Tsunami
Suele pasar que la mejores cosas de esta vida son las más sencillas. Y también es verdad que si una cosa te gusta mucho y llevas tiempo sin disfrutar de ella cuando de nuevo la recuperas te entra el gusanillo en el estómago y te pones muy contento.
Bueno, pues a mí me pasa todo eso con el agua. Cuando era verano y hacía calorcito jugaba mucho con el líquido elemento. Cuando bebía dejaba caer un chorrito para mojarme la camiseta y así refrescarme, y mamá no se enfadaba ni nada, no como ahora, que me dice Leo no, que te resfrías! También jugaba con la manguera del patio de mi abuelo, y mamá seguía sin reñirme. Me bañaba cada día y me lo pasaba bomba en mi querida y anhelada piscina de estrellitas. Salpicaba, hacía burbujitas, minicascadas… era muy divertido. Pero ahora el agua y yo nos hemos distanciado. No en plan guarrillo, que aunque nuestro contacto sea más escaso sigo siendo un niño limpio y perfumado, eh? Es por este dichoso frío, que hace que la logística en el tema del baño sean un poco más complicada. A esto hay que añadir además que mi piel se resiente especialmente en esta época del año, volviendo a aparecer los incómodos brotes de dermatitis, agravados por el agua caliente y el tiempo que paso en ella en remojo. Por eso mis baños se han reducido a dos o tres por semana. Son pocos pero puedo asegurar que muy pero que muy intensos. Me emociono de tal manera que me da por salpicar a diestro y siniestro sin preocuparme de a quién o qué empapo. Lo bueno es que mis papás, quién sabe si resignados o contagiados por mi alegría desbordante, me dejar hacer, lo cual es de agradecer porque es un momento del día (del día que toca) que me encanta.
Que no se me olvide que debo añadir esta habilidad en mi currículum, quién sabe si algún día me llamen de Hollywood para hacer los efectos especiales de alguna peli de esas de catástrofes naturales o del fin del mundo en las que una ola gigante inunda toda Nueva York.
Ah, y otra cosa. El vídeo, en el que además podéis observar mi espectacular físico y mi larga cabellera a modo de cresta, está grabado en casa de mi abuelo y esa bañera rosa… ¿adivináis a quién pertenecía?
