Tarde de wii
Cuando estaba dentro de la barriguita de mi mamá, hace mucho, mucho tiempo, no tenía ninguna necesidad material. Me pasaba el día navegando en pelotica, no tenía baberos, ni cuna, ni carrito para pasear. Pero cuando llegué a este mundo me di cuenta de que necesitaría todas esas cosas y más. Afortunadamente para eso estaban mis papás, que durante los nueve meses de espera se habían encargado de prepararme todo un ajuar, el ajuar del bebé que se llama. Pero el mío no consistía sólo en cosas materiales, no. Sabiendo que yo sería un bebé del siglo XXI, experto en nuevas tecnologías y capaz de escribir su blog en internet, mis papás me crearon mi propio mii. Y así, antes de nacer Leo, nació babywii, mi alter ego en el mundo virtual. Algo de mi fisonomía debían intuir mis papás, porque ya entonces lo crearon pelón. En las tardes aburridas del invierno que precedió a mi llegada, la wii era un miembro más de la familia. Papá hacía deporte y mamá entrenaba su cerebro, quizás en previsión de la preocupante pérdida de memoria que sufriría después. Entonces llegué yo, me convertí en administrador oficial del tiempo (el mío y el de mis papás) y la wii pasó a un segundo plano, el plano de las cosas que se dedican a coger polvo.
Pero ahora ya soy mayor y estoy aprendiendo a entretenerme lejos de mis papás. Juego mucho con mis juguetes, hago plastilina, veo la tele y… me divierto mucho cuando alguien juega a la wii!!! Ayer, por ejemplo, pasamos un rato genial mientras mi primo Miguel jugaba a Super Mario Galaxy. Había frikipulpos y dinopirañas, polvo de estrellas, un malo malísimo llamado Bowser y un montón de megaestrellas que recuperar. Yo estaba alucinado. Esos dibus no los había visto nunca!!! Luego mi primo y mi papá decidieron que había llegado el momento de ponerse en forma y desempolvaron el wii sport para jugar un partidito de tenis, quizás alentados por la cuarta (¡¡¡ cuarta !!! ) Copa Davis que acabábamos de conseguir. Y ahí fue donde babywii dio sus primeros pasos virtuales, gracias a la mano de Miguel.
Fue una pena que mi papá lo ganara en todo: tenis, golf, bolos, béisbol… pero bueno, hay que tener en cuanta que él sólo tiene seis años y mi papá ronda la edad de Cristo cuando lo crucificaron. Había un claro desequilibrio. No obstante, debo decir que mi primo defendió muy bien a mi mii y cada vez que conseguía un pleno en los bolos o que metía la bolita en el hoyo yo aplaudía entusiasmado. Lástima que no me dejaran un mando, que dicen que soy demasiado pequeño. Pero ya verás cuando crezca y parctique un poquito, no tendré compasión de nadie y babywii se convertirá el el rey de nuestra familia de miis.


