mi nunca jamás

Agosto de 2009

El pompas

30 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

No es la primera vez que este blog recoge un post dedicado a alguna parte de mi cuerpo. Primero fueron mis pies, luego mis chichas varias, y por último mi dedo índice. Hoy le toca el turno a mi boca.

La boca es un órgano muy interesante y polifacético. Gracias a ella podemos hablar, aunque por ahí anden los codos queriendo adjudicarse tan importante función. Tú la abres y de ahí que empiezan a salir toda clase de sonidos. Yo esta técnica aún no la tengo dominada, pero antes o después conseguiré ser un gran orador, seguro. De momento me fijo muy bien en cómo lo hacen los adultos. A veces me quedo embobado (diez segundos, quince como mucho) mirando a mamá mientras ella me habla exagerando exageradamente su expresión. Menos mal que no suele hablar así porque sino quedaría raro. También he observado que algunos adultos mejor usaban su boca para otros menesteres diferentes al habla, vamos, que mejor están callados porque para las prendas que sueltan… De estos, lamentablemente, hay muchos.

La boca también sirve para comer. Y aquí sí que ya voy siendo todo un experto. Cuando me dan algo de comida no me la meto por las orejas, o por la nariz, no, no, va derechita a la boca, ñam, ñam. Y quien dice comida dice un puñado de arena, plastilina, un trozo de papel, un bicho… creo que con la edad me volveré más selectivo y me centraré en la comida pero lo que es ahora cualquier cosa es susceptible de ser introducida en mi boquita.

Con la boca se puede silbar, y aquí sí que no me pidáis nivel, ni de novato, que eso es muy difícil, imposible (de momento) para mí. Estaría bueno que aún no sepa (a estas alturas mamá piensa que quizás sea mejor decir que no quiera) decir adiós con la manita y que de pronto me ponga a silbar. Eso sí que sería extraño. Aunque me vendría muy bien, porque hay por ahí muchas bebitas a las que me encantaría pegarles una buena silbada y decirles “quién fuera chupe para que me babearas” o “dichosos los pañales que te visten”. Mientras escribo estas palabras mi mamá me está mirando con cara de “más vale que te vayas buscando otros piropos hijo si quieres comerte alguna rosca…”. Tranquila mamá, tampoco los voy a necesitar. Teniendo en cuenta mi físico y mi encanto personal caerán rendidas ante mí, ya lo verás.

Con la boca se puede besar. Tampoco doy besos pero lo que es recibirlos… ahí estoy doctorado cum laude por lo menos. Mi mamá, que es una pesada besucona. A veces me tengo que poner serio y gruñir para que deje de achucharme, que oye, un poquito gusta, pero tanto, tanto, TAAAAANTO… pues puede llegar a cansar.

Y la boca también podemos usarla para hacer pompas. Aquí es donde quería llegar, que mira que le doy vueltas a las cosas. Lo he descubierto hace unos días, si le das forma la salivilla puedes hacer pompitas, jejeje. Ahora me paso el día babeando de tanta pompa que hago, vamos, que ni cuando me salieron los primeros dientes babeé de esta manera. Pero es que es tan divertido… Mi amiga Toña dice que tenga cuidado con hacerlo delante de la gente no vaya a ser que me pongan de mote tan chico “El Pompas”, que en los pueblos son muy dados a eso. Y es verdad. Ya me veo en el cole, cuando levante la mano con mi dedo índice para responder al profe y me diga, a ver “Pompas”, sabes la respuesta? O cuando fiche por el Real Madrid y en el dorsal de mi camiseta ponga “El Pompas”. O cuando dentro de mucho una vecina de tres calles más abajo le pregunte a otra oye, ¿y quién se va a casar? Pues “El Pompas”, no te acuerdas de él?

Uy sí, definitivamente… tengo que mantener mi habilidad secreto!!!

Mi mamá lleva tres días persiguiéndome cámara en mano para hacerme una foto “pomposa”, pero ha sido inútil. Así que os dejo una de lo más parecido que he encontrado: yo en una bañera llena de pompas… de jabón.

Pompas

Miguel y Alejandro

25 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

Miguel y Alejandro son mis primos por parte de mamá.

Miguel tiene seis años. Justamente los cumplió un día antes que yo, por eso yo siempre le digo que no se le puede olvidar mi cumple, porque siempre irán pegaditos. Cuando Miguel nació mi mamá vivía en su casa así que lo vio crecer cada día como hoy me está viendo a mí. Lo cuidó muchas mañanas, incluso aquélla fatídica en que paseándolo en el moisés, éste tropezó con una baldosa y el pequeño Miguel hizo su primer vuelo acrobático sin paracaídas. Afortunadamente salió ileso.

