mi nunca jamás

Septiembre de 2009

Guarderitis

27 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

La medicina no es lo mío.
Ni siquiera las series de médicos esas como Anatomía de Grey que tanto le gusta a mi mamá (aunque en mi opinión ahí de medicina se habla más bien poco). Yo en todo caso sería tipo House, irónico y muy listo, sólo que con mucho más encanto, eso no puedo evitarlo. En Bunnytown o Pocoyó no se habla de medicina, así que mi relación con la profesión es más bien escasa y se reduce a mis visitas pediátricas.

Todo el mundo dice que para ser un buen médico hay que estudiar mucho, pero no sólo en la Universidad no, hay que seguir formándose continuamente porque una de las cosas buenas de este mundo es que los avances científicos están a la orden del día. Aunque teniendo en cuenta los diagnósticos de mi pediatra cualquiera pensaría que se puede estudiar la carrera en dos días:

- Día 1, Lección 1: Causas de la enfermedad, primera parte: Los dientes.

- Día 2, Lección 2: Causas de la enfermedad, segunda parte: Los virus.

Y ya si quieres especializarte vas y te haces un máster:

- Día 3, Lección 3: Tratamiento de la enfermedad, parte única: El paracetamol.

En fin, que tendré que preguntarle a mi pediatra dónde estudió por si algún día me canso de pilotar motos o de meter goles y quiero labrarme un futuro en esto de la medicina.

A pesar de todo, yo, como niño inteligente que soy, he estado investigando sobre ciertos síntomas que yo mismo he padecido y padezco en la actualidad para identificar el origen de los mismos y así lograr un tratamiento eficaz que los reduzca o elimine. Los síntomas son los siguientes: estornudos, secreción nasal con tonalidades que van desde el verde hasta el transparente, dolor de cabeza, ojos llorosos, tos, dolor de cabeza y malestar general. Qué gracioso, pensaréis, esos son los síntomas del resfriado común. Ah, pues no, esos son los síntomas de lo que yo he venido a denominar la guarderitis.

La guarderitis es una enfermedad infecto-contagiosa del tracto respiratorio que se presenta en los menores de tres años que acuden a centros de educación infantil. En cuanto a su patología, tiene un origen viral que difícilmente puede ser concretado. Dentro de la variedad de posibles causas se encuentran el compartir chupetes, cubiertos, vasos o juguetes, el que tu compañero restriegue sus mocos contra ti,  que te metan las manos en la boca, etc. No existe un tratamiento eficaz para esta enfermedad, tan sólo pasarla, aunque podemos aliviar los síntomas con unos desagradables lavados nasales con suero, con un poco de paracetamol camuflado o con torpedos de hierbas por el culete. Lo mejor es la prevención, y en esa línea se centrarán mis investigaciones este invierno porque sí, dos semanas después de comenzar mi curso escolar ya he cogido mi primera guarderitis seria.

Que sí, que así mis defensas trabajan, crecen y se multiplican como los panes y los peces, pero digo yo, ¿es que no hay otra manera? Jolín, que es que acabo de empezar y mira cómo estoy ya, que a este paso entre la celulosa de los pañales y la de los pañuelos desechables voy a acabar yo solito con el Amazonas… Y espérate a que llegue la gripe A esa, uf, no quiero ni pensarlo.

En fin, resignación, es lo único que nos queda. Y cuanto antes asumamos que los mocos tienen categoría de material escolar, mejor que mejor. Si no puedes con el enemigo, únete a él!!!

Mocos

Cosas que sé hacer yo solito

24 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Y ya el título lo dice todo.

Hace mucho que no escribo sobre mis bebe-avances, como diría mi amigo Àlex, esas cositas que uno va consiguiendo conforme se hace mayor y de las que conviene tener constancia por escrito, que ya se sabe que las neuronas se van atrofiando y pasado cierto tiempo ya no recuerda cuando fue que las aprendió. En estos casos se puede recurrir a otra persona que te refresque la memoria, como las mamás, que dicen que se acuerdan de todo. Pero la mía está ya paúsica y su memoria empieza a fallar. Un día de estos se va a dejar la cabeza en casa y sólo se va a dar cuenta cuando no tenga donde ponerse las gafas de sol.

