Summertime
Llegó. De la noche a la mañana, como casi siempre sucede por aquí.
¡¡¡Verano!!!
Aunque aún falten unos días para su entrada oficial como estación las chicharras ya dan fe de las altas temperaturas que estamos padeciendo aquí en mitad del secano de Jaén. Qué digo altas, altísimas.
Madre mía, yo ya no me acordaba de esto: dormirme y sudar como un pollico, salir a la calle y sudar como un pollico. Respirar y sudar como un pollico. Yo que en diez meses de vida no había probado el agua y ahora me bebo las botellitas que da miedo (luego juego con ellas, claro). Y es que o lo hago así o me deshidrato. No bromeo,
Lo bueno es que ya no tenemos que andar con la ropa en plan cebolla. Ahora el modelo básico es el más fresquito que hay, el pañal. Y porque aún no puedo quitármelo y andar por ahí como Dios me trajo al mundo. Especifico, como Beatriz me trajo al mundo. No le vamos ahora a quitar mérito a la muchacha tan bien que lo hizo aquella calurosa tarde de julio, faltaría más.
Ahora podemos estar en la calle hasta bien tarde. Especifico otra vez. Ahora SÓLO se puede estar en la calle cuando es bien tarde. Es otra de las cosas del verano, la gente se vuelve noctámbula. Porque se dedican a comer helados y granizadas y no a chupar sangre que sino me preocuparía… uy, qué miedito.
Ya sabéis que yo soy un bebé muy observador. Pues bien, desde hace tiempo me he fijado en que la gente suspiraba porque el frío acabara. A ver si llega ya el verano, decían. Pues ahora que ha llegado todo el mundo se queja, ay madre mía qué calor, dicen. Yo no me lo explico, ¿es que la gente no está contenta con nada? Hombre, está claro que lo suyo es un clima como el de las Canarias, templadito todo el año, pero como todo no se puede tener habrá que conformarse con lo que uno tiene. Y si a uno le ha tocado nacer entre olivares y chicharras, pues se acostumbra y punto. Afortunadamente nos echan una manita el aire acondicionado y… ¡la piscina! Que sí, ¡que ya me la han llenado de agua! Llenado y rellenado, he de confesar, porque de tanto moverme no hacía más que echar agua fuera. Ahora boca arriba, luego boca abajo, que si me siento y cojo las estrellitas, que si me hago unos largos… lo que pude disfrutar. Y mientras mis papás pasando envidia porque ellos son muy grandes y no caben. Ah, se siente. Vosotros a grabar y a echar fotos que es lo vuestro. Y a rellenarme la piscina otra vez, venga. Que yo ecológico ya sabéis que soy pero cuando se trata de refrescarme me vuelvo un derrochón. Pero entendedlo y apiadaos de mí, por favor, ¡es que hace mucho calor!
P.D. Quien piense que el verano y los mocos son incompatibles, está muy equivocado
