Leo y Luca en nunca jamás

julio de 2009

Mi cumple: la macrofiesta

29 de julio de 2009 en La vida de Leo

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas.

Dicen, dicen… Seguro que el que hizo esa afirmación nunca tuvo una segunda fiesta de cumpleaños tan chula como la mía.

Ya sabéis que yo estaba al tanto de la sorpresa que me estaban preparando mis papás. Bueno, sabía que habría una fiesta, pero poco más. El secretismo de toda la semana unido a mis ganas de pasármelo bien me tenían hecho un manojo de nervios. Mi abuelo y mi papá andaban todo el día brocha para arriba brocha para abajo con manchitas de pintura blanca hasta en las orejas. Mi mamá, más artística, se pasaba las tardes con las manos llenas de cera de colores. Y mi tita Teresa vivía literalmente rodeada de toneladas de azúcar. ¿Qué estarían planeando? Afortunadamente conseguí colar en toda esta trama a dos infiltrados de pequeña estatura y menor sentido de la confidencialidad que me iban dando algún que otro chivatazo, mis primos Miguel y Alejandro. Aunque por mucho que se hubieran esforzado en darme detalles de lo que allí se estaba cociendo, cosa que seguro hubieran hecho a la perfección dado su extenso vocabulario a pesar de su corta edad, no lo hubiera logrado entender hasta que mis ojitos no lo hubieran visto.

Primero estaba el patio de la casa del abuelo, que había recuperado su viejo esplendor y se encontraba blanco inmaculado. El propio abuelo y papá se habían encargado de que el escenario de la fiesta estuviera en las mejores condiciones. Trabajaron mucho durante toda la semana y al final el resultado mereció la pena, más aún cuando llegó el equipo de decoración, capitaneado por mi mamá y la tita Lola, experta en estos menesteres. También contaron con la des-ayuda de Alejandro, que no paraba de decir, oh, oh, tenemos un problema… pero que al final puso su granito de arena haciendo lo que mejor sabe hacer, entretener al personal con sus ocurrencias. Colocaron unas guirnaldas de colores, unos globos y… un enorme dibujo del Baby Einstein!!! Eso era lo que hacía mamá por las tardes, pintar y pintar. Y allí estaban mis personajes favoritos: el león de melena de colores, el dragón de la lengua de trapo, la tortuga de las burbujitas, la mariquita cuentanúmeros… Los veía y no podía crérmelo, si eran casi tan grandes como yo!!!

Dibujo Baby Einstein

Luego mamá colocó estratégicamente un rinconcito de juegos para que los más peques de la fiesta no nos aburriéramos y ya de paso dejáramos a los mayores comer y beber. Allí estaban mi arenero (rectifico, es una tortuga, no una rana), el tobogán, el balancín, el parque y hasta mi superpiscina de estrellitas, eso sí, sin agua.

Zona de juegos

La verdad es que todos mis amigos, primos y primos que no son tan primos nos lo pasamos pipa con los juguetes. Como ya os comenté en el post anterior el arenero en lugar de arena tenía bolas, pero aún así fue muy divertido, aunque mi cara en la siguiente foto no lo refleje. Pero es que mis odiados mocos,  esos fieles “compañeros” que tan cerca de mí han estado este primer año de mi vida tampoco quisieron perderse tan magno acontecimiento. Menudo catarro me cogí.

Leo y su arenero de bolas

Suerte que la compañía de los amigos y de la familia ayudaron a sobrellevarlo. Yo fui de brazo en brazo, contento y feliz recibiendo el cariño de tantos invitados. Hasta on line los tuvimos. Desde Barcelona y vía webcam, mis titos Alfonso y Ana también compartieron conmigo este día tan importante. Lástima que no pudieran probar también la paletilla ibérica que tanto éxito tuvo… ni la tarta!!! Porque tenemos el escenario, la decoración, los invitados y los regalos. Pero… falta la tarta!!!

He aquí, junto a mí, la gran protagonista de la fiesta:

Tarta

Ccomprenderéis que merecería un post aparte, por su espectacularidad, originalidad y laboriosidad, pero bueno, como era parte de la fiesta, lo incluyo aquí. Fue un regalo de mi tita Teresa, que dice que aunque quisiera no podría pagarle lo que le costó hacerla: tiempo, calentamientos de cabeza y, como no, pasta gansa. Bueno, ella dice que ya tendré tiempo de hacerle muuuuuuuuuuchos recados ;) . Cuando la vimos mi mamá y yo casi nos da un soponcio de la impresión. Primero mis amigos del Baby Einstein en un cartel… y ahora en mi tarta, increible. Y lo mejor es que todo, absolutamente todo lo que veis se podía comer.  Fue un regalo único y desde aquí públicamente quiero dar las gracias a mi tita por el esfuerzo y las ganas que le puso a semejante obra de arte:

Lástima que mis primos de Algeciras no hayan podido probarla (gracias por la foto!).

