estos días. Mamá dice que lo único malo de esta época del año es que tiene que remover los armarios para guardar toooooda la ropa de invierno y sacar toooooda la de verano. El cambio de ropa creo que lo llama. Eso pasa porque vivimos en una casa con los armarios justos, por eso dice que los ricos de enormes casas seguro que no tienen que hacer lo mismo. Es más, mi mamá afirma que ellos no guardan la ropa de una temporada para la siguiente, que todos los años renuevan su fondo de armario. Eso nos pasa también a los bebés, que como la ropa de un año para otro no nos queda siempre andamos estrenando. Luego querrán que no me dé aires de rico…
Papá ha estado preparando la terraza, limpiando, pintando, plantando florecitas que yo me empeño en arrancar… Ha puesto una mesa y sillas para que podamos salirnos a cenar y tomar el fresquito. Porque de eso sí que me acuerdo, ya que yo nací en pleno verano: aquí hace mucho, mucho, pero que mucho calor.
Menos mal que entre las nuevas adquisiciones está una piscinita que estoy deseando estrenar. Estrenar con agua, quiero decir, porque en secano ya la he probado y así la verdad es que no termino yo de cogerle el punto.
Así que amigos, ¡ya queda menos para andar todo el día en pañal luciendo cuerpazo!