Bueno, a lo que iba, unas cuantas cosas que sé hacer yo solito:

1. Caminar - La más importante, la que ha supuesto la verdadera revolución en mi vida. Sin duda un pequeño paso para la humanidad, pero uno enorme para el pequeño Leo.

2. Ponerme de pie sin agarrarme a nada - Que parece fácil, pero no lo es tanto. Es un ejercicio que requiere de esfuerzo, concentración y coordinación. Hay que apoyar las manos, arquear la espalda como un gato asustado… y aupa!

3. Bajar - ¿Bajar de qué? Pues de todo lo que previamente he subido: un sofá, la cama, un escalón… Para esta acción recurro al gateo inverso, es decir, marcha atrás. Y cuando mis piernas comienzan a colgar en el vacío me deslizo lentamente hasta que los pinrelillos tocan el suelo.

4. Hacer palmas - Sí, por fin! Cualquier cosa con librarme de la canción del perrito esa. A veces las hago combinadas con el punto 1, lo cual me desestabiliza bastante y me hace volver a la fase borrachina, esa en la que iba dando tumbos. Por comodón prefiero chocar los 5, así sólo tengo que usar una mano.

5. Apagar y encender la tele - A mis papás esto les saca un poco de quicio. Y menos mal que lo que no saben es que lo que intento sutilmente es acortar la vida útil del aparato para que así me compren una de esas enormes y superchulas de pantalla plana para ver mis Baby Einstein como en el cine. A veces mando la sutileza a paseo y directamente me lio a aporrearla con algún juguete, pero nada. Qué duros son estos cacharros de tubo.

6. Agacharme y volver a ponerme de pié - Y lo hago bien, eh? Nada de doblar la espalda, que luego las lumbares se resienten. Yo me agacho flexionando las rodillas. Muy útil para recoger objetos.

7. Peinarme - Si veo mi cepillo, ese de púas suavecitas que acaricia mi cabello a cada pasada, lo cojo y me lo llevo a la cabeza. A veces me doy con las púas, otras con la parte de plástico, pero no importa porque seguro que igualmente me veré guapo. Sólo tengo que decidir ¿la raya a la derecha o a la izquierda?

8. Abrir y cerrar - Puertas, cajones, cajas… nada se me resiste. Hasta he aprendido a abrir la lavadora, eso sí, si no está en funcionamiento. Cuando está en marcha no hay manera oye, con lo divertido que tiene que ser ver desparramarse toda el agua, jejeje.

9. Comer solo. El maravilloso invento de las cenas sólidas me ha permitido desarrollar esta habilidad. Tenedor a la boca, eso es lo que he aprendido.

10. Usar las manos ajenas - Si hay cosas que no logro por mí mismo siempre busco una mano ajena que lo haga por mí. Un ejemplo: sé que las llaves abren puertas y cuando yo quiero salir a la calle busco algunas y se las doy a mamá o papá en la mano para que ellos lo hagan. A veces lo consigo, otras no, pero eso ya no depende de mí!

Uf, qué de cosas sé hacer ya. Recordarme a mí mismo que todas las aprendí entre los trece y catorce meses de vida, que ya he dicho que luego no me acuerdo.

Y ahora una foto demostrativa del punto 9, ñam, ñam.