Y como fin de fiesta una piñata que yo no abrí porque mamá hizo que agarrara el lazo equivocado. Pero para eso estaba nuevamente el desayudante Alejandro, que tiró del lazo que la abría y provocó la locura en todos los niños.

Agotado pero feliz, después de esto di por concluida mi presencia en la fiesta. Necesitaba descansar y asimilar todas las emociones vividas.

Y soñar. Soñar con que todos mis cumpleaños sean tan especiales como el primero. Que pensáis, ¿creeis que lo conseguiré?

Primer cumpleaños

Mi cumple: la minifiesta

27 de julio de 2009 en La vida de Leo

Todo llega. Y todo pasa.

Y a veces pasa tan deprisa que ni nos damos cuenta. Mamá dice que suele pasar en los momentos importantes de la vida, esos que llevas esperando mucho tiempo, que cuando por fin llegan, los nervios, la emoción, las sorpresas, las risas o las lágrimas hacen que el tiempo vuele y cuando quieres darte cuenta, todo ha pasado.

Algo así ha ocurrido con mi cumple. Resulta que la cuenta atrás no era tan interminable como parecía y el día llegó. Y fue tan intenso y lo disfruté tanto que me supo a poco. ¿Por qué no será al revés? ¿Por qué los momentos buenos no duran una eternidad y los malos apenas unos segundos? Ay, menos mal que me quedan un montón de recuerdos almacenados en mi cabecita que, para no perder la costumbre ahora que tengo un año (y cuatro días), voy a plasmar en este blog para la posteridad. Y para cuando sea grande y las neuronas empiecen a fallarme, también.

El día empezó con un poco de sueño, pero con las risas y juegos habituales con papá, que tuvo la suerte de ser el primero en felicitarme despierto (mamá lo hizo a las 00:00, pero yo dormía a pierna suelta y ni me enteré).

Primera foto dia 23

Después a la guarde. No sé si os lo he dicho alguna vez, pero yo soy el niño más pequeño de toda la guardería, normal que me tengan mimado. Pero el día de mi cumple, más todavía. Comprendí lo importante que es para un niño el día de su aniversario, porque es el protagonista, porque todo el mundo quiere besarlo, abrazarlo, cantarle cumpleaños feliz… Mamá me preparó un regalito para llevar a mis compis de clase, a mi seño y a la dire. Todos los niños llevan chuches, pero a mi mamá siempre le ha gustado ser diferente y me preparó otra cosita. Así que tuneó una de las miles de fotos mías que tiene y la colocó sobre una pinza con forma de vaquita. Luego lo envolvió en un papel violeta y le puso unas estrellitas. Creo que mis compis hubieran preferido las chuches pero a mi seño y a la dire les emocionó mucho más la foto que además, ni caduca ni se pone rancio como los gusanitos que nos suelen dar. Es un recuerdo para toda la vida.

Ya en casa papá me dio su regalo. Creo que por fin ha entrado en razón y se ha dado cuenta de lo difícil que lo voy a tener para ser piloto de motos, más aún cuando ya he descubierto la pasión por el balón como ya comenté en este post. Así que para ir tomando conciencia de mi futuro como galáctico, me regaló una miniequipación del Real Madrid con mi nombre y el número 23 a la espalda. Sobra decir que yo lo luzco muchísimo mejor que David Beckham, dónde va a parar.

Pequeno galáctico

No os podéis imaginar la cara que puso mi mamá al entrar por la puerta, no sabía si llorar de la emoción de ver a su retoño el día de su cumple o reírse al verme todo de blanco. Al final opto por comerme a besos. Debo ser delicioso. Claro que, para cara la que puso mi abuelo, que es más del Barça que Joan Gamper, cuando aparecí por su casa vestido del eterno rival. Si le clavo un puñal por la espalda no creo que le duela tanto.

