El beso
Y sigo aprendiendo. Es lo bueno que tiene venir en bruto, que hay un montón de cosas por descubrir e incorporar a mi particular repertorio de gracias varias. Porque, hay que reconocerlo, si ya viniéramos de serie con el adiós, adiós con la manita, las palmitas y los guiños, los bebés perderíamos gran parte de nuestro interés. Es mucho mejor mantener la expectación e ir poco a poco aprendiendo estas cosillas que, sinceramente, a nosotros no nos suponen demasiado esfuerzo pero para los mayores constituyen todo un acontecimiento.
Hace tiempo que sé dar besos, y casi al mismo tiempo que aprendí a hacerlo descubrí su enorme poder sobre los afortunados que los reciben. A veces es un simple roce de mi boca con su mejilla. Eso ocurre cuando me insisten para que les obsequie con esta muestra de afecto pero yo tengo prisa porque algo más reclama mi atención. Los dejo contentos y a otra cosa mariposa. Pero otras veces, cuando me siento más cariñoso o me interesa algo de ellos, me tomo mi tiempo y les doy un largo, baboso y sonoro muuuuuuuuuuuuua. Y ya puedo pedir lo que sea
Cada día, cuando mi papá viene de trabajar, me pide que le dé un besito y, bueno, yo se lo doy porque ha estado muchas horas sin verme y creo que eso hace que se ponga muy contento. Luego está mi mamá, que me lo pide casi constantemente y a veces hasta me reclama que se lo dé en la boquita. Y lo peor es que cuando se lo doy me apachurra fuerte, fuerte, tanto que me deja sin respiración. Pero yo soy listo y para evitar que esto suceda y que me deje sin aire he desarrollado la técnica del beso a distancia. Acerco mis manos a la boca, digo el mua de turno y lo lanzo al aire para que ella lo reciba. Bueno, ella o quién se tercie, que en época de crisis como la que estamos los besos son un regalo perfecto, son baratos y su éxito está asegurado!!!
P.D. Sé hacerlo mucho mejor
