Codificado y picadillo
Vaya título raro.
Pero es que tengo un par de cosillas que contar que no dan para dos post, igual que mi tiempo, así que he decidido unirlas en uno sólo. Que para eso este es mi blog, para hacer lo que yo quiera.
Empiezo por el codificado. Así es como últimamente mis papás me ponen a ver la tele. Se ve que ellos están traumados con su experiencia de adolescencia con el Canal+, que justo codificaba su emisión cuando ponían las pelis chulas de estreno, que han decidido que yo también debo experimentar lo que es la frustración para quién sabe qué. Bueno, la verdad es que no es culpa suya del todo. Resulta que ellos me ponen en el parque, también llamado la cárcel infantil, porque ahí te condenan y no puedes salir hasta que ellos (los carceleros) lo decidan, a ver la tele cuando tienen algo urgente que hacer, como desayunar, comer o cenar. A cualquier cosa llaman urgencia estos adultos. Pues ahí me colocan para no tener que salir corriendo cada dos por tres con el bocado en la boca a ver qué trastada he hecho. Me ponen mi Baby Einstein y yo tan contento de pie, agarrado al filito. Pero a veces la comida se alarga y yo, que recordemos tengo unas piernas rollizas pero no musculadas, me canso y me siento. Y sigo viendo la tele a través de la rejilla del parque, o lo que es lo mismo, codificada. Mi mamá no se explica cómo puedo hacerlo sin marearme, cómo puedo tener esa visión pixelada y aún así seguir riéndome con las marionetas. Lo que ella no sabe es que como ya me sé de memoria los capítulos sólo con escuchar a la marioneta ya sé lo que va a pasar. Y me troncho al recordarlo.
Nota: No le he podido quitar los ojos rojos, con tanto píxel…
Y sigo con el picadillo. Entre todos los retos que mis papás se han puesto para mí está el de introducirme nuevos alimentos. Como si yo les diera problemas para comer y tuvieran que buscar alternativas a mi alimentación. Pobres, qué paliza les estoy dando hoy. Si en el fondo a mí me encanta, que me quejo de vicio. Tengo buena boca, las cosas como son, y aunque a veces algo me disguste yo lo pruebo todo. Mamá dice que esa es la clave, probar las cosas y luego decidir. A mi dieta hemos incorporado últimamente el jamón dulce, el tomate, el pan, el melocotón, las berenjenas, el pepino, el lomo adobado y… uno de los productos estrella de la gastronomía de mi pueblo, el picadillo!!! Mi papá ya me lo advertía desde bien chico, venga Leo, que un día de estos te voy a dar un biberón de picadillo. Y yo lo miraba extrañado porque, además de que el picadillo es sólido, es algo que en teoría los bebés no pueden comer: chorizo. Pero Leo is different, y si hay que comer picadillo, pues se come. El viernes mis papás fueron a tomar una cervecita, que yo la veía ahí tan fresquita que por un momento casi la agarro y me la empino. Pero tranquilo si me lee algún Asistente Social, que eso sí que no me dejan. A ver que ponen de tapa, decía mamá, y ya te dejo probar un poquito. Y vino la tapa, evidentemente picadillo. Al principio un poco recelosa mamá cogió un poquito y me lo acercó a la boca. A ver… mmmm… está bueno… qué digo bueno, está buenísimo!!! Dame más ma-ma-ma!!!