Comiendo solo

Adiós verano, adiós

20 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Dicen que en Jaén sólo tenemos dos estaciones, el verano y la del tren. Ay, cuánta sabiduría hay en los dichos populares… y cuánta razón! Pues no hace ni dos semanas que estábamos muertecitos de calor y ahora ya hemos tenido que sacar los bodis, los calcetines y los pañales de cuello vuelto? Que no, que no exagero, que hasta mi papá ya se abriga y mira que él es caluroso como yo (mamá no me sirve de referencia, ella en pleno verano y a nada que corra una chispa de aire ya está helada). Que ha sido de la noche a la mañana. Se acabaron las ferias de mi pueblo y hala, adiós verano. Es como si fuera una especie de “ayudita” divina. Como ahora hay que madrugar para ir al cole, hay que hacerse de nuevo a las rutinas, mejor eliminamos el factor buen tiempo para no distraer. Y que anochezca antes, haga fresco y llueva para que los niños tengan ganas de estar en casa, hagan sus deberes y se acuesten tempranito. Una gracia.

Y claro, llega el frío y hay que renovar todo el vestuario. Porque aunque yo haya mantenido mi tipín escultural la ropa del año pasado ya no me queda bien. Que he crecido, vamos. Así que mi mamá tiene la tarjeta de crédito echando humo: camisetas, pantalones, sudaderas, pijamas, abrigos, zapatos, zapatillas… En casa estos días no pueden faltar unas buenas tijeras porque cada dos por tres hay que ir cortando etiquetas. Yo ya se lo he advertido, que mejor compra unas cuantas acciones del Zara ese que al menos recupere parte de la inversión. Porque teniendo en cuenta que esto será así hasta que cumpla por lo menos 18 o 19 años que deje de crecer, yo creo que no es tan mala idea.

Lo malo de que acabe el verano es que con él se van muchas de mis aficiones favoritas como bañarme en mi piscina de estrellitas, andar todo el día sin ropa, salir a las terracitas o ir al parque hasta tarde. Madre mía, no sé qué voy a hacer todo el invierno, aaaaaaaaagggg!!!

Respira Leo, respira. Ya encontrarán papá y mamá otras cosas que hacer, verdad? Yo creo que sí. De momento mamá me ha comprado una cosa que se llama plastilina, dice que es para modelar, aunque yo he visto a otros niños mayores y creo que básicamente sirve para guardarla debajo de las uñas. Y cuando domine la plastilina igual empezamos con las témperas. Además, hay en marcha un proyecto de cuarto de juguetes porque el salón ya se me está quedando pequeño. Igual hasta me apuntan a natación y todo. Y nuestras salidas, pues tendrán que ser diferentes. Como la de hoy, que me han llevado a ver un partido de baloncesto. Bueno, eso es lo que me han contado. Yo la verdad es que no entiendo mucho de este deporte, pero creo que básicamente consiste en meter una pelota dentro de una canasta, no? Pues allí he visto de todo menos eso porque los dos equipos eran un poco paquetes, pobres. Al final la cosa se ha animado y nuestro equipo ha empezado a anotar. Pero para entonces yo ya estaba en otras cosas o mejor dicho, en otro lugar, el campo de fútbol. Ahí, tomando contacto con el césped plastificado, reconociendo el terreno de juego, comprobando el estado de las porterías, de las bandas, del banquillo, haciendo rodar el esférico… Hoy porque la cosa ha sido un poco sobrepensada y no iba preparado, pero el domingo que viene me planto allí con mi equipación del Madrid y mi pelota de Hanna Montana (por favor, no preguntéis por qué tengo una pelota de la niña esa) y que tiemble el Sporting de Torreperogil. Eso sí, y unos gusanitos para recuperarme después del esfuerzo también, no?

Días de fútbol

Porque yo lo valgo, dos

17 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Hace casi un año de la “primera edición” de este post. Entonces pensaba ¿se puede ser más guapo? Y la respuesta es contundente: sí, se puede.

No quiero parecer egocéntrico pero como esto siga así, como la progresión sea tan espectacular, mi belleza alcanzará límites insospechados, desconocidos hasta ahora para la humanidad. Por suerte (o por desgracia) tengo a mi mamá al lado que me pone los pies en la tierra: ya llegará la pubertad, dice.

Pero hasta entonces sólo puedo decir… oh, qué bello soy!