Después de mi siesta vespertina para recuperar fuerzas, más felicitaciones, más besos, más regalos. Mis primos Miguel y Alejandro y mis titas Lola y Teresa me regalaron un arenero superchulo con forma de rana que a falta de arena llenamos de bolas el día de la fiesta oficial. También me regalaron un balancín que creo tardaré un poco en poder dominar. Luego las primas de mamá y sus hijos, mis primos menos primos pero primos al fin y al cabo, me trajeron un correpasillos de Pigy que tiene un claxon en el volante con el que me parto de la risa. Y mamá, mi mami, me regaló un tobogán. No es tan grande como el del parque, pero al menos en este no tengo que hacer cola para montarme. Ni me da calambre, que en el otro hasta los pelos se me ponen de punta cuando lo toco (prometo foto).

Luego con mis primos más primos, mis titas y mis papás… soplé mi primera vela!!! Bueno, soplar, soplar, lo que se dice soplar, no soplé mucho, por no decir que no soplé nada, pero concentrarme sí que me concentré. Bueno (otro bueno) más que concentrarme lo que estaba era un poco impresionado. Y es que la situación no era para menos: yo, sentado en mi trona, vestido del Madrid, con un gorro incomodísimo de león en la cabeza, una tarta apetitosa delante de mí que no me dejaban coger y un montón de gente cantándome y haciendo palmas. Extraño, ¿no creéis?

La tarta

Así que estaba un poco a la expectativa de lo que sucedía. Cuando vi que me quitaban el gorrito y que podía comerme la tarta comprendí que aquello, aunque en petit comité, era una fiesta!!!

Y para completar un día fantástico, un último y delicioso regalo: helado de chocolate!!!

Helado de chocolate

Jo, como todos los cumpleaños sean tan divertidos como este… creo que nunca me cansaré de cumplir años!!!

Próximo post, Mi cumple: la macrofiesta

P.D. Gracias a TODOS los que me felicitásteis el día 23 (y a las dos retrasadas del 24, también). Me siento muy orgulloso y feliz de que haya tantas personas alrededor del mundo que me quieren. Un millón de besos (a repartir) para todos.

Un año

23 de julio de 2009 en La vida de Leo

Hoy cumplo un añito, el primero de mi vida, el más importante.

Han sido 365 días de incontables cambios, avances, descubrimientos, sorpresas… Un año en el que el bebé indefenso ha dado paso al niño resuelto que soy hoy en día.

Atrás quedó ese diminuto cachorrito que se pasó las primeras dos semanas de vida durmiendo pacíficamente, casi siempre en brazos de mamá, su compañera inseparable de viaje durante nueve largos meses. El bebé que se alimentaba de ella cada hora, cada dos horas, cada tres con suerte o que en su primer mes ya esbozó esa sonrisa arrebatadora que derrite a sus papás. Ya no está el bebé que logró el control de su cabecita, que aprendió a darse la vuelta, que se tambaleaba cada vez que lo sentaban pero que finalmente consiguió mantenerse por sí mismo. Se marchó el chiquitín que descubrió el Baby Einstein desde su hamaquita, aquella que ensuciaba cada vez que comía porque estaba aprendiendo a hacerlo con cuchara. Adiós al bebé que paseaba en el huevito, que no tenía pelo, que dormía sobre el pecho de mamá oyendo el latido de su corazón, que se arrastraba por el suelo, que titubeaba al intentar ponerse de pie…

Ese bebé ha crecido y ha disfrutado de la experiencia más increíblemente bella y única que pueda existir, descubrir el mundo, aprender a vivir.

Ese bebé soy yo, Leo, ya todos me conocéis. Habéis compartido conmigo este primer año de mi vida y habéis visto cómo me convertía en lo que ahora soy, un niño risueño y feliz, cariñoso pero con mucho carácter, observador, meticuloso, simpático, alegre, inquieto y gordito. Un niño que hoy, 23 de julio de 2009, cumple su primer año de vida.

Bueno, y después de la parte sensiblona y nostálgica vamos a lo realmente importante: ¡¡¡ la diversión !!!

Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, es mi cumpleeeeeeeeeeeeeeee!!! Bieeeeeeeeeeeeeeeen, bravoooooooooooo, que ya tengo un añoooooooooooooo!!!

Yihaaaaaaaaaaaaaaaaaa, fiesta, fiestaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Cumpleaños feliz,
cumpleaños feliz,
me deseo a mi mismo,
cumpleaños feliiiiiiiiiiiiiiiiiiiz

Hip, hip, hurra. Hip, hip, hurra!!!

Porque soy un chico excelente,
porque soy un chico excelente,
porque soy un chico excelenteeeeeeeeeeeeee,
y siempre lo seré!!!

