Tres amigos
Éramos tres. Como los cerditos, los Reyes Magos o los tenores. Un grupo bien avenido de fama mundial.
Inés, Nikita y Leo
Éramos tres… ¡y en tres dimensiones!
¿Os lo podéis creer? Tanto tiempo viéndonos las caras a través de las pantallas de ordenador y un día, por fin, saltamos de ellas para tocarnos, babearnos, abrazarnos, jugar y hasta para tirarnos del pelo. Bueno, eso poco porque dos de tres aún tenemos poquito. Pero ahí estábamos, juntos.
Cuando mi mamá me dijo que aprovechando una visita a mi tita Lola, a la que públicamente pido perdón por el incidente de la planta en su salón, íbamos a ir al cumpleaños de Nikita me puse très content (chiste lo de très
).
eLLa, ex-astronauta, ex-voladora y futura recordbaby mundial de los 100 metros parque (¡cómo corre!), había cruzado el charquito que nos separaba y nos invitaba a celebrar su primer año de vida con su mamá Laura y toda su familia y amigos. La verdad es que es como me la esperaba: tremendamente despierta, sociable, atrevida, dura (menudo chichón se hizo, y ni lloró), cariñosa y con unos ojos llenos de sabiduría a pesar de su corta edad. Me dio un abrazo y casi me da un soponcio de la impresión. Pero es que entendedlo, vive a miles de kilómetros de distancia y hasta ahora lo único que nos unía eran unos gusanitos, que oye, es mucho, pero tenerla tan cerquita… ¡eso es demasiado!
Y lo mejor de todo es que las sorpresas no acabaron ahí. Pocos días antes la familia pirata de Galicia nos dijo que también iría a la fiesta. Uy, ahí he de reconocer que me asusté un poco. Yo me imaginaba al corsario con parche en el ojo, garfio y un loro parlanchín al hombro. Temible. Aunque no tanto como la señora del pirata, porque, reconozcámoslo, aunque sean ellos los que se dedique al abordaje, las que realmente gobiernan el buque y a las que hay que temer es a ellas. Así que algo receloso y en brazos de mis papás me dispuse a conocerlos. Pero pronto todos los miedos se disiparon. El capitán no tenía parche, sino gafas, y tampoco llevaba garfio. Tenía manos, unas manos que en un momento de la fiesta acunaron a la dulce Inés y consiguieron que se durmiera a pesar del alboroto. Y mamá pirata no tenía la voz tomada por el ron ni mucho menos por ningún Costipao. Todo lo contrario. Nada más verme me dijo, “¿qué pasó Leo?”, con un tono cariñoso y un acento dulce que yo nunca había escuchado nunca y que me conquistó. Al igual que Inés, que efectivamente tiene el ángel en la mirada como su mamá, risueña y muy observadora como yo. Ah, y preciosa.
También iban a venir nuestros amigos Laia y Àlex, pero al final se quedaron con las ganas. Toma, y nosotros, anda que no os echamos de menos.
Pero bueno, nadie dijo que los comienzos fueran fáciles. Esta ha sido sólo la primera de nuestras reuniones de pequebloggers. Habrá más, muchas más, seguro.
¿Alguien más se apunta?




