Una caca muy cara: UPDATE
El otro día fuimos de compras. Eso en mi familia significa que mamá va de tienda en tienda con el dinero de plástico quemándole en la mano mientras papá y yo esperamos pacientemente en la puerta, jugando. De vez en cuando entramos para hacer un poco de presión, lo cual desespera a mi mamá que es tremendamente indecisa a la hora de elegir modelitos.
Pues la visita en principio iba a ser breve, apenas comprar un regalito para un amigo y de vuelta a casa, que la tarde amenazaba lluvia. Así que llevábamos sólo el kit básico de salida: unos pañales, toallitas, agua, gusanitos y galletitas saladas. En una de nuestras incursiones en la tienda de turno para agobiar a mamá, saltó la alarma. Le preguntó a papá ¿ha hecho caca? Él rápidamente me puso en pompa y me olió el culete. Pues parece que no, respondió, a mí sólo me huele a yogur… Mi mamá lo miró con cara de ¿para qué leches quieres una nariz tan grande si luego eres incapaz de oler como Dios manda? Anda trae para acá al niño, le dijo.
En este punto he abrir un paréntesis para hacer un pequeño comentario sobre las narices de mis papás. Papá, aludiendo al tamaño de la de mamá, siempre le dice que es capaz de secar un bacalao y de oler la Semana Santa en agosto. Mamá no necesita sarcasmos y simplemente le dice que la suya es más grande y más fea. Y ahí andan, con la eterna discusión. Lo que está claro es que la de mi papá, sea más grande o no, tiene la pituitaria un poco fastidiada.
Porque de yogur nada, ahí había una caca fea de grande que había rebosado por todos sitios. Mamá, con cara de angustiada, le preguntó a la señorita de la tienda si podía cambiarme en algún sitio y ella muy amablemente nos indicó una zona junto a los probadores. Y con nuestro kit básico nos fuimos para allá. Parte de daños: pantalón, camiseta y body, todo manchado de caca pestosa. Sólo se libraba la sudadera. Mamá gastó casi todo el paquete de toallitas limpiando aquel estropicio mientras yo me comía unos gusanitos porque era la única forma de mantenerme quietecito y poder operar en condiciones. Por algo los snaks forman parte del kit. No así la ropa de repuesto, que por lo visto no es tan importante… Suerte que estábamos en una tienda de ropa infantil. Habrá que comprarle aunque unos pantalones al pobre, dijo mamá. Para qué queríamos más, ahora otros diez minutos dando vueltas hasta encontrar un pantalón que le gustara. Apareció al rato, con una sonrisilla en la cara. Ya está, le he cogido unos iguales a otros que compré hace más de un mes y están en casa sin estrenar, así que ahora le ponemos estos y en unos días yo devuelvo los otros que aún están con su etiqueta con este ticket. Recogimos todos los bártulos, pagamos el regalo de mi amigo y por fin volvimos a casa. Al llegar, mamá fue a comprobar que los códigos de los pantalones fueran iguales: 46208… ¿5437? Pero, ¿qué pasa aquí? No coinciden!!! Mamá me llamó a voces, Leooooooooo, y allá que fui yo raudo y veloz con mis pantalones nuevos. A continuación soltó una serie de improperios que no estoy dispuesto a reproducir, y todo porque mi pantalón era marrón clarito y el que ella había comprado un mes atrás marrón más clarito. Así que ahora tengo dos pantalones prácticamente iguales y una madre un poco cabreada porque el tiro le salió por la culata. Eso sí, yo encantado. Y a papá… bueno, a él de por sí todos los pantalones le parecen iguales!!!
Nota 1: Esta es la entrada nº 200 de este blog.
Nota 2: Alguien está a punto de hacer el comentario nº 1.000
Nota 3: Mañana cumplo 15 meses!!!
Nota 4: Se admiten felicitaciones por cualquiera de las notas anteriores.
UPDATE: Montse ha sido la autora del comentario 1.000, ¡¡¡enhorabuena!!!
Te enviamos el coche a casa


