a-brazos
Hoy me he levantado en plan reivindicativo, guerrillero, luchador. Hoy voy a defender mis intereses porque sí, porque me llamo Leo. ¿Y qué intereses puede tener un niño de UN año menos DOS días? Uy, pues un montón.
Podría reclamar un arenero en el parque al que voy cada tarde con mis papás, o que los niños grandes no se adueñen del tobogán y dejen a los más pequeños deslizarse por la trompa de elefante. Podría exigir que las vacaciones de los papás duren lo mismo que las nuestras para que podamos disfrutarlas juntas y que nuestro tiempo de descanso no se convierta en un problema para ellos. Podría pedir que los mocos alguna vez me den una tregua y se vayan rumbo al desierto del Gobi.
Pero todo esto lo dejaremos para otro día porque hoy lo que quiero reivindicar es otra cosa. Me dio la idea nuestra amiga Lu, la mamá de las chancletas. Mamá dice que Lu es una chica muy coherente, aunque yo al principio lo dudaba. Y quien no al saber que cría a dos pares de zapatos, de verano, pero zapatos al fin y al cabo. Claro, lo que yo no sabía era que el castellano es una lengua muy rica y una misma palabra puede tener varios significados. Ahora sí, que las chancletas son sus hijas…
Pues Lu publicó este post sobre una forma tradicional de llevar a los niños a cuestas y me dije a mí mismo, oye, esto me interesa, yo soy un experto en lo de ir colgado de mamá, así que voy a difundir el mensaje por el ciberespacio y por extensión por el mundo mundial para que lo que siempre ha sido lo normal no se convierta como lo está haciendo en lo anormal. Recuerdo cuando yo era un bebé chiquitito, que casi siempre estaba en brazos de mi mamá. Un día una señora en mitad de la calle le echó un sermón porque yo me había puesto a llorar en mi carrito y ella me cogió con un brazo y siguió su camino empujando con la mano libre el vehículo maldito. “Pero bueno - decía - vas a acostumbrar al niño a los brazos y luego verás, déjalo ahí mujer, que llore un poco”. Valiente caca de señora, con perdón. De modo que nos tiramos nueve meses pegaditos a ellas, alimentándonos de ellas, oyendo su corazón… y ahora de la noche a la mañana quieren que seamos independientes, pues sí hombre, lo que faltaba. Yo he sido, soy y seguramente hasta que me arranque a andar seré muy pero que muy bracero. Y yo me pregunto, ¿cuál es el problema? Porque sin duda tiene que haber un problema cuando hay tanta gente que me lo dice como si fuera un reproche. Aunque yo sinceramente no encuentro ninguno, al menos para mí. Entiendo que a mis papás les duela la espalda, o no tengan tanto tiempo para ellos, pero a ver, eso forma parte de ser padre. Además, yo sé que en el fondo lo hacen con gusto y que antes que quieran darse cuenta estarán echando de menos a ese bebé que les extendía los brazitos para que lo cogieran y lo llevaran a descubrir el mundo. Pero puestos a buscar un problema, sí, habrá un problema. Y vendrá si algún día tengo un hermanito, porque ya se sabe que no se debe desvestir a un santo para vestir a otro y él o ella no tendrá la misma suerte que yo he tenido de poder contar con dos pares de brazos full time.
Así que si hay que ir s San Fernando, me apunto, iremos un ratito a pie, otro caminando y otro… ¡en brazos!