Qué contento estoy. Y más que voy a estar porque mis papás preparan una super-mega-fiesta para celebrar mi cumpleaños en la que prometen muchas sorpresas. Uf, ya estoy de los nervios sólo de pensarlo. Vendrá un montón de gente y seguro que me traen muchos regalos. Yo me muero por juguetes nuevos, que los míos ya los tengo muy vistos, aunque si no traen nada (o lo que es peor, si traen ropa) no me enfadaré, que no quiero estropear un día tan especial con llantos. Prometo haceros una crónica completa próximamente, porque la fiesta será el sábado. Y hasta entonces, dejadme disfrutar de mi nuevo estatus, el de un niño de un año!!!

Recién nacido

1 año

a-brazos

20 de julio de 2009 en La vida de Leo

Hoy me he levantado en plan reivindicativo, guerrillero, luchador. Hoy voy a defender mis intereses porque sí, porque me llamo Leo. ¿Y qué intereses puede tener un niño de UN año menos DOS días? Uy, pues un montón.

Podría reclamar un arenero en el parque al que voy cada tarde con mis papás, o que los niños grandes no se adueñen del tobogán y dejen a los más pequeños deslizarse por la trompa de elefante. Podría exigir que las vacaciones de los papás duren lo mismo que las nuestras para que podamos disfrutarlas juntas y que nuestro tiempo de descanso no se convierta en un problema para ellos. Podría pedir que los mocos alguna vez me den una tregua y se vayan rumbo al desierto del Gobi.

Pero todo esto lo dejaremos para otro día porque hoy lo que quiero reivindicar es otra cosa. Me dio la idea nuestra amiga Lu, la mamá de las chancletas. Mamá dice que Lu es una chica muy coherente, aunque yo al principio lo dudaba. Y quien no al saber que cría a dos pares de zapatos, de verano, pero zapatos al fin y al cabo. Claro, lo que yo no sabía era que el castellano es una lengua muy rica y una misma palabra puede tener varios significados. Ahora sí, que las chancletas son sus hijas…

Pues Lu publicó este post sobre una forma tradicional de llevar a los niños a cuestas y me dije a mí mismo, oye, esto me interesa, yo soy un experto en lo de ir colgado de mamá, así que voy a difundir el mensaje por el ciberespacio y por extensión por el mundo mundial para que lo que siempre ha sido lo normal no se convierta como lo está haciendo en lo anormal. Recuerdo cuando yo era un bebé chiquitito, que casi siempre estaba en brazos de mi mamá. Un día una señora en mitad de la calle le echó un sermón porque yo me había puesto a llorar en mi carrito y ella me cogió con un brazo y siguió su camino empujando con la mano libre el vehículo maldito. “Pero bueno - decía - vas a acostumbrar al niño a los brazos y luego verás, déjalo ahí mujer, que llore un poco”. Valiente caca de señora, con perdón. De modo que nos tiramos nueve meses pegaditos a ellas, alimentándonos de ellas, oyendo su corazón… y ahora de la noche a la mañana quieren que seamos independientes, pues sí hombre, lo que faltaba. Yo he sido, soy y seguramente hasta que me arranque a andar seré muy pero que muy bracero. Y yo me pregunto, ¿cuál es el problema? Porque sin duda tiene que haber un problema cuando hay tanta gente que me lo dice como si fuera un reproche. Aunque yo sinceramente no encuentro ninguno, al menos para mí. Entiendo que a mis papás les duela la espalda, o no tengan tanto tiempo para ellos, pero a ver, eso forma parte de ser padre. Además, yo sé que en el fondo lo hacen con gusto y que antes que quieran darse cuenta estarán echando de menos a ese bebé que les extendía los brazitos para que lo cogieran y lo llevaran a descubrir el mundo. Pero puestos a buscar un problema, sí, habrá un problema. Y vendrá si algún día tengo un hermanito, porque ya se sabe que no se debe desvestir a un santo para vestir a otro y él o ella no tendrá la misma suerte que yo he tenido de poder contar con dos pares de brazos full time.

Así que si hay que ir s San Fernando, me apunto, iremos un ratito a pie, otro caminando y otro… ¡en brazos!

a-brazos

Sayonara, Rambo

15 de julio de 2009 en La vida de Leo

Creo que estoy confundiendo dos musculitos de ficción, pero es que como mis papás aún no me dejan ver pelis de acción o de guerra ando un poco liado con los personajes. Yo mi Baby Einstein, mi Pocoyó y mi Bunnytown, dulces dibujitos para educar mi personalidad audiovisual en la paz y la tolerancia. Veremos a ver cuánto me dura…

¿Os acordáis de este post en el que os anunciaba mis progresos con el gateo? Bueno, más que mis progresos eran mis comienzos. Pues justo han pasado dos meses desde que empecé a arrastrarme en plan comando, como Rambo en sus incursiones en la selva. Me ha costado, porque al final le cogí el gusto y el truco a eso de ir reptando, que llegaba rápida y fácilmente a los rincones más recónditos, pero por fin he conseguido levantar mi barrigota del suelo, desarrollar la fuerza necesaria y ponerme a cuatro patas para gatear como establecen los libros. Mamá está encantada porque:

1. Dice que así potencio una cosa rara que ella llama mi psicomotricidad fina y desarrollo mi cerebro aumentando el número de conexiones neuronales, la visión, la tactilidad, el equilibrio o la orientación. Qué lista es mi mami.

