Leo al aparato, dígame
El teléfono es un invento maravilloso. Puede que últimamente con esto de internet, las videoconferencias, skype y demás haya perdido algunos usuarios, pero vamos, que sigue habiendo millones de millones de personas en todo el mundo que lo usan a diario y lo consideran imprescindible. ¿Cómo sino le iba a pedir yo una pizza a Agustín? ¿Cómo podría mi mamá saber cada día como me ha ido en la guarde estando a 65 kilómetros de distancia?
Yo he nacido en la generación de los móviles, todo el mundo tiene uno. Creo que cuando el ratoncito Pérez y yo digamos de hacer negocio seguramente ya no me dejará dinerito, un cuento o unas chuches sino que directamente me regalará la sexta generación del iPhone, el cual mi querida mamá con toda probabilidad requisará por considerarme demasiado joven para usarlo (y ya dará cuenta ella de él, que suspira por uno). Pero mis papás me han contando que antes no existían y sin embargo… ¡¡¡ vivían !!! Uf, la verdad es que a mí me cuesta imaginarlo. Eso de no saber dónde estaban, qué hacían, a qué hora volverían a casa… Debía ser como cuando ahora estás sin batería o fuera de cobertura, que se genera un estrés y una angustia que no es normal. O peor aún, cuando te lo dejas olvidado en casa… Entonces pierde la categoría de “móvil” y se convierte en un teléfono a secas. En casa tenemos dos de estos, de los que no son móviles digo. Se llaman inalámbricos y me encanta jugar con ellos, aunque mis papás como siempre se empeñan en chafarme la diversión porque dicen que cuando me canso de hablar con algún niño de la China o del cono sur lo tiro y luego se escucha un ruidito muy desagradable, como grsgrsgrsgrsgrsgrs, que les impide mantener una conversación decente con cualquiera.
Hay dos cosas de estos teléfonos que me divierten especialmente. Una es cuando marco un número extraño y me responde una señorita que muy amablemente me informa de que ese número no se corresponde con el de ningún usuario. Es muy maja, aunque su voz suena algo enlatada, la pobre, es que no debe ser fácil vivir dentro del aparato ese. La segunda es cuando hago una llamada interna entre los dos terminales y mis papás se vuelven locos pensando que alguien los llama, jejeje, me encanta.
Puede ser que todo esto ocurra porque he sacado el gen telefónico de mamá, en cuyo caso las compañías telefónicas pueden estar tranquilas, su negocio está garantizado de por vida.
Hoy cumplo 19 meses, así que si alguien quiere llamarme por teléfono para felicitarme estaré encantado de hablar con él/ella