Miguel ha aprendido a leer este año en el cole. Lo hizo muy rápidamente, igual que hace todas sus tareas, y ahora va por todos sitios leyéndolo todo. Yo creo que es el niño que más sabe de dinosaurios del mundo mundial. Su casa podría competir perfectamente con cualquier museo de historia natural porque tiene figuras de dinosaurios, libros de dinosaurios, juegos de dinosaurios… A veces se le traba la lengua con alguna palabra pero a la hora de decirte el nombre de cualquer animal prehistórico no duda ni un segundo. Sabe qué es el cretácico, lo que significa triceratops, lo de la teoría del meteorito en el Golfo de México… todo.

A Miguel también le encantan los animales. De hecho dice que cuando sea mayor por la mañana buscará fosiles y por la tarde trabajará “en algo de un acuario”. Eso sí, los fines de semana descansará. Él vive en una casa en el campo, así que está rodeado de toda clase de bichos. Ahora está ahorrando para comprarse una tortuga, pero sólo porque es más barata que el acuario ;) .

Una de las razones por las que mis papás eligieron mi nombre fue porque era tan corto que no tendría diminutivos. Pero Miguel los encuentra y me llama Leito o Leote.

Alejandro tiene “tazi cuato añoz” y siempre está inventando. Yo aún no me explico cómo tanta imaginación puede caber en un cuerpo tan pequeño. Le encanta cocinar y lo hace casi casi en cualquer sitio, desde su sofisticada cocina de juguete hasta el suelo del salón. Pero limpia y recoge y todo, eh? Es muy completo. Además le encanta comer, en eso nos parecemos mucho. Dice que hay que probarlo todo para saber si te gusta o no, también igual que yo. Eso es una suerte para nuestras mamás.

Alejandro es un artista. Lo mismo te canta que te baila que te hace una interpretación dramática intensísima. Le entusiasma pintar: con lápices, con ceras, con acuarelas… Siempre está pendiente de mí y desde muy pequeño me dice “no llores Leo que estoy aquí”. Además no para de preguntar en todo el día “¿Qué dice Leo?”. Creo que mi mamá para su próximo cumple le va a regalar un diccionario Leo-Español. Yo lo entiendo, cualquiera no sabe descifrar mis pa, pa, pas o mis prrrrffff. Y otra cosa que no entiendo es por qué cualquier adulto que está con él acaba muerto de la risa. Si él escribiera un blog como yo tendría que estar todo el día enganchado porque tiene una ocurrencia detrás de otra.

Mis primos han estado diez días en casa del abuelo y hemos hecho muchas cosas juntos: hemos visto Bunnytown, nos hemos bañado en mi piscina de estrellitas, hemos hecho barbacoa, hemos ido al parque y nos hemos tirado por la trompa de elefante, hemos jugado con la pelota, hemos comido pizza de “Las Grecas”… pero hoy se han ido a casa.

Y los echo de menos…

Miguel y LeoAlejandro y Leo

Pizza

Los tres

Paradojas del caminante

21 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

En el post anterior quedó perfectamente demostrado cuál es mi última hazaña, ¿verdad?. Si es que ya lo dicen, que vale más una imagen que mil palabras. Por eso fui tan breve, porque preferí mostrar lo que he conseguido a explicarlo. Eso fue el otro día. Pero ahora que ya está claro el tema de mi caminar en solitario, pasemos a los detalles. Que yo soy un niño muy completo y tengo que dejar constancia escrita de mi entrada en la era bípeda.