2. No ensucio tanta ropa, que el polvo es como Dios, aunque no lo veas está en todas partes, y de tanto arrastrarme ahí se iba pegando en mis camisetas y luego no había manera de quitarlo. Ahora me ensucio las manos y las rodillas y eso con un agüita rápidamente se va.

Pero eso no es todo. Cuando me canso de gatear, lo cual ocurre bastante a menudo, y encuentro un punto de apoyo más o menos estable allá que voy y me pongo de pie. Yyyyyyyyy, ¡¡¡ando yo solito!!! Agarradido a un mueble, a una silla, al sofá, a lo que sea que me sirva me agarro y comienzo a desplazarme. De momento lo hago despacito, algo inseguro aún, pero es que entended que no es fácil para mí. Aunque más de un día he sorprendido a mis papás con esta destreza y me he plantado en cualquier sitio de la casa en un periquete. Cualquier día de estos les voy a dar un buen susto escondiéndome detrás de alguna puerta, je, je, je.

Mensaje para mis papás: Queridos papás. Dos puntos. Ahora sí llegó el momento de blindar la casa a prueba de bebés. Enchufes, objetos decorativos, productos de limpieza, plantas… ya podéis ir poniendo todo fuera del alcance de mis aún rollizas manitas porque llegó el Destroyer.

Sayonara, Rambo.

Hello, Destroyer.

El vídeo es de andar por casa… nunca mejor dicho. Después de esta sesión de gateo me bañé y me puse así de guapo.

Guapo

Codificado y picadillo

12 de julio de 2009 en La vida de Leo

Vaya título raro.

Pero es que tengo un par de cosillas que contar que no dan para dos post, igual que mi tiempo, así que he decidido unirlas en uno sólo. Que para eso este es mi blog, para hacer lo que yo quiera.

Empiezo por el codificado. Así es como últimamente mis papás me ponen a ver la tele. Se ve que ellos están traumados con su experiencia de adolescencia con el Canal+, que justo codificaba su emisión cuando ponían las pelis chulas de estreno, que han decidido que yo también debo experimentar lo que es la frustración para quién sabe qué. Bueno, la verdad es que no es culpa suya del todo. Resulta que ellos me ponen en el parque, también llamado la cárcel infantil, porque ahí te condenan y no puedes salir hasta que ellos (los carceleros) lo decidan, a ver la tele cuando tienen algo urgente que hacer, como desayunar, comer o cenar. A cualquier cosa llaman urgencia estos adultos. Pues ahí me colocan para no tener que salir corriendo cada dos por tres con el bocado en la boca a ver qué trastada he hecho. Me ponen mi Baby Einstein y yo tan contento de pie, agarrado al filito. Pero a veces la comida se alarga y yo, que recordemos tengo unas piernas rollizas pero no musculadas, me canso y me siento. Y sigo viendo la tele a través de la rejilla del parque, o lo que es lo mismo, codificada. Mi mamá no se explica cómo puedo hacerlo sin marearme, cómo puedo tener esa visión pixelada y aún así seguir riéndome con las marionetas. Lo que ella no sabe es que como ya me sé de memoria los capítulos sólo con escuchar a la marioneta ya sé lo que va a pasar. Y me troncho al recordarlo.

