Dieciocho
Todo el mundo dice que cumplir los dieciocho es un momento muy importante en la vida de una persona ya que te confiere ciertos derechos y privilegios como poder votar, conducir o trabajar, amén de ser libre para comprar alcohol y ver ciertas pelis… Pero yo hoy cumplo dieciocho y, la verdad, el cambio para mí no representa ninguna novedad especial. No estoy interesado en votar, me conformo con dar saltitos de alegría cuando algo me emociona. Ya conduzco a la perfección mi correpasillos del león de nariz cantarina y luminosa sin necesidad de carnet. Trabajar… quita, quita, eso para mis papás. Y lo del alcohol y las pelis descartado, a mí que no me quiten ni mi bibi de cereales ni mis conejitos de colores de Bunnytown que es lo que de verdad me gusta.
Ahora bien, si cambiamos la unidad de medida del tiempo resulta que hoy cumplo… ¡¡¡ un año y medio !!! Y eso sí que es importante. Porque a partir de ya estoy más cerquita de los dos años, de convertirme en un niño en toda regla. Y todo ello para tristeza de mis papás que ven como su ex-bebito crece a un ritmo imparable. A mí a veces me da penita de ellos e intento que no noten demasiado la evolución. Por eso les permito que me cojan en brazos mucho (mucho) rato como cuando no sabía andar, finjo que no me gusta que me dejen sólo jugando, dejo que mamá me dé el bibi sentado en su regazo… y lloro un montón cuando no hacen algo de esto. Ellos ni lo sospechan, si es que estoy hecho un actorazo de primera. Sin embargo en otras ocasiones me muestro tal y como soy, desplegando toda la artillería de conocimientos que día a día adquiero. Porque aunque no viva en una piña debajo del mar, mi cuerpo gordito absorbe sin más. Todo lo aprendo, y lo aprendo rápido. Soy Leo Esponja (Spongeleo). Me costó lo del adiós, adiós con la manita, y lo de las palmitas, pero una vez superado ese escollo voy como una moto por la autopista del saber. Ya sé llamar a mamá, aunque lo haga con un desconcertante acento italiano (maaaammmmma). También a papá y a Ely de Pocoyo (Ei). Cuando jugamos a ¿dónde está Leo? al aparecer siempre digo “a ta” (aquí está). Si me apetece puedo comer sólo (aunque prefiero que me den, soy un poco señorito) y ya consigo subir los escalones agarrándome a la barandilla. En general me gusta subirme a todo lo que pillo: el tobogán, la mesa de aprendizaje, la mecedora sueca, el váter… y me encanta ponerme de pie cuando corono la cima. Mi mamá dice que voy a partirme los dientes antes de que me salgan y que un día de estos me voy a abrir la cabeza, pero yo ni caso, me fascina el riesgo. Y también bailo con un ritmo muy particular y contagioso que nada tiene que ver con el de mi papá.
En fin, que sigo haciéndome mayor. ¿Había dicho en alguna ocasión que el tiempo pasa muy derpisa? Pues eso.
P.D. Mamá dice que me tiene preparada una sorpresita para hoy, ya os la contaré en el próximo post!

