mi nunca jamás

Octubre de 2009

El imperio contraataca

27 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

Comenzaron siendo un puñado de indeseables que de vez en cuando osaban invadir mi pequeño cuerpecito. Yo, a pesar de ser un hombre de paz, me veía en la obligación de alistar mi ejército de leucocitos, linfocitos y todos los demás itos para combatir al enemigo. La contienda, más o menos intensa, duraba como dos o tres días y al final siempre salía victorioso. Ellos, los indeseables, huían heridos, derrotados… pero aún vivos.

Estoy hablando de los virus, probablemente unos de los organismos jodidamente más resistentes (con perdón) sobre la faz de la tierra. Así que lejos de abandonar para siempre jamás las armas, poco a poco y con un enorme secretismo han ido creando una coalición internacional para aunar sus fuerzas y poder lograr así su objetivo fundamental: amargar la existencia a la humanidad. Sí, han creado un imperio, el imperio de los virus. Y yo, el pequeño Leo, soy uno de sus objetivos fundamentales. A continuación relato lo acontecido desde el pasado jueves.

Diario de guerra.

Jueves 22 de octubre. Día 1 del conflicto. Ante la invasión inesperada de la las tropas imperiales, encabezadas por la División Moco, el Estado Mayor de la Defensa se ve en la obligación de declarar el estado de guerra inminente. Se movilizan las tropas de refuerzo pertinentes: lavados nasales y mucha agua. Se inicia la lucha armada.

Viernes 23 de octubre. Día 2 del conflicto. Lo que en principio parecía una victoria fácil sobre el enemigo ampliamente conocido comienza a complicarse. El ejército invasor nos ha sorprendido con el ataque de la 1ª Escuadrilla del virus intestinal, causante de vómitos y malestar general. Se solicita ayuda externa: suero fisiológico con sabor a fresa.

Sábado 24 de octubre. Día tres del conflicto. El ejército de itos está cada vez más diezmado. El bloqueo ejercido por el enemigo, que impide el abastecimiento con alimentos sólidos, nos debilita notablemente, hecho que aprovecha para enviar a la 2ª Escuadrilla del virus intestinal, la diarrea. La Dinamarca de Hamlet comparada hoy conmigo olería a rositas.

Domingo 25 de octubre. Día 4 del conflicto. El enemigo campa a sus anchas por mi cuerpo. Las noches son interminables. EL ejército defensor se encuentra totalmente abatido, pensando que ya nada puede ir a peor. Pero ellos son malos, muy malos, y quieren rematarme. Llega lo peor: Darth Fiebre.

Lunes 26 de octubre. Día 5 del conflicto. Tras numerosas llamadas de auxilio recibimos un aliado capaz de levantar el ánimo de mis itos para continuar la lucha frente al invasor, el ibuprofeno. Hemos conseguido acabar con las dos escuadrillas intestinales y poco a poco cercamos a la fiebre. Pero no hay manera de acabar con la División Moco y su inseparable tos. Esperamos nuevos refuerzos en los próximos días.

Mi diario sólo tiene siete páginas, así que por narices en dos días tengo que dejar de escribirlo. Como que me llamo Leo Skywalker que yo y mis itos conseguiremos derrotar en dos días a este cruel y desalmado Imperio. Puede que para entonces lo haga con uno o dos dientes más, porque, para variar, mi boca siempre está en el punto de mira.

Seguiré informando.

Imperio

Una caca muy cara: UPDATE

22 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

El otro día fuimos de compras. Eso en mi familia significa que mamá va de tienda en tienda con el dinero de plástico quemándole en la mano mientras papá y yo esperamos pacientemente en la puerta, jugando. De vez en cuando entramos para hacer un poco de presión, lo cual desespera a mi mamá que es tremendamente indecisa a la hora de elegir modelitos.