Todo comenzó hace unas cuantas semanas. Lo de los paseitos brazos en alto agarrado de las manos de mis papás lo tenía superado. Además, estaba frito ya de ir en esa posición tan incómoda. Ahora entiendo por qué ningún adulto camina con los brazos extendidos hacia arriba, aparte de ser absurdo es cansadísimo. Así que se imponía la siguiente fase: andar de una manita. Mamá decía que era demasiado pronto, que mi centro de gravedad aún no estaba centrado, nunca mejor dicho. La verdad es que un poquito de razón sí que tenía, sobre todo cuando me tropezaba o me desestabilizaba y me ponía a girar sobre mí mismo como si fuera una peonza. Pero no iba a cejar en mi empeño, ni me iba a rendir. Yo tenía que caminar solito como que me llamo Leo. Así que una vez controlado lo de la manita que me controlaba mi obsesión fue zafarme de ella. Sí, sí, sólo quería que me soltaran para lanzarme a lo desconocido. Y digo lo de lanzarme literalmente, porque creo que primero he aprendido a correr que a andar. Es el ansia, que me ciega. Finalmente lo conseguí, conseguí que me soltaran para demostrar que podía hacerlo, que yo también sabía andar. Los gritos de mis papás debieron oírse en kilómetros a la redonda, caray, qué alegrón que les di. Supongo que los padres del Homo erectus lanzarían sendos rugidos de emoción cuando vieron a su criatura erguirse por primera vez para caminar sobre sus dos patas traseras.

Lo único es que hay una cosa que no me explico. Aquéllo, lo de erguirse, supuso una revolución en la historia de la humanidad, ¿no? Entonces, ¿por qué si fue tan importante el que andásemos sobre dos patas… ahora vamos a todos sitios montados? Yo lo veo, a los bebés nos montan en silletas y los adultos se pasan el día en el coche, hasta para ir a comprar el pan a la calle de al lado tienen que hacerlo motorizados. Tanto entusiasmo cuando uno comienza a andar y luego ¿para qué?

A mí me gusta montar en coche, pero no para desplazarme, no. A mí lo que me gusta, literalmente, es montarme en el coche. Me colocan en el asiento del conductor y ahí soy feliz. Enciendo y apago el aire acondicionado, la radio, cambio de emisora, saco el cd, lo meto, le doy a los limpiaparabrisas, toco el claxon con mi barriga, le doy a los intermitentes, me agarro a la palanca de cambios, abro y cierro el parasol y el techo panorámico, enciendo las luces de posición, las largas, las de emergencia y… hasta lo arranco!!! No sé cómo lo hice, pero el otro día arranqué el coche yo solito!!! Menudo susto le di a mamá. No puedo evitarlo, me emociono cuando veo el coche. Es ver las cuatro ruedas y comienzo a agitar como loco mis piernecitas. Que palmitas no se dar, pero lo que es mover las piernas como señal de alegría… ahí no me gana nadie.

Mamá dice que cuando tenga que hacerme 70 km cada día como ella para ir a trabajar (y otros 70 para volver a casa) seguramente las lucecitas y botones varios del salpicadero no me gustarán tanto. Es más, que los aborreceré. Pero como de momento eso no ocurre… dejadme las llaves de vuestros coches que me voy a dar una vuelta!!!En el coche

Caminante no hay camino

18 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

* Fragmento de un poema de Antonio Machado

A partir de ahora escribe un…

C A M I N A N T E


El dedo índice

14 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

A lo largo de la historia hay muchos personajes que serán recordados por algún rasgo de su físico: Maradona y su mano, Van Gogh y su oreja, Aquiles y su talón, Cyrano y su nariz, el Jorobado y su joroba o la Gioconda y su sonrisa.

Mi físico destaca por muchas cosas como mis ojos (parece que ahora) marrones verdosos, mi generosa barriga o mi cabellera lisa y dorada. Pero si algún día la historia ha de escribir mi nombre, que seguro lo hará, probablemente sea por otra cosa: mi dedo índice, el que cocinó el huevo.

Ya lo comenté en el post anterior, mi dedo es mi mayor seña. Allá donde vaya voy con él extendido. Me sirve para apagar y encender luces, la tele, el dvd y cualquier clase de aparato eléctrico. Con él hago girar los juguetes que tienen bolas y anillas o araño la telaraña de mi parque (para irritación de mamá, que dice que el sonido le da escalofríos). Mi dedo índice se introduce en cualquier plato que quiera degustar, luego lo chupo y me relamo. No necesito cubiertos. Lo utilizo para rascarme la oreja cuando tengo sueño y, como no, para señalar.

Mi dedo índice y yo somos grandes amigos. Cuando sea un poquito más grande y vaya al cole no tendré miedo de levantar la mano si el profesor hace alguna pregunta, alzaré mi dedo índice y diré yo, yo sé la respuesta. Y cuando sea mayor todavía tal vez me dé por ser Guardia Civil, como dice mi tío Luis, y señalaré a los infractores de tráfico para después decirles, usted, pare aquí. O puede que sea descubridor, como Colón, aunque creo que ya queda poco por ser descubierto… Bueno, no problem, me iré a Marte. Descubriré el Universo yo solito. Ah no, ahora que he dicho lo del Universo, quizás pueda ser el Creador, quizás pueda ser Dios!!! ¿Por qué no? Él también extendió su dedo índice para crear a Adán, para trasmitirle la chispa de la vida. Aunque para chispa la del dedo de ET, con luz incorporada y todo, jo, ese si que estaba chulo. Pero digo yo, ¿cómo encendía y apagaba la luz si ésta estaba en el dedo que se usa para encender y apagar la luz? Ah, qué misterio.

