Bueno no, buenísimo
Un santo, un bendito, un ángel de la corte celestial, el virtuosismo hecho niño de un año y medio. Eso es lo que debo ser (o parecer
), porque de otra forma no me explico que los Reyes Magos me hayan traído tantas cosas y tan chulas este año. Porque además de lo que pedí en mi carta mucha otra gente le había escrito a los Tres de Oriente para que dejaran un detallito en su nombre: mis tíos, mis abuelos, mi amiga Lucía, mi tita Pepi… Por lo que se ve no sólo soy un niño muy bueno sino también muy afortunado.
Lo único que lamento es no poder haber dado las gracias de antemano a Sus Majestades, porque el día de la Cabalgata y para variar, llovió. Así que las carrozas, en lugar de pasearse por las calles de mi pueblo lanzando caramelos y regalos, volaban por ellas, tanto que parecía que se estaban entrenando para el Paris-Dakar. Los vi muy rápido, aunque por lo que pude observar a ellos debió de lloverles bastante porque tenían el pelo como ricitos de oro, supongo que por la humedad. Pero mi mamá me dijo que no me preocupara, que como eran magos el tiempo no sería un obstáculo para que pudieran repartir sus regalos. Y así fue. Cuando por la mañana abrí la puerta del salón y vi todos aquellos juguetes… qué emoción!!! Me puse a dar saltitos de alegría y rápidamente me dirigí a comprobar que aquello no era un sueño. Había una moto, una hormigonera, una granja… y hasta un pijama de Woody!!! Pero bueno, nada mejor que un reportaje fotográfico para recordar cómo fue mi mañana de Reyes.







