Construcciones Leo, S.A.
De sobra es mundialmente conocido mi carácter versátil y polifacético para desarrollar casi cualquier actividad. Lo mismo sirvo para deleitar al personal con un concierto de piano que para hacer de handy manny arreglando chismes o para resolver toda clase de misterios. Y no me canso, oye. Me paso el día buscando nuevos retos, nuevas formas de ocupar mi tiempo y aprender.
En mi afán por ampliar mis conocimientos ahora he descubierto una nueva vocación, la construcción. Mamá me dice que mala época he escogido para dedicarme a esto del ladrillo. Por lo visto es por lo de la crisis esa, que no se venden los pisos. Pero a mí eso del stock inmobiliario no me preocupa ni me importa lo más mínimo porque mis fines no son para nada lucrativos ni especulativos. Yo construyo por placer, por diversión. Además, dudo mucho que alguien quisiera alojarse en mis tacos de madera… Bueno, los tacos son sólo parte del diseño porque en realidad los uso para crear mis maquetas. Generalmente construyo torres, en lo que viene a denominarse construcción modular. Mis papás, que son de la vieja escuela, se empeñan en hacerlas todas iguales: empiezan por el taco del seis, luego el del cinco, cuatro, tres, dos y finalmente el del uno, que es el que normalmente me dejan poner a mí. Pero mi estilo es mucho más innovador y arriesgado y lo mismo empiezo poniendo de base el cuatro para seguir con el dos y luego el cinco que al revés. El problema es que de esta manera las estructuras son mucho más inestables, pero bueno, eso tampoco me importa porque al final siempre acabo derribándolas todas. Eso es lo más guay de todo.
Pero no sólo me dedico al diseño, no. Leo el arquitecto también se ensucia las manos (y más). Y así es como debe ser. Un buen profesional ha de conocer todos los aspectos de su trabajo, como los materiales, por ejemplo. Porque… ¿de qué sirve crear sobre el papel una magnifica torre si luego al levantar muros, columnas, forjados o techos lo hacemos con material de mala calidad? Nuestra obra sería un auténtico fracaso. Por eso precisamente hay que bajar del estudio al tajo, y allí comprobar sobre el terreno la evolución de los trabajos, ver con nuestros propios ojos y corroborar con nuestras manos que todo cuanto se está empleando es de óptima calidad y, además, cumple con las más estrictas medidas de seguridad. Yo, personalmente, soy un experto en cuanto a arena de mortero se refiere.
Creo que si en un futuro no sale lo de las motos puedo dedicarme a esto. Quién sabe, quizás para entonces ya hayamos colonizado la luna, ésta se haya parcelado y el sector del ladrillo resurja de sus cenizas para levantar torres con vistas a la tierra. Por si acaso voy a ir registrando el nombre de mi empresa…