Pues la visita en principio iba a ser breve, apenas comprar un regalito para un amigo y de vuelta a casa, que la tarde amenazaba lluvia. Así que llevábamos sólo el kit básico de salida: unos pañales, toallitas, agua, gusanitos y galletitas saladas. En una de nuestras incursiones en la tienda de turno para agobiar a mamá, saltó la alarma. Le preguntó a papá ¿ha hecho caca? Él rápidamente me puso en pompa y me olió el culete. Pues parece que no, respondió, a mí sólo me huele a yogur… Mi mamá lo miró con cara de ¿para qué leches quieres una nariz tan grande si luego eres incapaz de oler como Dios manda? Anda trae para acá al niño, le dijo.

En este punto he abrir un paréntesis para hacer un pequeño comentario sobre las narices de mis papás. Papá, aludiendo al tamaño de la de mamá, siempre le dice  que es capaz de secar un bacalao y de oler la Semana Santa en agosto. Mamá no necesita sarcasmos y simplemente le dice que la suya es más grande y más fea. Y ahí andan, con la eterna discusión. Lo que está claro es que la de mi papá, sea más grande o no, tiene la pituitaria un poco fastidiada.

Porque de yogur nada, ahí había una caca fea de grande que había rebosado por todos sitios. Mamá, con cara de angustiada, le preguntó a la señorita de la tienda si podía cambiarme en algún sitio y ella muy amablemente nos indicó una zona junto a los probadores. Y con nuestro kit básico nos fuimos para allá. Parte de daños: pantalón, camiseta y body, todo manchado de caca pestosa. Sólo se libraba la sudadera. Mamá gastó casi todo el paquete de toallitas limpiando aquel estropicio mientras yo me comía unos gusanitos porque era la única forma de mantenerme quietecito y poder operar en condiciones. Por algo los snaks forman parte del kit. No así la ropa de repuesto, que por lo visto no es tan importante… Suerte que estábamos en una tienda de ropa infantil. Habrá que comprarle aunque unos pantalones al pobre, dijo mamá. Para qué queríamos más, ahora otros diez minutos dando vueltas hasta encontrar un pantalón que le gustara. Apareció al rato, con una sonrisilla en la cara. Ya está, le he cogido unos iguales a otros que compré hace más de un mes y están en casa sin estrenar, así que ahora le ponemos estos y en unos días yo devuelvo los otros que aún están con su etiqueta con este ticket. Recogimos todos los bártulos, pagamos el regalo de mi amigo y por fin volvimos a casa. Al llegar, mamá fue a comprobar que los códigos de los pantalones fueran iguales: 46208… ¿5437? Pero, ¿qué pasa aquí? No coinciden!!! Mamá me llamó a voces, Leooooooooo, y allá que fui yo raudo y veloz con mis pantalones nuevos. A continuación soltó una serie de improperios que no estoy dispuesto a reproducir, y todo porque mi pantalón era marrón clarito y el que ella había comprado un mes atrás marrón más clarito. Así que ahora tengo dos pantalones prácticamente iguales y una madre un poco cabreada porque el tiro le salió por la culata. Eso sí, yo encantado. Y a papá… bueno, a él de por sí todos los pantalones le parecen iguales!!!

Megacaca

Nota 1: Esta es la entrada nº 200 de este blog.
Nota 2: Alguien está a punto de hacer el comentario nº 1.000
Nota 3: Mañana cumplo 15 meses!!!
Nota 4: Se admiten felicitaciones por cualquiera de las notas anteriores.

UPDATE: Montse ha sido la autora del comentario 1.000, ¡¡¡enhorabuena!!!

Te enviamos el coche a casa ;)

200 y 1000

The piano man

19 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

La primera vez que escuché música estaba aún dentro de la barriguita de mamá. Entonces las notas llegaban a mí un poco distorsionadas por culpa del medio acuático en que vivía, pero ya sabía apreciarlas. Ella, mamá, había leído en alguna de las millones de webs que visitaba que era un excelente método de estimulación prenatal y que nos relajaría a ambos. Como si yo por aquél entonces necesitara más estimulación de la que ya tenía, que me pasaba el día columpiándome en el cordón umbilical…Casi siempre me ponía música clásica, pero para evitar que me convirtiera en el repelente niño Vicente antes de nacer a veces cambiaba de género y me ponía cosas más actuales. En esa época le dio por la Amy Winehouse esa, que menos mal que se dedicó a la música la pobre mujer porque como estilista se hubiera muerto de hambre.

