Miguel y Alejandro
Miguel y Alejandro son mis primos por parte de mamá.
Miguel tiene seis años. Justamente los cumplió un día antes que yo, por eso yo siempre le digo que no se le puede olvidar mi cumple, porque siempre irán pegaditos. Cuando Miguel nació mi mamá vivía en su casa así que lo vio crecer cada día como hoy me está viendo a mí. Lo cuidó muchas mañanas, incluso aquélla fatídica en que paseándolo en el moisés, éste tropezó con una baldosa y el pequeño Miguel hizo su primer vuelo acrobático sin paracaídas. Afortunadamente salió ileso.
Miguel ha aprendido a leer este año en el cole. Lo hizo muy rápidamente, igual que hace todas sus tareas, y ahora va por todos sitios leyéndolo todo. Yo creo que es el niño que más sabe de dinosaurios del mundo mundial. Su casa podría competir perfectamente con cualquier museo de historia natural porque tiene figuras de dinosaurios, libros de dinosaurios, juegos de dinosaurios… A veces se le traba la lengua con alguna palabra pero a la hora de decirte el nombre de cualquer animal prehistórico no duda ni un segundo. Sabe qué es el cretácico, lo que significa triceratops, lo de la teoría del meteorito en el Golfo de México… todo.
A Miguel también le encantan los animales. De hecho dice que cuando sea mayor por la mañana buscará fosiles y por la tarde trabajará “en algo de un acuario”. Eso sí, los fines de semana descansará. Él vive en una casa en el campo, así que está rodeado de toda clase de bichos. Ahora está ahorrando para comprarse una tortuga, pero sólo porque es más barata que el acuario
.
Una de las razones por las que mis papás eligieron mi nombre fue porque era tan corto que no tendría diminutivos. Pero Miguel los encuentra y me llama Leito o Leote.
Alejandro tiene “tazi cuato añoz” y siempre está inventando. Yo aún no me explico cómo tanta imaginación puede caber en un cuerpo tan pequeño. Le encanta cocinar y lo hace casi casi en cualquer sitio, desde su sofisticada cocina de juguete hasta el suelo del salón. Pero limpia y recoge y todo, eh? Es muy completo. Además le encanta comer, en eso nos parecemos mucho. Dice que hay que probarlo todo para saber si te gusta o no, también igual que yo. Eso es una suerte para nuestras mamás.
Alejandro es un artista. Lo mismo te canta que te baila que te hace una interpretación dramática intensísima. Le entusiasma pintar: con lápices, con ceras, con acuarelas… Siempre está pendiente de mí y desde muy pequeño me dice “no llores Leo que estoy aquí“. Además no para de preguntar en todo el día “¿Qué dice Leo?“. Creo que mi mamá para su próximo cumple le va a regalar un diccionario Leo-Español. Yo lo entiendo, cualquiera no sabe descifrar mis pa, pa, pas o mis prrrrffff. Y otra cosa que no entiendo es por qué cualquier adulto que está con él acaba muerto de la risa. Si él escribiera un blog como yo tendría que estar todo el día enganchado porque tiene una ocurrencia detrás de otra.
Mis primos han estado diez días en casa del abuelo y hemos hecho muchas cosas juntos: hemos visto Bunnytown, nos hemos bañado en mi piscina de estrellitas, hemos hecho barbacoa, hemos ido al parque y nos hemos tirado por la trompa de elefante, hemos jugado con la pelota, hemos comido pizza de “Las Grecas”… pero hoy se han ido a casa.
Y los echo de menos…