Codificada

Nota: No le he podido quitar los ojos rojos, con tanto píxel…

Y sigo con el picadillo. Entre todos los retos que mis papás se han puesto para mí está el de introducirme nuevos alimentos. Como si yo les diera problemas para comer y tuvieran que buscar alternativas a mi alimentación. Pobres, qué paliza les estoy dando hoy. Si en el fondo a mí me encanta, que me quejo de vicio. Tengo buena boca, las cosas como son, y aunque a veces algo me disguste yo lo pruebo todo. Mamá dice que esa es la clave, probar las cosas y luego decidir. A mi dieta hemos incorporado últimamente el jamón dulce, el tomate, el pan, el melocotón, las berenjenas, el pepino, el lomo adobado y… uno de los productos estrella de la gastronomía de mi pueblo, el picadillo. Mi papá ya me lo advertía desde bien chico, “venga Leo, que un día de estos te voy a dar un biberón de picadillo“. Y yo lo miraba extrañado porque, además de que el picadillo es sólido, es algo que en teoría los bebés no pueden comer: chorizo. Pero Leo is different, y si hay que comer picadillo, pues se come. El viernes mis papás fueron a tomar una cervecita, que yo la veía ahí tan fresquita que por un momento casi la agarro y me la empino. Pero tranquilo si me lee algún Asistente Social, que eso sí que no me dejan. A ver que ponen de tapa, decía mamá, y ya te dejo probar un poquito. Y vino la tapa, evidentemente picadillo. Al principio un poco recelosa mamá cogió un poquito y me lo acercó a la boca. A ver… mmmm… está bueno… qué digo bueno, ¡está buenísimo! ¡Dame más ma-ma-ma!!!

Picadillo

Primero se pone un pie

09 de julio de 2009 en La vida de Leo

No hay manera. Mis papás se han empeñado en enseñarme a hacer monerías (como si yo fuera un monillo). Y digo si pueden ser persistentes.

Cada día siguen cantándome la dichosa canción del perrito y las palmitas y cada vez que salen por la puerta, aunque vayan a por un vaso de agua y vuelvan a los 20 segundos siempre se van mirando hacia atrás con el soniquete del adiós, adiós Leo, adioooooos. Y no, no quieren darse cuenta de que yo sólo aprendo lo que quiero y cuando quiero. No quiero hacer palmas, no quiero decir adiós. Ellos dicen que soy poco colaborador. Yo quiero pensar que soy autodidacta.

Pero lejos de rendirse ante esta infructuosa trayectoria, ahora vuelven a la carga con nuevos retos.

Mi papá quiere que el día de mi primer cumpleaños (para el que os recuerdo faltan DOS semanas) sorprenda a todos los invitados a mi fiesta y cuando él me pregunte ¿cuántos añitos cumple Leo?, yo levante mi dedito índice señalando el uno. Y así se pasa todo el día, persiguiéndome con la preguntita en cuestión y con el dedo de su mano (mucho más grande que la mía) extendido. Que no, hombre, ¡que no quiero! A mí déjame con mi tarta, mis regalos y mis amigos y ya volveremos a hablar del tema cuando vaya a cumplir cinco, que eso es más fácil.

Y luego está mi mamá. Mi relación con el lenguaje de los adultos comenzó estupendamente según ella, ya que para su sorpresa una de mis primeras sílabas fue ma-ma-ma. Y ella tan feliz sin saber que aquello iba a ser sólo un espejismo de un par de días. Ahora cada vez que me dice, venga Leo, ma-ma-ma, yo le respondo pa-pa-pa. Hala, te fastidias. Pero ya he dicho que pesados son un rato. Ah, ¿que no lo he dicho con esas palabras? Pues sí, son unos pesados. Así que ella insiste, ma-ma-ma. Y yo pa-pa-pa. ¿Me dejas en paz ya, no? Pues eso.

Pero lo peor de todo se está fraguando. Esto de los gestos y las palabras no supondrá ningún esfuerzo para mí el día que me decida a complacerles. Esto son minucias sin importancia comparadas con “El Gran Reto”: enseñarme a caminar. Porque andar implica movimiento, requiere esfuerzo, coordinación… ¡andar cansa! Con lo agusto que yo estoy en brazos, donde me llevan de un sitio a otro a mi orden de ummm, ummm, sonido que acompaño de movimientos bruscos de cabeza, cual hombre de Cromagnon, volviendo a los orígenes de la humanidad. Pero mamá dice que ya peso mucho (pues no me des tanto de comer) y que va siendo hora de que descubra el mundo por mis propios medios. Te arrepentirás de estas palabras madre.

Hace tiempo mi primo Alejandro ya intentó enseñarme. Yo creo que él es más indicado para hacerlo ya que es el miembro de mi familia que más reciente tiene esto de aprender a caminar. Me dijo, “mira Leo, primero se pone un pie y luego el otro, lo ves? Es muy fácil“. Fácil, dice. ¿Pero tú has intentado mover un cuerpo como el mío con una base tan pequeña (es que mis pies son un poco chicos)? Pues es bastante complicado. Además, como no me pongan algún aliciente delante como que no me motiva. Y ahí es donde entra en juego la pelota, ese objeto esférico de plástico que nos gusta tanto a los niños. Si me ponen una pelota delante ahí si puedo andar y casi correr (eso sí, de las manitas de un adulto). Yo no soy como los jugadores del Madrid, que sólo van detrás de la pelota cuando hay primas de por medio (y a veces ni eso). Yo corro detrás de la pelota… ¡gratis! Papá dice que eso tiene que cambiar. Que si no quiero ser piloto vale, que igual me apoyará si quiero ser futbolista. Pero eso sí, que haya pasta gansa de por medio porque seguro que voy a ser un crack, un galáctico de los de Florentino.

