El pompas
No es la primera vez que este blog recoge un post dedicado a alguna parte de mi cuerpo. Primero fueron mis pies, luego mis chichas varias, y por último mi dedo índice. Hoy le toca el turno a mi boca.
La boca es un órgano muy interesante y polifacético. Gracias a ella podemos hablar, aunque por ahí anden los codos queriendo adjudicarse tan importante función. Tú la abres y de ahí que empiezan a salir toda clase de sonidos. Yo esta técnica aún no la tengo dominada, pero antes o después conseguiré ser un gran orador, seguro. De momento me fijo muy bien en cómo lo hacen los adultos. A veces me quedo embobado (diez segundos, quince como mucho) mirando a mamá mientras ella me habla exagerando exageradamente su expresión. Menos mal que no suele hablar así porque sino quedaría raro. También he observado que algunos adultos mejor usaban su boca para otros menesteres diferentes al habla, vamos, que mejor están callados porque para las prendas que sueltan… De estos, lamentablemente, hay muchos.
La boca también sirve para comer. Y aquí sí que ya voy siendo todo un experto. Cuando me dan algo de comida no me la meto por las orejas, o por la nariz, no, no, va derechita a la boca, ñam, ñam. Y quien dice comida dice un puñado de arena, plastilina, un trozo de papel, un bicho… creo que con la edad me volveré más selectivo y me centraré en la comida pero lo que es ahora cualquier cosa es susceptible de ser introducida en mi boquita.
Con la boca se puede silbar, y aquí sí que no me pidáis nivel, ni de novato, que eso es muy difícil, imposible (de momento) para mí. Estaría bueno que aún no sepa (a estas alturas mamá piensa que quizás sea mejor decir que no quiera) decir adiós con la manita y que de pronto me ponga a silbar. Eso sí que sería extraño. Aunque me vendría muy bien, porque hay por ahí muchas bebitas a las que me encantaría pegarles una buena silbada y decirles “quién fuera chupe para que me babearas” o “dichosos los pañales que te visten”. Mientras escribo estas palabras mi mamá me está mirando con cara de “más vale que te vayas buscando otros piropos hijo si quieres comerte alguna rosca…”. Tranquila mamá, tampoco los voy a necesitar. Teniendo en cuenta mi físico y mi encanto personal caerán rendidas ante mí, ya lo verás.
Con la boca se puede besar. Tampoco doy besos pero lo que es recibirlos… ahí estoy doctorado cum laude por lo menos. Mi mamá, que es una pesada besucona. A veces me tengo que poner serio y gruñir para que deje de achucharme, que oye, un poquito gusta, pero tanto, tanto, TAAAAANTO… pues puede llegar a cansar.
Y la boca también podemos usarla para hacer pompas. Aquí es donde quería llegar, que mira que le doy vueltas a las cosas. Lo he descubierto hace unos días, si le das forma la salivilla puedes hacer pompitas, jejeje. Ahora me paso el día babeando de tanta pompa que hago, vamos, que ni cuando me salieron los primeros dientes babeé de esta manera. Pero es que es tan divertido… Mi amiga Toña dice que tenga cuidado con hacerlo delante de la gente no vaya a ser que me pongan de mote tan chico “El Pompas”, que en los pueblos son muy dados a eso. Y es verdad. Ya me veo en el cole, cuando levante la mano con mi dedo índice para responder al profe y me diga, a ver “Pompas”, sabes la respuesta? O cuando fiche por el Real Madrid y en el dorsal de mi camiseta ponga “El Pompas”. O cuando dentro de mucho una vecina de tres calles más abajo le pregunte a otra oye, ¿y quién se va a casar? Pues “El Pompas”, no te acuerdas de él?
Uy sí, definitivamente… tengo que mantener mi habilidad secreto!!!
Mi mamá lleva tres días persiguiéndome cámara en mano para hacerme una foto “pomposa”, pero ha sido inútil. Así que os dejo una de lo más parecido que he encontrado: yo en una bañera llena de pompas… de jabón.


















