El heredero embatado
Hay una afición muy común entre los familiares y amigos de los recién nacidos y, bueno, de los bebés en general. Consiste en observar detenidamente al individuo en cuestión (o individua, que sino luego la baby Ministra de Igualdad se me enfada) y ver cuáles de sus rasgos se corresponden con los de sus padres, abuelos, tíos o primos. A veces, cuando no se puede encontrar el origen del carácter en cuestión, la comparativa se extiende a parientes muy lejanos como el tío que se fue a América a hacer fortuna o la tatarabuela que vivió allá por el siglo XIX. Esto último se hace más que nada para no generar dudas sobre la paternidad de la criatura, que de nuestra mamá sabemos que somos pero de nuestro papá hasta que el ADN no lo confirme…
Afortunadamente el mío no tendrá que recurrir nunca a estas sofisticadas técnicas, que si el tal Mendel las hubiera conocido le habrían dado por saco a los guisantes. Desde que era pequeñito todo el mundo dice que soy clavadito a él, que tengo su nariz, sus ojos y hasta su barriga (cuándo tenía). Aunque mi mamá también ha hecho su pequeña aportación genética, además de las convulsiones esas que no quiero ni recordar. Mi barbilla es la suya y las orejillas, también. Eso en cuanto al tema físico, que luego está lo de la personalidad. Ahí aún no sé a quién me parezco. Soy cariñoso, alegre, impaciente, comodón y tengo mucho genio. Sí, yo creo que tengo un poco de cada uno.
Resumiendo, que uno cuando nace hereda las cosas de su familia: lo bueno, lo malo… y la ropa. Si le preguntas a mamá que era lo peor de ser la hermana y prima más pequeña te dirá que era tener que reciclar los vestidos de las demás cuando a ellas ya les quedaban pequeños, con lo fashion que mi mamá ha sido siempre y lo que le gustaba estrenar. Yo creía que no pasaría por esto, ya que soy el primogénito y para mí sería todo lo nuevo, pero no caí en que tengo dos primos machotes con los armarios llenos de pantalones, camisas, camisetas, chándals, abrigos, jerseys, rebecas, bodys y prendas varias que ya no les quedan bien y que el pequeño de la familia podría aprovechar.
La última adquisición ha sido una bata para estar en casa. Hasta ahora mi mamá solía ponerme una sudadera pero así mis piernecitas siempre se quedaban heladas, más aún con estos fríos que corren. Sin embargo, gracias a mi bata heredada que es suave y muy calentita mantengo todo mi cuerpo a una perfecta temperatura. Puede que parezca un abuelillo con ella, pero no me importa porque ya lo dice el refrán: ande yo caliente… ríase la gente!!!
Dedicado a mi amigo Mikel, pionero en el uso y disfrute del batín.