Y digo yo, ¿alguna vez me dejarán decidir algo por mi mismo? ¿Alguna vez dejarán de insistir en enseñarme gracias?

Tres amigos

06 de julio de 2009 en La vida de Leo

Éramos tres. Como los cerditos, los Reyes Magos o los tenores. Un grupo bien avenido de fama mundial.

Inés, Nikita y Leo

Éramos tres… ¡y en tres dimensiones!

¿Os lo podéis creer? Tanto tiempo viéndonos las caras a través de las pantallas de ordenador y un día, por fin, saltamos de ellas para tocarnos, babearnos, abrazarnos, jugar y hasta para tirarnos del pelo. Bueno, eso poco porque dos de tres aún tenemos poquito. Pero ahí estábamos, juntos.

Cuando mi mamá me dijo que aprovechando una visita a mi tita Lola, a la que públicamente pido perdón por el incidente de la planta en su salón, íbamos a ir al cumpleaños de Nikita me puse très content (chiste lo de très ;) ).

eLLa, ex-astronauta, ex-voladora y futura recordbaby mundial de los 100 metros parque (¡cómo corre!), había cruzado el charquito que nos separaba y nos invitaba a celebrar su primer año de vida con su mamá Laura y toda su familia y amigos. La verdad es que es como me la esperaba: tremendamente despierta, sociable, atrevida, dura (menudo chichón se hizo, y ni lloró), cariñosa y con unos ojos llenos de sabiduría a pesar de su corta edad. Me dio un abrazo y casi me da un soponcio de la impresión. Pero es que entendedlo, vive a miles de kilómetros de distancia y hasta ahora lo único que nos unía eran unos gusanitos, que oye, es mucho, pero tenerla tan cerquita… ¡eso es demasiado!

Y lo mejor de todo es que las sorpresas no acabaron ahí. Pocos días antes la familia pirata de Galicia nos dijo que también iría a la fiesta. Uy, ahí he de reconocer que me asusté un poco. Yo me imaginaba al corsario con parche en el ojo, garfio y un loro parlanchín al hombro. Temible. Aunque no tanto como la señora del pirata, porque, reconozcámoslo, aunque sean ellos los que se dedique al abordaje, las que realmente gobiernan el buque y a las que hay que temer es a ellas. Así que algo receloso y en brazos de mis papás me dispuse a conocerlos. Pero pronto todos los miedos se disiparon. El capitán no tenía parche, sino gafas, y tampoco llevaba garfio. Tenía manos, unas manos que en un momento de la fiesta acunaron a la dulce Inés y consiguieron que se durmiera a pesar del alboroto. Y mamá pirata no tenía la voz tomada por el ron ni mucho menos por ningún Costipao. Todo lo contrario. Nada más verme me dijo, “¿qué pasó Leo?”, con un tono cariñoso y un acento dulce que yo nunca había escuchado nunca y que me conquistó. Al igual que Inés, que efectivamente tiene el ángel en la mirada como su mamá, risueña y muy observadora como yo. Ah, y preciosa.

También iban a venir nuestros amigos Laia y Àlex, pero al final se quedaron con las ganas. Toma, y nosotros, anda que no os echamos de menos.

Pero bueno, nadie dijo que los comienzos fueran fáciles. Esta ha sido sólo la primera de nuestras reuniones de pequebloggers. Habrá más, muchas más, seguro.

¿Alguien más se apunta?

Inés y Leo

Nikita y Leo

Nikita, el chupe y Leo

Inés, Nikita y Leo

Leo Rolex

02 de julio de 2009 en La vida de Leo

Así es como me llamaba mi tita Teresa cuando era un bebé. Y todo porque mi mamá me marcaba muy bien las rutinas: para comer, para dormir, para salir a pasear, para ver la tele… Dice que era porque había leído por ahí que seguir unos hábitos diarios ayudaba a los bebés a aprender a anticiparse al mundo que les rodea, a desarrollar la memoria y a calmarnos y tranquilizarnos. Así nos sentimos seguros y más confiados y tendemos a ser más felices y menos estresados. Idílico esto de las rutinas, ¿verdad? Como para no tener unas.