Guapo 2

Antes, durante y después

16 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Antes

Durante

Después

Y más después

Milagro en la hominidad

13 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Corría el mes de noviembre del año pasado. Por aquel entonces tenía apenas tres meses y celebraba mi primer santo. Aún no estaba familiarizado con esto de las onomásticas pero ahora ya sé que son días en los que la gente que te quiere te felicita y te hacen regalos. Lástima que sean sólo una vez al año. Yo les digo a mis papás que me podían haber puesto un nombre de la realeza, como por ejemplo Leo Esteban Jesús Felipe Pablo Manuel de Todos los Santos, así hubiera tenido un montón de días para celebrar. Pero no, ellos se quedaron en Leo. No Leopoldo, ni Leonardo, ni Leocadio… no, no, Leo “a secas”. Qué trabajo les hubiera costado, si total, cuando te haces el DNI te cobran lo mismo independientemente del número de nombres que tengas. No es como Florentino, que por inscribir tu nombre en la camiseta del Real Madrid te cobra 4 euros por letra. Sin suda alguna la Policía Nacional necesitaría un gurú financiero como Don Florentino, seguro que les iba a ir mucho mejor.

Pues el día de mi santo mis papás me regalaron un monillo muy gracioso aunque un tanto cabezón. Al simio en cuestión le aprietas las orejas y emite unos ruiditos la mar de simpáticos y con los que yo me tronchaba de la risa. Monillo y yo éramos amigos y jugábamos juntos cada mañana cuando me despertaba. Hasta que un día enmudeció. No sé lo que ocurrió, ni cómo ni por qué, pero monillo dejó de chillar. Tal vez se quedó afónico, o comenzó una huelga indefinida para reclamar una subida salarial (al fin y al cabo no le pagaba nada por entretenerme), o cayó en una profunda depresión… quién sabe. Papá decía, eso es de las pilas. Así que le cambió la alimentación, que hay que ver qué cosas más raras comen los homínidos. Pero ni por esas, monillo seguía enmudecido. Así que a rey muerto, rey puesto. Tenía un montón más de juguetes y no era cuestión de que el duelo durara eternamente. Con pena, eso sí, monillo pasó a ser un simple objeto decorativo de mi cuna.

De vez en cuando mis papás me lo ofrecían para que jugara con él, decían que no se podía dar de lado a un amigo que lo estaba pasando mal, pero la verdad, para mí ya no era lo mismo. Hasta el otro día…

Acababa de salir del baño. Como siempre me enfado mucho porque lo que a mí me gusta es estar en remojo, pero mamá se empeña en sacarme porque dice que me estoy arrugando. Me llevó a su cama para secarme, vestirme, peinarme… en fin, esas cosas del aseo diario. Para entretenerme me dio a monillo. Pero yo estaba muy cabreado y ni mono ni nada quería. Así que con muy mala leche le arreé un castañazo y… oooooh, volvió a chillar!!! Yo me quedé estupefacto, mamá se quedó estupefacta. Rápidamente llamó a papa: el monillo ha resucitado!!! Leo ha resucitado a monillo!!! Yo no entendía lo que allí estaba ocurriendo, caras de asombro, risas… y mi mono que chillaba de nuevo. Dejé de estar enfadado, ya no me acordaba ni que tenía que vestirme (con lo poco que me gusta) porque mi amigo el mono había vuelto, con sus ojos grandes, sus manos de goma, la nariz roja y su enorme sonrisa. Ay mono, cuánto te he echado de menos…

Mis papás aún tratan de buscarle una explicación a lo ocurrido. ¿Es posible que monillo sólo necesitase un buen meneo para salir de su estado de shock? Es posible. Por si acaso mamá ya me ha dado su PDA para ver si consigo devolverla al mundo de los vivos, que después de un lavado, un aclarado y un centrifugado en la lavadora, la pobre también se nos murió. No me preguntéis cómo llegó hasta allí, la culpa es de mi madre. Vale, yo si quieres le meto un viaje, pero si no lo consigo luego encima no me castigues por destriparla, que tampoco es que sea el niño-milagro!!!