Así que ya sabéis, si algún día veis una estatua, un cuadro, un anuncio o una peli de un personaje famoso por su dedo índice, no lo dudéis, seré yo.

Dedo índice

Al sur del sur

10 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

Cuando eres bebé hay muchas cosas que no logras explicarte. Como cuando te montan en el coche en la puerta de tu casa, donde todo es conocido y familiar, y tras dar una cabezadita alentada por el run, run del vehículo despiertas lejos, en un lugar extraño y con el culete algo perjudicado. ¿Y dónde están los olivos? No cariño, aquí no hay olivos, aquí hay… AGUA.

¡Agua, agua por todas partes! Son las palabras que pronuncia el pulpo marinero al comienzo de Baby Neptuno. Y así es como pueden resumirse mis vacaciones. Sustituid al octópodo por un bebé y el traje de marinerito por un bañador y me tenéis a mí, el pequeño Leo ante la inmensidad del mar.

La cosa no empezó bien. Nada, nada bien.

3 de agosto de 2008. Se cumplían 517 años de la salida de Cristobal Colón de la cercana Huelva rumbo al Nuevo Mundo. Yo, ajeno a tal efeméride, me disponía a descubrir mi propio Nuevo Mundo, el mar. Quizás no lo sepáis, pero Colón y yo tenemos esto y otra cosa en común: nuestro dedo índice, siempre dispuesto a señalar cosas. Pero lo que no compartimos en absoluto, al menos durante esa mañana, fue la pasión por el mar. Lloré cuando mis pies tocaron la arena, lloré cuando mis pies tocaron el agua, lloré, me agarré con fuerza a mamá, lloré… y de tanto llorar, me dormí sobre ella como cuando era bebé. Esta vez con la brisa de poniente y el Peñón de Gibraltar como telón de fondo.

Dormido en la playa

La impresión fue demasiado fuerte. Agua que venía hacia mí haciendo un ruido espantoso, arena que se me pegaba por todas partes, niños corriendo y salpicando… Y mis papás angustiados porque me imaginaban traumado ya de por vida. Pero no. Todo en esta vida lleva su tiempo, más cuando eres un niñito de un año, que aún afanado por descubrir y experimentar necesita tomarse las cosas con calma y tranquilidad, estudiar el terreno, observar, pensar cómo actuar… Mi siestecilla me sirvió para todo eso y cuando desperté, eso sí, sin separarme de mi chupe, me dispuse a darle una segunda oportunidad a aquello extraño que llamaban la playa. Pero desde lo conocido, la piscina.

Piscina en la playa

El agua sabía diferente a la de casa, estaba salada. Mamá no me dejó probarla mucho, porque decía que iba a sufrir un choque osmótico, aunque toda mi insistencia era bebérmela. En esta piscina además no había estrellitas ni churros chillones, pero sí un cubo, un croasan, una barra de pan, un helado de tres bolas, una fresa y un montón de chismes más de plástico. Ah, y almejitas. El bicho no sé cómo estará porque no había ninguno pero lo que es la concha estaba deliciosa.

Si es que los niños somos fenomenales. A veces las cosas nos dan un poquito de miedo, pero sólo porque nos son desconocidas. Los mayores disimulan, pero yo sé que también les pasa lo mismo. Lo bueno de ser niño antes bebé es que el temor rápidamente desaparece cuando se trata de disfrutar y yo, que soy muy inteligente, esa misma tarde me di cuenta de que el agua y la arena no eran el enemigo y de que realmente podía pasármelo muy bien allí. Así que superado el no-trauma… a rebozarse!!!

En la arena

La de cosas que se pueden hacer en y con la arena: construir castillos, gatear, andar, descansar, comérsela… Aquella tarde éramos la familia croqueta, con arena por todo nuestro cuerpo. Fue muy divertido, sobre todo porque mis primos jugaron conmigo.

