El no carnaval
Una de las muchas cosas buenas que tiene ser un jovenzuelo como yo es que las neuronas las tenemos recién estrenaditas y nuestro disco duro está al mínimo de su capacidad, de modo que los recuerdos de todo lo vivido, oído o visto aún se conservan perfectamente. Con la edad se va perdiendo esta facultad, y sino que se lo digan a mi mamá. Puede ser que por eso los mayores no recuerden lo que allá por el mes de octubre más o menos dijeron esos que dicen llamarse meteorólogos/as porque sino más de uno/a estaría siendo perseguido por injurias y calumnias varias. Entonces aventuraron que el que vendría sería un invierno seco y no demasiado frío. A ver que me asomo a la ventana… mmmmm, llueve. A ver que saco la manita… mmmmm, me congelo. Y así desde hace ya dos meses. Estoy por fiarme más de las predicciones de Rappel y compañía que de las de estos señores y señoras del tiempo porque vamos, es más que evidente que no acertaron con el pronóstico.
Y por culpa del frío y la lluvia que nos acompaña, repito, desde hace ya más de dos meses este año nos hemos quedado sin carnaval. Sólo el domingo pudimos ver algo, pero mi mamá ni siquiera se atrevió a disfrazarme por miedo a que mi resfriado continuo se agravara. La verdad es que a mí no es que me importe demasiado. El año pasado ya me dejé hacer bastante vistiéndome de pollo, ficha de parchís y mariquita, pero este me he resistido sobremanera, sobre todo en la guarde donde me pasé media mañana llorando porque me habían colocado un disfraz que, por otra parte, yo creo que no me favorecía demasiado.
Puede que el próximo sábado, el día del desfile de carrozas, el tiempo nos dé una tregua y, si me dejo, salga disfrazado con mi mamá y los compañeros de la guarde, que teníamos unos trajes muy chulos preparados para el día del carnaval infantil. Y con nosotros el resto de niños de los colegios, que los pobrecitos también se quedaron compuestos y sin pasacalles. De momento hoy en casa el pequeño Leo ha sido convertido gracias a la aportación de su primo Alejandro y en contra de su voluntad en Leo el enanito. Eh, y sin cachondeos.

