Calle Nueva
La calle Nueva es una de las más importantes y transitadas de mi pueblo. Es la “Gran Vía” de la Torre. En ella se encuentra el mercado, correos, varios bancos y un montón de establecimientos comerciales, entre ellos tres tiendas tres de todo a 100. A 100 qué, le pregunté yo a mamá? A 100 pesetas hijo. Y suspiró. Suspiró porque dice que yo no he conocido la peseta, que por lo visto era la moneda que había aquí hasta que nos juntamos con unos cuantos primos europeos y el euro pasó a ser la moneda oficial. Desde entonces todo va mal, dice. A veces habla como si tuviera 60 años mi madre… Pues esas tiendas conservan el nombre simbólico, aunque ahora en realidad son de (casi) todo a 1 euro. Ya veis, lo del cambio fue un negocio redondo. Una idea brillante.
Y otro de ideas geniales fue que el le puso el nombre a la calle, que desde luego se lució. Porque vamos, digo yo que sería “nueva” hará como tres o cuatro siglos, cuando se construyeron las primeras casas que conformarían la calle. Pero al segundo día de eso de nueva ya tenía poco (y más entonces, con cacas de caballo y ausencia de saneamiento…). Ahora podríamos llamarla “re-nueva” porque hace unos años la arreglaron con nuevos acerados, nuevo pavimento, unos banquitos para que descansen los peatones de mayor edad, unos macetones con arbolitos que tardaron en secarse cero coma dos… y unos bolardos, que son unos palos metálicos que por lo visto se ponen para evitar que los vehículos de cuatro ruedas aparquen interrumpiendo el tráfico. Esta definición no incluye a los carritos de bebé, por supuesto.
Con mi carrito precisamente es como paso yo cada mañana por la calle Nueva para ir a la guarde. Y para volver de ella. Y cuando por la tarde salgo a pasear o comprar con mamá, también. Y cada vez que nos acercamos y distingo esos palos metálicos a lo lejos… uf, ya me entra el nervio. TODOS, absolutamente TODOS los tengo que tocar. Extiendo mi manita y voy contando mentalmente: uno, dos, tres… nueve… dieciséis… Mis papás ya se lo toman con filosofía y ralentizan la conducción de mi carrito para que yo pueda cumplir mi misión. Mamá más de una vez se ha comido un bolardo o una farola por acercarme tanto (mamá que te quito el carnet…) y yo casi que me quedo sin brazo. Que no os lo creéis? Pues dentro vídeo.