Luego, cuando nací, descubrí la música en directo. Primero fueron los intentos de mamá por calmarme cantándome lo que se suponía eran unas nanas. Más tarde lo de papá deleitándome con las canciones aprendidas de los dibujitos que veo en la tele o de mis juguetes cantarines. Aún me pregunto cómo es que no ha caído ya el segundo diluvio universal.

Con lo que realmente aprendí lo que es la música, con lo que mi oído comenzó a educarse en este arte, es con los omnipresentes Baby Einstein. A mí lo que me gustan son las marionetas, para qué nos vamos a engañar, puede que hasta los juguetitos esos que van recorriendo la pantalla. La música en teoría es lo de menos. O eso pensaba yo, porque quieras que no está ahí e inconscientemente consigue también centrar mi atención, cosa bastante complicada por cierto. En definitiva, que parece que no pero te vas quedando con la copla, nunca mejor dicho. Y luego te pasa como a mi primo Alejandro, que llega el día en que escuchas por ahí la melodía del Lago de los Cisnes y dices: mida, ezta cantzion ezt la del beibi neztuno!!! Se queda, al final se queda.

Pero no sólo me dedico a escuchar, que ya es mucho, sino que últimamente también hago mis pinitos como compositor e intérprete de mis propias creaciones musicales. He tocado la guitarra y el tambor, aunque sin duda mi favorito es el piano. En casa de mi abuelo Paco hay dos, uno eléctrico que utiliza en los conciertos de la coral que dirige, y otro clásico, este con un poquito más de historia. Pertenecía a mi bisabuelo Alfonso y creo que lo usaban en uno de sus cines (cuando en mi pueblo había cines) para amenizar las películas mudas.

Mi estilo es un tanto poliédrico. Mis ritmos, lejos de parecerse al género sinfónico de los Baby Einstein, van desde el undergound al tecno-pop pasando por el funky, los sonidos aborígenes, el post punk, el rock and roll y algún aire jotero que otro. Lo sé, demasiado innovador para los tiempos que corren, pero oye, quién sabe si algún día no triunfe con ellos, que cosas más raras se han visto, y si no que se lo digan a Camela o a los de la Macarena.

Bueno, lo dejo aquí por hoy que me tengo que ir a ensayar.

Do, re mi, fa sol, la, siiiiiiiiiiiiiiiii

Piano eléctrico

Piano clásico

Ayer y hoy

14 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

Las pirámides de Egipto, el Coliseo Romano, el Partenón, la Alhambra… No, no estoy haciendo una lista de los monumentos que tengo que visitar, aunque ya puestos, también. Solo que lo dejaré para un poquito más adelante, para cuando ya no tenga que viajar en sillita homologada por ejemplo.

La cosa va de monumentos, también llamados edificios con historia: la suya y la de los lugares y gentes en los que se encuentran. Va de unas cuantas piedras bien colocadas que han aguantado estoicamente el paso del tiempo y que seguro guardan grandes secretos de la humanidad. Porque ya se sabe que las piedras no hablan. En mi pueblo tenemos algunos muy antiguos, como las Torres Oscuras o nuestra Iglesia, que también tiene unos cuantos siglos a sus espaldas. Otro día hablaré de ellos, porque lo que quiero contar es la historia de mis propias piedras.

Hoy voy a hablar de la casa de mi abuelo Paco, que está justo enfrente de donde yo vivo con mis papás, y más concretamente de su puerta. ¿Y qué tiene de importante una puerta? Uf, pues mucho. A ver si no por dónde íbamos a entrar a los edificios, ¿por las ventanas como vulgares ladronzuelos? ¿Por la chimenea como el gordito de rojo? No, se entra por la puerta como Dios manda, y si es llamando primero mejor (esto me lo han enseñado mis papás).

