Cuéntame un cuento
Allá por el mes de abril, cuando celebramos el Día del libro en mi guarde, mamá me compró un ídem que contenía un montón de cuentos para antes de ir a dormir. Bueno, supuestamente puedes contarlos a cualquier hora del día pero cuando se trata de hacerlo a un individuo algo inquieto como yo mejor esperar a esa última hora del día en la que ya estás bastante cansado y encerrado entre los barrotes de tu cuna para así no poder escapar y centrar toda tu atención en esas historias clásicas.
Desde hace un par de semanas hemos establecido esta nueva rutina en nuestras vidas, la de contar un cuento en el momento de ir a dormir. He de decir que no siempre les hago mucho caso, todo depende del sueño que tenga ese día. Como esté fresco por mucho que mamá se empeñe en enfatizar cada una de las palabras de los personajes del cuento no le hago ni el más mínimo caso. Toda mi obsesión es zafarme de esos barrotes y escapar por la puerta para seguir con la fiesta. Si tengo sueño mamá atenúa la voz, incluso la de los ogros, y así escuchándola me duermo plácidamente.
Hay historias de todo tipo: de princesas (qué pasa, los niños también podemos leer historias de princesas y príncipes que se enamoran), de picarescos gatos, de niños que crecen en la selva, de sastrecillos valientes… A mamá le gustaría inventarse sus propias historias (como a cierta mamá que nos lee y que creo aún nos debe una…), pero al final del día está tan cansada que las neuronas no le dan para desarrollar la imaginación. Qué pena, por lo visto es una de esas cosas, además del pelo, que a veces se pierde con la edad, la imaginación. Bueno, a menos que seas escritor… Los niños somos los reyes de la imaginación y así es como debe ser, aunque algunos adultos se empeñen en chafarnos la diversión. Esto es lo que le pasó a mi amigo Óliver, que tiene un amigo imaginario súper molón que por lo visto molesta algo a las mamás de algunos de sus compañeros. Vaya unas sosas. Por eso aprovecho para reivindicar nuestro derecho a crear e inventar todo lo que nos dé la gana. La imaginación es divertida, y sino que se lo digan a mi primo Alejandro, el rey de la creatividad. Ayer, por ejemplo, fui a su casa a pasar el día. Hicimos una deliciosa barbacoa para comer y cuando yo me empeñé en comer tocinillo él me dijo que no podía porque no tenía suficientes dientes: “Con dozt añozt, ztalen dozt dientezt, con tletz, tlezt. Y con cuatzo, tzalen cuatzo y ya puedezt id a mi cole”. Eso, eso es imaginación.
Sobra decir que al final me salí con la mía y comí tocinillo, además de un buen trozo de tortilla de patatas con cebolla made in mi tita Teresa que estaba para chuparse los dedos!!!