Por otro lado, en lo de la marca acertó de lleno, porque recordemos que yo soy un bebé de alta calidad y símbolo de la perfección. No soy un tipo “Casio”, que aunque te den la hora como todos los relojes, pues no tiene la misma categoría.

Y volviendo a las rutinas, hoy he pensado en describiros cómo transcurre un día en mi vida, en la vida de Leo:

7:45 AM. Me despierto. Afortunadamente no me roba el sueño un sonido tan desagradable como a mis papás, pi-pi-pi-pi, pi-pi-pi-pi. A mí me despierta mamá y yo siempre (siempre) le respondo con una sonrisa. ¡Comienza un nuevo día!
8:00 AM. Vestido, peinado y mochila al hombro (de mamá) llego a la guarde. La verdad es que lo hago aún con la marca de las sábanas en la cara, algo descolocado, así que no es de extrañar que llore un poquito cuando ella se va por la puerta. Pero sólo un poquito, ¿eh? Enseguida se me pasa.
9:00 AM. Hora del desayuno. Papilla de cereales con cuchara, ñam, ñam.
10:00 AM. Siestecilla matutina. No sé cómo lo hace mi seño pero es capaz de dormirnos a todos los niños de la clase (y somos ocho) al mismo tiempo. No importa a qué hora nos hayamos levantado que todos caemos rendidos. Menuda mano tiene.
Hora indeterminada entre las 10:00 y las 11:00 AM. Me despierto. A veces porque ya no tengo más sueño, otras porque algún graciosillo me despierta.
11:00 AM. ¡A jugar! O a ver la tele, o manualidades el día que toca hacer manualidades, o a cantar… este ratillo es muy divertido.
12:15 PM. Mmmm, llega la rica comida. Unos días es pollo, otros ternera, otros crema de verduras… pero el resultado siempre es el mismo: plato lleno, plato vacío. En mi guarde hay unas cocineras buenísimas.
13:00 PM. Más juego, más diversión.
13:45 PM. Hora de salida. Tere, la prima de mamá, viene a recogerme y me lleva a su casa.
14:00 PM. Llegamos, busco a Lana, su perrita, y le tiro del pelo. Juego con mis primos, que dicen que peso un montón. ¡Si es que soy un tío muy grande!
15:00 PM. Me tomo unas natillas o unos petis. Ya, pensaréis que estoy todo el día rumiando, pero es que estoy en edad de crecer.
15:45 PM. Papá me recoge. Nos vamos a casa.
16:00 PM. Por fin, ¡mi cama! Me espera una buena siesta, estoy muy cansado…
18:30 PM. Creo que ya va siendo hora de despertarse, aún queda mucho día por delante y yo ya he repuesto fuerzas.
19:00 PM. Dormir da hambre, así que me tomo mi superbibe de fruta con galletas que me prepara papá, delicioso.
19:30 PM. Me voy a casa de mi abuelo donde siempre le obligo a hacer lo mismo (recordad que hablamos de rutinas): descolgar un cuadro, dar la luz de la habitación de los juguetes, subir la puerta de la cochera y montarme en el coche. Después de esto, ya me puede llevar donde quiera. A veces, si los mocos me dan tregua, me baño en mi piscina de estrellitas.
20:30. De vuelta a casa toca baño. Hay que refrescarse y ponerse guapo para la siguiente actividad.
21:00. ¡El parque! Me monto en el tobogán, en el columpio, en el caballito… soy el amo del parque.
22:00. Toca retirada. Hay que volver a casa, ponerme el pijama y relajarnos un poco antes de dormir viendo un Baby Einstein.
22:45. En la penumbra de la habitación mamá me da el bibe de la cena, un besito de buenas noches, dos chupes, y a la cuna. Doy vueltas, y más vueltas, me pongo un chupe, me lo quito y me pongo otro. Busco la mejor postura y finalmente…
23:00. … me duermo. Ha sido un día agotador pero feliz.

Y mañana, más.

Con este ritmo entenderéis que me resulte difícil encontrar un hueco para este blog, por eso ahora lo tengo un poco más abandonadillo que de costumbre. Pero como forma parte de mi rutina desde que nací, es algo que me ha dado seguridad y confianza, que ayuda a desarrollar mi memoria y que me hace feliz, no os preocupéis, que me acompañará durante mucho tiempo.

Nota: Todos estos horarios pueden cambiar… ¡sin previo aviso!

Rutinas

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