Pues la puerta de la casa de mi abuelo guarda muchas historias porque ya ha visto pasar por ella a tres generaciones. Mi mamá y sus hermanos crecieron en ella, en la puerta, porque antes no había tantos coches ni tanta tele ni tanta consola y se pasaban el día allí jugando: a la pelota, a la comba, a las muñecas, a hacer barro (también llamado gachulete), a tirarse cuesta abajo, a contar coches… Casi siempre lo hacían en compañía de sus primos ya que la mayoría vivían en la misma calle (y los que no, siempre bajaban). Qué suerte. Mis primos no viven en mi calle, ni en mi pueblo, algunos ni siquiera en mi misma provincia. Creo que se lo pasaban muy bien.

La puerta de la casa de mi abuelo ha sido testigo hasta de una boda, como la de mi tita Lola y su primo Juan. Vale que sólo tenían seis o siete años y la ceremonia sólo era la excusa para disfrazarse y celebrar una merienda, pero oye, igual cuenta.

En la puerta ha habido muchas despedidas, pero también muchos reencuentros, que son los que más alegría nos dan.

Mamá me dice que tengo que contar estas cosas que ella me chiva porque dicen que también son parte de mí. A ver si papá un día se anima y me cuenta alguna historia parecida, y que sea rápido que últimamente se le olvidan muchas cosas!

Ahora soy yo el que más disfruta de la puerta de mi abuelo, aunque cuando vienen mis primos muchas veces nos bajamos juntos, Miguel persigue bichos y Alejandro vuelve del mundo virtual en el que vive últimamente para inventar cualquier juego. Pero yo voy cada tarde, y nunca me aburro. Hasta he merendado sentado en los escalones y me he paseado en pañal cuando el calor de este verano apretaba. Por eso le digo a mi abuelo que en consideración debería dejarme la puerta en herencia a mí, y ya puestos, la casa, porque ¿qué sería de una puerta sin casa y viceversa? Pues nada. Pero mi tita Teresa dice que de eso nanai, que es ella la que tiene más derecho a heredarlo todo puesto que fue la única que nació en esas nuestras piedras. Veremos a ver en qué acaba la cosa ;)

Mamá

Yo


Un día en la guarde

10 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

Desayuno

Ejercicio

Superpoblada

Recoger

A casa

Entrópico

07 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

A lo largo del año, dos meses y dos semanas de mi intensa vida me han llamado de muchas formas diferentes. Son apelativos cariñosos, la mayoría de ellos relacionados con mi volumen corporal. El más repetido es gordito, aunque también están pepón o bollete. Mi mamá, muy aristocrática ella, también se dirige a mí como mi rey o mi tesoro, amén de “lo más bonico del mundo mundial” cosa que por otra parte, y sin desmerecer al resto de bonicos, es cierta.

Pero ahora me ha buscado un nombre diferente. Vamos, que digo yo que es un calificativo y no un insulto, que mi mamá a parte de llamarme cipotillo algunas veces no se atrevería a meterse conmigo, con su rey, con su tesoro. Pues ahora va y me dice entrópico. ¿Entro qué mamá? Qué pasa, ¿que te las quieres dar de lista muy lista conmigo? Desde luego ya te vale.

Analicemos la palabra. Como diría Jezulín de Ubrique en realidad se compone de dos, en y trópico, con lo cual entiendo que mi mamá lo que quiere decir es que estoy en el trópico. Yo había escuchado lo de estar en Babia, pero en el trópico… Pues déjame que te diga que si es en sentido literal estas muy equivocada mamá, porque nosotros quedamos en una latitud un poco más elevada. Además, ¿en cuál de ellos sería? ¿En el de Cáncer o en el de Capricornio? Evidentemente en ninguno, porque yo soy Leo. Y no lo digo por el nombre, que también, es porque además mi signo zodiacal es Leo. Ahora bien, si lo dices en sentido figurado… ¿a qué te refieres exactamente? ¿A que me paso el día tomando jugos de frutas exóticas, en bermudas y untado en repelente de mosquitos? Desde luego mamá, cada día es más difícil entenderte. Menos mal que a mí no me da corte preguntar (direcciones incluidas, que soy un hombre del siglo XXI) y directamente abordé a mi mamá para que me explicara qué demonios significa entrópico. Esto, me dijo:

Entrópico

¿Desordenado quieres decir? A ver qué dice la Leopedia al respecto:

La entropía, coloquialmente, puede considerarse como el desorden de un sistema. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo, éste tenderá a romperse y esparcirse mientras que jamás conseguiremos que lanzando trozos de cristal se forme un vaso.

