Dientes 1 – Leo 0
Jueves 1 de octubre, 3:00 AM. Tengo calor, mucho calor. Sudo como un pollico en un invernadero. Intento dormir, pero no lo consigo. Me vuelvo y me revuelvo sin parar. Me he pasado a la cama de mis papás, buscando consuelo. Inútil. Mamá me toca la frente. Se asusta. Termómetro. 39,6 º C. Para entonces me he despertado completamente y lloro desconsolado. Paracetamol y a la bañera. Ahora si que no entiendo, si es de madrugada, qué pinto yo en remojo con Pato y Pocoyó a estas horas? La fiebre baja un poco y me vuelvo a dormir, pero pasadas unas horas ardo por dentro otra vez.
Así casi tres días. Mi pediatra ya dudaba entre sus dos diagnósticos estrella: mocos o dientes, una de las dos cosas es seguro. Como siempre mi Doc acertadísimo. Si llego a la consulta con dos velones y mordiendo mi chupe como si fuera mi peor enemigo no era tan difícil de adivinar, no? Al final eran los dientes. Pero esto es como el cuento de Pedro y el lobo, tanto, tanto recurrir al susodicho diagnóstico que cuando efectivamente es el causante de mis males ninguno le creemos.
Dos nuevos incisivos, ese es el resultado de mis tres días en el infierno. Bueno, dos que se vean, porque a tenor de lo mal que lo he pasado lo mismo hay por ahí alguno más a punto de romper… Encima estaban mis mocos, que no han ayudado demasiado. Si hasta estuvieron a punto de hacerme una radiografía de mis pectorales por si habían colonizado mis bronquios, pero afortunadamente la fiebre cesó y me libré del mal rato (amén de la correspondiente radiación). Todo el mundo me miraba con carita de pena, pobrecito, lo que tiene que dolerle. Menos mal que no nos acordamos de mayores, decían, que sino menudo trauma. Pues sí, suerte que no os acordáis porque vaya jodienda (con perdón).
Dos incisivos y una mamitis aguditis también. Sólo quería estar con mamá y en brazos. En brazos y con mamá. Y como siempre ha defendido lo de llevarme en plan garrapatilla pues ahora no podía quejarse. Y yo, pues me aprovecho, que de tonto no tengo ni un pelo. Eso sí, está echando unos bíceps que si algún día os encontráis con ella no os recomiendo que la retéis a echarse un pulso con vosotros porque os puede dar una buena paliza. Sí señor, así es mi mami.
Sólo un apunte más. Me gustaría decirles a los señores miembros Comité Olímpico Internacional que dentro de siete años se acordarán de Madrid. Y que en sus conciencias queda no haberle concedido la última voluntad a un viejecito de 89 años de edad que ya nunca volverá a ver una España Olímpica. Os la tengo jurada, he dicho.


