Animalitos
Estos días mi casa parece un zoo. Hay animales por todas partes, y eso sin contar a papá y a mamá. Entre los peluches encontramos pingüinos extrasuaves, patos voladores de cuerpo rosa y patas de rayas de colores, tiburones con dientes de fieltro o mi recordado mono de enorme sonrisa el cual, por cierto, volvió a enmudecer. Entre las especies de plástico tenemos de todo: vacas, caballos, ovejas, cerditos… por no hablar de todos esos que por arte de magia están encerrados en los juguetes y sólo nos dejan oír sus sonidos cuando le aprieto a un botón.
Pero animales de carne y hueso… nada, ni uno (los del congelador no cuentan). Cuando era pequeño recuerdo que había un par de peces color naranja que vivían encima de la lavadora, pero a los pobres tanto centrifugado no debía sentarles muy bien y se fueron al cielo de los peces, donde… ¿también hay agua? En fin, que ni un simple canario tenemos, con lo que a mí me gustan los animalitos. De hecho cada vez que vamos a ese supermercado antes llamado Continente y en otro sitios Pryca y en donde yo hago mis prácticas de reponedor, mientras uno de mis progenitores paga la cuenta en la caja el otro siempre me lleva a la tienda de animales a ver los cachorritos, los conejitos, los pipis de colores y hasta las iguanas. Y me encantan. Secretamente anhelaba que los Reyes Magos me trajeran una mascota, pero no ha habido suerte. Creo que el año que viene seré menos prudente y lo gritaré a los cuatro vientos. El problema es que mi mamá no se lleva demasiado bien con el reino animal (lo cual incluye animales de dos y cuatro patas) y puede que mi deseo se vaya al traste. Ella dice que lo suyo es más el mundo de los vegetales. Si lo dice por la cantidad de lechuga y tomates que come estoy de acuerdo, pero si trata de convencerme viendo el estado en el que se encuentran los dos potos de la casa (únicas plantas que tenemos) va lista, porque más bien pensaría que es una planticida, que todo se le muere.
Menos mal que siempre quedará Lana.
Lana es la perrita que vive en casa de la prima de mamá. Es más buena… me deja que la persiga y a veces me emociono tanto jugando con ella que la agarro y me llevo un manojo de pelos suyos en la mano. Tiene 7 años perrunos (creo), así que ya está un poquito mayor para aguantar mis trotes, pero aún así siempre que voy a verla me recibe moviendo la cola y correteando a mi alrededor. Y yo chillo de la alegría!!! Lo malo es que le gustan mucho los gusanitos y me los roba. En casa de Tere, que así se llama la prima de mamá, también hay perdices, periquitos y estacionalmente liebres y hasta sapos, así que mientras mamá no ceda y pueda tener mi propia mascota… hacedme un hueco en vuestra casa!!!
P.D. Otro día me haré una foto con Chispa, la hija de Lana que vive en casa de otra prima, la saga continúa y la diversión… también!!!