Leo y sus primos

El tema del agua me costó un poquito más de superar, pero sólo porque estaba bastante fría para mi gusto. Afortunadamente teníamos cerquita la alternativa al agua salada: una superpiscina de agua menos fresquita que me fascinó. En cuanto la vi quise tirarme de cabeza, pero ahí estaban mis papás chafándome la diversión. Decían que si mi bañador no estaba homologado o no se qué. Excusas. ¿Quién no va a aceptar un bañador de rallitas con hipocampo estampado? Si es lo más. Al final los convencí. Primero me dejaron meter los pinrelillos y yo venga a chapotear feliz porque allí se podía salpicar cuanto quisieras. Luego mamá hizo el fueraborda conmigo. Qué risa. Y finalmente conseguí darme un chapuzón en toda regla.

En la piscina

Y aunque el agua ocupó gran parte de mi viaje, hubo tiempo para otras actividades igual de emocionantes. Como mi encuentro con mi amiga Alba junto a cientos de palomas que se hacían caca en la camiseta de papá en la Plaza Alta de Algeciras. Alba es sólo 13 días mayor que yo pero ya corre que se las pela. Y hace palmitas y guiños, y dice adiós, adiós con la manita. Es muy despierta y risueña y… muy guapa. Y eso lo digo a pesar del enorme chichón que tenía en la frente después de haberse caído el día anterior y golpearse dos veces en el mismo sitio, lo cual me hace suponer que también es una chica dura. Alba vino con sus papás y todos nos lo pasamos genial aquella tarde.

Leo y Alba

Y sí, fuimos a IKEA. Fue el colofón a un viaje plagado de descubrimientos. Quizás sea por influencia de mamá, pero a mí no me pareció un sitio tan aburrido como dice papá. Todo lo contrario. Está lleno de miles de cosas que se pueden tocar y… nadie se enfada si lo haces!!! Probé todos los sofás, las camas, los juguetes de la zona de los niños y hasta las famosas albóndigas suecas (que es lo único que a mi papá le gusta de IKEA). Y mi mamá encantada de la vida. Aunque yo creo que hubiera disfrutado más yendo ella solita o con sus hermanas como solía hacer. Así que la próxima vez seguramente me dejará con papá que ya sabéis no le va este rollo escandinavo.

En Ikea

Y este ha sido mi viaje. Corto, intenso y muy divertido. He disfrutado, he jugado, he reído, he comido (arena incluida en el menú), he visto aviones, gaviotas…

Contemplé el mar con ojos heredados de marino…

Horizonte

… y lo acaricié con mis pies…

Mar


Mediterráneo, ¡allá voy!

01 de Agosto de 2009 en La vida de Leo

Guardería: cerrada por vacaciones.
Trabajo: cerrado por vacaciones.

Pues no nos queda otra… nos vamos de vacaciones!!!

Que ya iba siendo hora de ver el mar, de jugar con la con la espuma de las olas en la orilla, de coger conchitas y de chuparlas. De que este cuerpo serrano coja colorcito de verano. De hacer uso de mis dos bañadores, de mi juego de cubo y palitas, de la sombrilla, de la toalla de jeep que me compró mamá…

Todo esto me espera en Algeciras junto con mi abuelo, mis tíos y mis primos a los que sólo he visto en una ocasión. Yo creo que después de tanto tiempo seguro que cuando me vean no me conocen ;) . Papa está muy contento porque por fin me va a enseñar su ex-gran pasión (sobra decir quién la sustituyó, no?): el mar. Dice que me llevará a ver barquitos, pero no de cáscara de nuez y papel como los de mi debut artístico, no. Barcos de verdad. Y aunque soy muy pequeño para quedarme quietecito mientras pican igual hasta vamos a pescar.

Lo único malo es el viaje, que es un poquito largo, pero intentaré portarme muy bien. Ayudarán la siesta y el DVD, como siempre. Mi mamá dice que hasta me va a llevar a IKEA y todo. Papá lo lamenta en exceso. Yo ya os daré mi propia opinión al respecto, igual me gusta y todo.

Será sólo una semana, pero lo suficiente para recuperar fuerzas. Además, espero que el aire marino se lleve mis mocos durante una buena temporada, o al menos hasta que vuelva a la guarde en septiembre.

Antes de irme quiero dar la bienvenida a mi nuevo amigo. Se llama Juan, nació el pasado día 28 y es así de guapo:

Juan

Prometo documentar al máximo mi escapadita para luego contárosla con todo lujo de detalle, no os preocupéis.

Ahora sí, ya no me queda más que deciros…

Adios

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