Acabáramos. Pues mira sí, soy un poco entrópico. Por que yo saco y saco juguetes pero no sé por qué  éstos nunca vuelven a su sitio. Hoy, en una reunión de la guardería, mis seños les han dicho a las mamás allí reunidas que están intentando enseñarnos a hacer que los juguetes vuelvan a su sitio, recoger que lo llaman, y que en casa deberíamos hacer lo mismo. Yo, sinceramente, no le encuentro el punto pedagógico a esto, si los que deberían aprender son los juguetes. ¿De qué les sirve a ellos que seamos nosotros los que hagamos el trabajo? Pues de nada, así no aprenden nada.

En fin, que yo prefiero que me sigan llamando gordito y mejor dejemos lo de la entropía para el universo, ¿no?

Entrópico

Dientes 1 - Leo 0

05 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

Jueves 1 de octubre, 3:00 AM. Tengo calor, mucho calor. Sudo como un pollico en un invernadero. Intento dormir, pero no lo consigo. Me vuelvo y me revuelvo sin parar. Me he pasado a la cama de mis papás, buscando consuelo. Inútil. Mamá me toca la frente. Se asusta. Termómetro. 39,6 º C. Para entonces me he despertado completamente y lloro desconsolado. Paracetamol y a la bañera. Ahora si que no entiendo, si es de madrugada, qué pinto yo en remojo con Pato y Pocoyó a estas horas? La fiebre baja un poco y me vuelvo a dormir, pero pasadas unas horas ardo por dentro otra vez.

Así casi tres días. Mi pediatra ya dudaba entre sus dos diagnósticos estrella: mocos o dientes, una de las dos cosas es seguro. Como siempre mi Doc acertadísimo. Si llego a la consulta con dos velones y mordiendo mi chupe como si fuera mi peor enemigo no era tan difícil de adivinar, no? Al final eran los dientes. Pero esto es como el cuento de Pedro y el lobo, tanto, tanto recurrir al susodicho diagnóstico que cuando efectivamente es el causante de mis males ninguno le creemos.

Dos nuevos incisivos, ese es el resultado de mis tres días en el infierno. Bueno, dos que se vean, porque a tenor de lo mal que lo he pasado lo mismo hay por ahí alguno más a punto de romper… Encima estaban mis mocos, que no han ayudado demasiado. Si hasta estuvieron a punto de hacerme una radiografía de mis pectorales por si habían colonizado mis bronquios, pero afortunadamente la fiebre cesó y me libré del mal rato (amén de la correspondiente radiación). Todo el mundo me miraba con carita de pena, pobrecito, lo que tiene que dolerle. Menos mal que no nos acordamos de mayores, decían, que sino menudo trauma. Pues sí, suerte que no os acordáis porque vaya jodienda (con perdón).

Dos incisivos y una mamitis aguditis también. Sólo quería estar con mamá y en brazos. En brazos y con mamá. Y como siempre ha defendido lo de llevarme en plan garrapatilla pues ahora no podía quejarse. Y yo, pues me aprovecho, que de tonto no tengo ni un pelo. Eso sí, está echando unos bíceps que si algún día os encontráis con ella no os recomiendo que la retéis a echarse un pulso con vosotros porque os puede dar una buena paliza. Sí señor, así es mi mami.

Sólo un apunte más. Me gustaría decirles a los señores miembros Comité Olímpico Internacional que dentro de siete años se acordarán de Madrid. Y que en sus conciencias queda no haberle concedido la última voluntad a un viejecito de 89 años de edad que ya nunca volverá a ver una España Olímpica. Os la tengo jurada, he dicho.

Dientes

Disculpas

Telegrama

02 de Octubre de 2009 en La vida de Leo

Enfermito. STOP. Guarderitis complicada con salida de dientes. STOP. Muy débil. STOP. Mocos en garganta. STOP. Mucha fiebre. STOP. Ardo por dentro. STOP. Rojo por dentro. STOP. Rojo.

Rojo

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