Vuela, vuela, pajarito
Van por el cielo. Deprisa deprisa mueven sus alas. A veces planean y se dejan llevar por las corrientes de aire… o por mi vieja amiga la gravedad. Yo he intentado alzar el vuelo moviendo así de deprisa mis rechonchos bracitos, pero no ha habido manera.
Sólo ellos pueden.
Sólo ellos saben…
volar.
Hace un par de semanas los descubrí. Pajaritos que revolotean en el cielo con un sonido inconfundible: pío, pío, pío, que con cada atardecer salen de sus nidos y van en busca de alimento para sus polluelos. Me encanta observarlos, seguir su vuelo con la mirada. No sé ubicar demasiado bien mis orejas, o mi boca, pero si me preguntas dónde están los pipis allá que levanto mi cabecita a buscarlos, momento que por otra parte mi mamá aprovecha para quitarme la pelusilla de los pliegues del cuello. Sí, sí, pelusilla. En el cuello. No me digáis que soy el único al que le pasa porque no me lo creo.
Pues ahí están mis amigos los pajaritos, vuela que te vuela en el cielo azul. La verdad es que últimamente estoy descubriendo un montón de cosas que me tienen fascinado y que son capaces de centrar mi atención durante por lo menos un minuto. Y eso para un bebé inquieto como yo ya es mucho.
Me obsesionan las luces, pero bueno eso ya os lo conté aquí. Desde entonces he perfeccionado mucho la técnica del encendido-apagado. Soy un monstruo, un monstruo iluminado, claro. Pero hay otras que no consigo entender demasiado y cuyo funcionamiento aún desconozco. Son las luces de los coches. Veo uno y allá que voy a buscar las luces. Esas blancas están bien pero cuando las naranjitas comienzan a parpadear… wow, qué chulada!!! Hasta tenso y todo me pongo del nervio que me entra. Cada día acompaño a mamá a encerrar su coche en la cochera con mi abuelo o mi papá y cada día es la misma rutina. Lo guarda y le da a todas las luces. Qué momento.
También me entretengo un buen rato si echo mano a un zapato con velcro. Abrir, cerrar. Abrir, cerrar. Y cada vez que abro ese ruidito característico. Es muy divertido. O viendo jugar a los niños mayores a la pelota, aunque mamá no me deja acercarme mucho porque dice que son unos cafrecillos y no tienen cuidado con los bebés que estamos alrededor. Y es que más de un día hemos estado a punto de ser víctimas de un pelotazo. Qué poco civismo tienen algunos.
Pero lo que se lleva la palma del entretenimiento, con lo que me puedo pasar media hora tranquilamente sin enterarme es con una botella de agua. Así de simple. He jugado con garrafas de y con botellas grandes, aunque mis favoritas son las pequeñas, las que uso yo para beber vamos. Cada vez que salimos de paseo mamá hace repaso mental. A ver, llevamos pañales, toallitas, chupetes, ropa limpia… está todo. ¿Todo? No, falta la botella de agua!!! Uf, menos mal que se ha acordado…
Ya veis, un post más, una muestra más, de que un bebé no necesita grandes cosas para entretenerse. Bastan unos pájaros, unas luces, unos zapatos, un balón o una botella. Y luego dicen que los bebés salimos caros…