Monillo 1

Monillo 2

Feria, calor y pólvora

09 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Se nota que ya tengo más de un año.

Lo digo porque hay cosas que comienzan a repetirse en mi vida, cosas anuales que las llaman, como las ferias de mi pueblo. Estas ya son mis segundas ferias, aunque cuentan como las primeras porque las del año pasado no las disfruté nada de nada. Entre el fresquito que hacía y mi crisis de crecimiento no estaba el patio como para andar de jarana por ahí. Pero ahora es diferente porque aún hace calor y yo ya no soy un bebé, soy un niño, uno que se desplaza autopropulsado por sus propias piernecitas y que reclama fiesta y diversión.

Comenzaré por mi visita al recinto ferial. Lejos de dejarme influenciar por mi mamá, que sigue insistiendo en que las ferias ya no son lo que eran, acudí con la mejor de mis sonrisas dispuesto a pasármelo bomba.

A la feria

Error número uno, la feria no es divertida. Al menos lo que allí vi, o mejor dicho, escuché. El tío de la tómbola pregonando la minimoto y la tele de plasma, el de la caseta de los churros con las sevillanas a toda pastilla, el de las “exquisitas patatas rellenas” detallándonos los ingredientes de los tubérculos, los de las atracciones compitiendo a ver quién ponía el grupo más hortera y a mayor volumen… Un ruido ensordecedor que asustó a un niño con reminiscencias de bebé como yo. Mi mamá intentaba consolarme enseñándome el tiovivo pero fue inútil. Además como que no le cogía yo el punto a eso de ver figuritas de cartón piedra girando, girando y venga a girar. La verdad es que para ellos fue un alivio, porque al precio que está el viaje al menos este año se van a ahorrar una pasta.

Si por algo son conocidas las fiestas de mi pueblo son por el Toro de Fuego. A ver cómo lo explico yo. El Toro de Fuego es un señor que se pone una estructura metálica con forma de toro (evidentemente, no va a ser de elefante) sobre los hombros cargada de petardos y cohetes que va lanzando mientras corre por las calles acompañado de la gente. Normalmente no tiene ningún peligro, a pesar de que casi todos los días alguien sale con el pelo o la ropa oliendo a chamusquina, pero por si acaso mi mamá me llevó a verlo a una distancia muy, muy, pero que muy prudencial. Tanto es así que la única foto que pudimos tomar con el zoom a tope y ampliada es esta:

Toro de Fuego

Papá sí que lo corrió, y me ha dicho que me vaya preparando porque el año que viene me lleva con él. No sé yo, no sé yo. La verdad es que en la distancia y comiendo gusanitos se ve de escándalo, no tengo yo necesidad de arriesgar mi cabellera, con el trabajo que me está costando echarla..

Y más pólvora. Ayer fue el día de la Patrona de mi pueblo, en honor a la cual se celebran las fiestas, la Virgen de la Misericordia. Toma, toma, toma ya. Yo no me explico porqué todas las Fiestas Patronales son en honor de Santos y Vírgenes con nombres tan… ¿contundentes?: San Emeterio y San Celedonio, Santa Brígida, Santa Úrsula, la Virgen de Regla, la de la Canaleja… Con razón mi pueblo está lleno de Mises y Marimís. Pues tan importante es nuestra Virgen que hasta le dedican un espectáculo de fuegos artificiales. Mamá llevaba todo el día diciéndomelo: Leo, esta noche vamos a ir a ver lucecitas en el cielo, verás qué chulo. Papá, buscando el mejor sitio para no perdernos detalle. Yo, entusiasmado.

Error número dos: los fuegos artificiales tampoco son divertidos. Por mucho que lo digan los chinos que los inventaron (perdón, asiáticos). Dan miedo, mucho miedo. Y hace que los niños lloren, aunque se acaben de tomar un bibe enorme de cereales de cacao.

