Más allá de Baby Einstein
Soy un animal televisivo. Sé que eso no está demasiado bien, que los niños tan pequeños no deberíamos estar enganchados a la caja tonta pero oye, tampoco es que me pase la tarde viendo “Sálvame” o no duerma por esperar la última temporada de “Perdidos” (como las mamás de algunos de mis amiguitos) ni nada de eso. Además, eso lo dicen los expertos, unos adultos que no niego sean muy inteligentes y doctos en la materia pero que seguramente no tienen que entretener a una culebrilla de niño un día lluvioso detrás de otro, y de otro, y de otro… Que la teoría está muy bien, pero luego la práctica es otra cosa muy diferente.
Desde pequeñito me gusta ver el Baby Einstein. Disfruto con la música y sobre todo con las marionetas. Habré visto cada DVD unas cien veces, pero no me canso. Y creo que tampoco lo haré en un futuro próximo, más aún viendo como mis primos siempre se quejan cuando estando juntos mi mamá me los pone y al final acaban tan enganchados como yo. La señora esa que los creó desde luego pegó un pelotazo con los muñequitos. Lo único que me pregunto es si tendrá que pagar derechos de autor al tal Beethoven, Bach, Da Vinci o a los Strauss porque como sea así… más que un negocio es una ruina, sobre todo como estén los de la SGAE detrás, que esos no pasan por alto nada.
Pero no sólo de Baby Einstein vive Leo. Desde que descubrí Clan TV y Disney Channel puedo tragarme casi cualquier cosa. Veo Dora la Exploradora, Bob Esponja, MaXcotas, Manny Manitas, Harry y su cubo de dinosaurios, Caillou, La Casa de Mickey Mouse… Pero si hay unos dibujos que me gustan por encima de todos son Pocoyó y Bunnytown.
Lo mejor de Pocoyó es la musiquilla del principio. Cuando la escucho siempre digo “Eiiiiiii” (traducido, Elyyyyyy”). Es que Pocoyó aún no me sale y además creo que algunos se ofenderían si aprendiera a llamar antes al niño de azul que a ellos. Después de la música me disperso un poco, pero vamos, que me gusta.
Bunnytown, una ciudad llena de conejitos de colores, es genial. Está gobernada por el Rey Conejito, que tiene un ayudante real y un bufón. Luego está el conejito inventor, que se pasa el día con su máquina de burbujas y chispas intentando crear extraños artilugios. Hay un coro y una escuela, en la que Louise siempre sorprende con sus presentaciones a todos sus compañeros, entre los que está Melvin, el de la mantita Winchi. Hay un conejito inspector con acento francés, piratas buenos, conejitos cavernícolas, granjeros… Y mis favoritos, superconejito y el conejito espacial. Superconejito siempre acude al rescate de los habitantes de Bunnytown cuando el conejito malo malísimo les roba sus zanahorias. Como ya me sé los episodios, antes de que aparezca ya estoy levantando mis manos y apuntando con mi dedo índice hacia el cielo avisando de que a continuación llega volando el héroe conejil. Y cuando sale el conejito espacial, lo mismo, porque también está en el cielo. Son unos conejitos muy marchosos que se pasan el día cantando. Mis papás luego intentan imitarlos, pero desafinan a más no poder. Ahora que lo pienso, quizás tanto frente atlántico sea por su culpa…
Y aunque yo no veo muchos anuncios, algo he podido ver por ahí de cierto día que es hoy de corazones, cenas con velitas, bombones y rosas rojas. Hoy es San Valentín y yo me pregunto ¿hay algo de malo en que, más allá del negocio, lo celebremos también los niños? No, ¿verdad? Pues eso, ¡¡¡ Feliz Día del Amor y la Amistad !!!


