Arte de preescolar
Cuando en el mes se septiembre empecé la guarde tras mi merecidísimo mes de vacaciones en plan funcionario del Estado, mis papás me tuvieron que comprar mi propio material escolar. Pronto empezamos, dijeron ellos. Y con toda la razón, que se empieza por unos sencillos libros de fichas y se acaba pagándole a uno el piso de estudiante en la ciudad, pasando como no por la escuadra y el cartabón, el compás, la libreta de Spiderman, la mochila de Gormiti, las ceras de colores y el diccionario de inglés. Un pastón, vamos. Y luego dicen que el saber no ocupa lugar, ja. Ocupa su buen espacio y sobre todo… desocupa el bolsillo!!! Pero qué le vamos a hacer, la educación es lo que tiene, que no es barata.
A lo que iba. En mi guarde no sólo cantamos, jugamos y contamos cuentos. La cosa ya se está poniendo sería, como corresponde a la clase de 1 a 2 años en la que estoy, y también tenemos nuestras tareas, la mayoría de las cuales consisten en rellenar las fichas del libro que nos compraron nuestros papás. Vamos tratando diferentes temas según la época del año. A veces pintamos, otras pegamos cositas… yo estoy deseando que lleguen las de recortar, aunque creo que aún soy pequeño para manejar las tijeras y no me dejarán usarlas por mucha punta redonda que tengan. En general es bastante divertido. Aunque lo mejor es cuando nos dejan llevarnos alguna de las fichas a casa para enseñárselas a nuestros papás, los cuales reaccionan con una sesión intensiva y extrema de besos, abrazos y ays, ays, ays qué cosa más preciosa ha hecho mi Leo. Entonces es cuando a uno le sube la autoestima por las nubes y piensa si su futuro no estará en las bellas artes en lugar de en el motociclismo o la construcción. Quién sabe, igual acabo siendo tan polifacético como Da Vinci, que hacía de todo el hombre (incluido un Baby Einstein
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