Fuegos artifciales

El fin del mundo o la invasión alienígena debe ser algo parecido a lo que yo vi anoche. Ruido, explosiones, fuego en el cielo… No, no me gustó. Así que a los dos minutos de empezar, estampida. Suerte que con esto de la crisis no había presupuesto para mucho y el espectáculo duró poco, tan poco que apenas nos fuimos cesó aquel infierno.

Seguramente con el paso de los años disfrutare de las fiestas de la Mise, pero lo que es ahora… no me gustan las ferias!!!

(Y gracias a Dios que mi madre no me ha vestido de gitanillo que sino ahora estaría escribiendo este post traumado de por vida…)

Vuelta al cole

03 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Alguien debería haberme avisado que las vacaciones no duraban eternamente, que los papás y las mamás tienen que volver al trabajo y los peques al cole. ¿Por qué? Pues no tengo ni idea, es una de esas cosas crueles de la vida que nunca entenderé, por más años que tenga. Creo que la culpa es del tal Adán ese. Si no hubiera sido por su enorme falta de personalidad no se habría dejado liar por la viciosilla de Eva para hincarle el diente a la manzana prohibida. Que cipote. Y ahora todos tenemos que pagar las consecuencias. Con lo a gusto que estaríamos en el Paraíso, en pelotilla todo el día (como mucho con pañal los que aún no sepamos controlar esfínteres) sin tener que dar un palo al agua, con manjares a diestro y siniestro… felices como perdices. Pero no, la tuvo que fastidiar y por eso ahora yo tengo que ir a la guarde.

Lo peor es que en un mes la cosa ha cambiado un montón. Ahora ya no soy el peque y he perdido mis privilegios de mimos y atención. Papá dice que así es mejor porque puedo hacerle novatadas a los chicos, pero yo no estoy de acuerdo. Mi seño ya no es mi seño, ahora es la de ellos. Yo tengo dos nuevas. Las había visto por la guarde, así que no son unas desconocidas, pero no sé, aún como que no nos entendemos. Para colmo en lugar de tener sólo siete compañeros ahora tengo como quince o veinte. Aquello es un caos, y eso que ahora estamos en lo que llaman “periodo de adaptación” y vamos sólo la mitad en turnos de dos horas durante dos semanas. Que digo yo, la adaptación será para ellas, para las seños, porque a mí una vez que me “abandonan” ahí qué mas me da quedarme dos que cinco que seis horas…

Ayer fue el primer día. Como novedad tengo que decir que por primera vez entré andando solito a la clase. A ver, tenía que demostrar lo que he aprendido en este mes de vacaciones. Al principio bien, reencuentros, risas, juguetes nuevos… pero cuando vi que papá se marchaba la cosa se fastidió. Hice un pucherito, aunque no rompí a llorar porque no quiero que piensen que soy un cobardica que el culo le pica. Mantuve la compostura y allí me quedé. Y como yo soy un hombre de costumbres y a esa hora tocaba mi minisiesta, me tiré en un colchón que encontré y me quedé frito. Hoy lo he vuelto a hacer, y por lo que se ve parece que ese colchón y yo nos vamos a llevar bastante bien. Eso sí, las lágrimas no las he podido aguantar más y cuando han ido a recogerme allí estaba yo enganchado a la pierna de mi ex-seño (en la otra estaba mi amigo Juan Antonio, que es de los nuevos) con un berrinche de cuidado. Al final me adaptaré, con periodo o sin él, pero hay que ver lo que cuesta.

Aquí pongo una foto de mi primer día de clase, aún en casa, con mi mochila de La Vaca Connie y mi cara de “uy que bien, parece que nos vamos de excursión”. Sí, sí, de excursión…

Maldito Adán…

Vuelta al cole

Leo el escalador

01 de Septiembre de 2009 en La vida de Leo

Es sólo un niño.

Pero ya es capaz
de ascender las más
altas cotas.

Únicamente con la
ayuda de sus manos y sus pies,
sin oxígeno y en solitario,
el pequeño Leo
corona una nueva cima

las escaleras de
la casa de su abuelo

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