Leo melenas
Espero que mi tito Alfonso no se moleste porque le haya tomado prestado su apodo de la infancia, cuando familiarmente era conocido como “Alfonso melenas, el terror de las nenas”. Y todo gracias a su encanto, ingenio y una preciosa cabellera negra. Lo primero me lo creo, pero lo de la cabellera… pruebas, necesito pruebas. Porque yo desde que lo conozco pelo lo que se dice mucho pelo no le he visto en la cabeza. Más bien tiene un look pelón, como el mío.
¿Como el mío?
Perdón, quería decir como el mío… antes!!! Porque aunque en las preciosas fotos que os pongo no se aprecie ya tengo un montón de pelo. Lo que pasa es que es muy fino y clarito, por eso no se nota mucho. Pero pelo es, os lo digo yo. ¿Y de donde ha salido? Os preguntaréis. Muy fácil. Esta es mi teoría.
El pelo es como la energía, que es constante en el universo: no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Muchos bebés nacemos pelones, pero evidentemente así no nos podemos quedar toda la vida. Sobre todo si eres niña y tu mamá no hace más que comparte accesorios para el pelo de la infinidad de accesorios para el pelo que hay hoy en día para las niñas. Dónde los iba a poner si no.
Pero para que a nosotros nos crezca la cabellera a otros se les tiene que despoblar. Y recalco lo de otros, en masculino. Es ese momento crítico de la edad adulta (al que yo desgraciadamente seguro llegaré) en que comienzas a quedarte calvo y buscas remedio en implantes a lo José Bono, peluquines de dudoso gusto y sprays camufladores. Aunque en realidad sólo haya una solución que frena la caída del cabello, el suelo (chiste de mi papá). Resignación, eso es lo más eficaz y barato en estos casos. Así que mientras unos lloran por su melena perdida otros, los bebés, reimos felices de ver poblarse nuestra cabecita.
Y así queda demostrada mi teoría de la conservación de pelo en el universo.
Volviendo al tema de los accesorios de pelo. Yo sé que mi mamá quería que yo fuera una niña, más que nada porque ellas son mucho más fashion que nosotros. A ellas las puedes vestir con trajecitos de flores, ponerle pincitas y lazos, medias de colores… La ropa de niño es mucho más aburrida, cuando no les da por hacer pantalones de camuflaje de la talla 12. Vamos a ver, señores de la industria de la moda, que somos bebés, que vale que la guardería es un poco una jungla pero de ahí a ir vestidos como Rambo… Así que mami desesperada opta por pantalones monocolor y camisetas lo menos gamberras posible. Dice que ya tendré tiempo de ir hecho un desastre cuando tenga la edad del pavo. La verdad es que a pesar de todo suelo ir vestido bastante moderno, incluso voy enseñando el pañal por encima del pantalón. Bueno, mis pañales son Dodot, no de Calvin Klein, pero lo que faltaba, que con el ritmo con que los gasto encima fueran de marca. Salvo por ese tema de la ropa ahora se alegra de que no fuera una niña porque piensa en cómo lo haría todos los días para peinarme yo que no me estoy quieto ni debajo del agua. Sería misión imposible y siempre iría con pelo de loca.
Así que mejor así, niño y pelón. Ah no, me olvidaba otra vez, pelón ya… no!!!
Nota para la tripulación de “La Perla Negra”: id buscando otra forma de llamar al ex-peloncete

