The piano man
La primera vez que escuché música estaba aún dentro de la barriguita de mamá. Entonces las notas llegaban a mí un poco distorsionadas por culpa del medio acuático en que vivía, pero ya sabía apreciarlas. Ella, mamá, había leído en alguna de las millones de webs que visitaba que era un excelente método de estimulación prenatal y que nos relajaría a ambos. Como si yo por aquél entonces necesitara más estimulación de la que ya tenía, que me pasaba el día columpiándome en el cordón umbilical…Casi siempre me ponía música clásica, pero para evitar que me convirtiera en el repelente niño Vicente antes de nacer a veces cambiaba de género y me ponía cosas más actuales. En esa época le dio por la Amy Winehouse esa, que menos mal que se dedicó a la música la pobre mujer porque como estilista se hubiera muerto de hambre.
Luego, cuando nací, descubrí la música en directo. Primero fueron los intentos de mamá por calmarme cantándome lo que se suponía eran unas nanas. Más tarde lo de papá deleitándome con las canciones aprendidas de los dibujitos que veo en la tele o de mis juguetes cantarines. Aún me pregunto cómo es que no ha caído ya el segundo diluvio universal.
Con lo que realmente aprendí lo que es la música, con lo que mi oído comenzó a educarse en este arte, es con los omnipresentes Baby Einstein. A mí lo que me gustan son las marionetas, para qué nos vamos a engañar, puede que hasta los juguetitos esos que van recorriendo la pantalla. La música en teoría es lo de menos. O eso pensaba yo, porque quieras que no está ahí e inconscientemente consigue también centrar mi atención, cosa bastante complicada por cierto. En definitiva, que parece que no pero te vas quedando con la copla, nunca mejor dicho. Y luego te pasa como a mi primo Alejandro, que llega el día en que escuchas por ahí la melodía del Lago de los Cisnes y dices: mida, ezta cantzion ezt la del beibi neztuno!!! Se queda, al final se queda.
Pero no sólo me dedico a escuchar, que ya es mucho, sino que últimamente también hago mis pinitos como compositor e intérprete de mis propias creaciones musicales. He tocado la guitarra y el tambor, aunque sin duda mi favorito es el piano. En casa de mi abuelo Paco hay dos, uno eléctrico que utiliza en los conciertos de la coral que dirige, y otro clásico, este con un poquito más de historia. Pertenecía a mi bisabuelo Alfonso y creo que lo usaban en uno de sus cines (cuando en mi pueblo había cines) para amenizar las películas mudas.
Mi estilo es un tanto poliédrico. Mis ritmos, lejos de parecerse al género sinfónico de los Baby Einstein, van desde el undergound al tecno-pop pasando por el funky, los sonidos aborígenes, el post punk, el rock and roll y algún aire jotero que otro. Lo sé, demasiado innovador para los tiempos que corren, pero oye, quién sabe si algún día no triunfe con ellos, que cosas más raras se han visto, y si no que se lo digan a Camela o a los de la Macarena.
Bueno, lo dejo aquí por hoy que me tengo que ir a ensayar.
Do, re mi, fa sol, la, siiiiiiiiiiiiiiiii


