Leo y Luca en nunca jamás

marzo de 2010

Domingo de ramos diferente

29 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Ayer fue domingo de ramos, que es el día en el que oficialmente comienza la Semana Santa. Es un día en el que la gente se pone sus mejores galas y sale a ver la procesión de “La Borriquilla”. En mi pueblo tenemos nuestro propia imagen del pollino, pero debido a un turbio asunto entre cofrades e Iglesia la pobre lleva dos años encerrada en su establo sin catar la calle, así que nos quedamos sin procesión. Mi mamá me ha dicho que cuando antes salía lo hacía acompañada de muchos niños que llevaban ramas de olivo. Y la verdad, no me extraña que echen mano de ese árbol en concreto, porque como ya dije una vez otra cosa no, pero lo que es olivos aquí tenemos para reventar.

Así que esa mañana después de desayunar pensamos que si los olivos no venían a procesionar, pues nos íbamos nosotros a los olivos, a vivir un domingo de ramos alternativo. Y así en lugar de ponernos guapos (de ropa, que uno es guapo se ponga lo que se ponga) nos chandarizamos y al campo que nos fuimos, yo con mi mochila de la Vaca Connie llena de reservas (agua, pajitas, galletitas saladas… en fin, esas cosas básicas para la supervivencia en caso de emergencia) y mi pelota de Pocoyó por si me animaba a echar un partidito. El kit de mis papás era algo extraño, e incluía una bolsa de plástico y unos cuchillos. Oh, oh, ¿qué van a hacer con eso? Porque sé que me quieren si no pensarían que se han vuelto unos psicópatas y me iban a… no, quita, mejor ni decirlo.

Pero no, cuando llegamos al campo vi que se pusieron a buscar entre la hierba y que se ponían muy contentos cada vez que descubrían una cosa tipo palo de color verdinegro que cortaban y guardaban en la bolsa (qué alivio). Luego me explicaron que esos palos eran espárragos y que pretendían encontrar los suficientes como para preparar esa noche la cena. Ay madre, yo sabía de eso de la crisis pero no imaginaba que la cosa estaba tan chunga, ¡que tenemos que ir a buscar la comida como si fuéramos hombres prehistóricos! ¿Acaso han cerrado el Carrefour y el Mercadona?¿Qué será lo próximo? ¿Papá lanza en mano persiguiendo liebres, ciervos y cochinos jabalís? ¿Vestirme con sus pieles? Uf, pues se nos van a echar los ecologistas encima… “Que no Leo – me tranquilizaron mis papás – que esto lo hacemos por diversión. No te preocupes que no te va a faltar nunca el picadillo, la pizza de las Grecas, tus bibis ni los modelitos más fashion”. Ah, pues qué alivio (otra vez).

Aclaradas todas mis dudas pensé que si ellos iban allí a divertirse pues yo tenía que hacer lo mismo, así que me puse a jugar con las florecitas, las piedras, la tierra, las ramas e incluso con las aceitunas que había en el suelo, que este año por culpa de todo lo que ha llovido había más que en los árboles. A punto estuve de comerme una, pero mamá no sé por qué no me dejó, que ella bien que se las toma luego con una cervecita.

En fin, que casi me ha gustado más este domingo de ramos que el tradicional de la procesión. Quién sabe, igual si los cofrades y el cura no se arreglan lo convirtamos en una tradición familiar.

Y hoy, como las fotos han salido con tanta luz (¡por fin luz!), ración extra de instantáneas. Y… ¡vídeo! ;)

Olivos

Tierra

Leo, papá y olivos

Tío la Vara

Fin de la amnistía

27 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Yo soy un niño pacífico. Entiendo que la violencia no es el mejor camino para solucionar los conflictos, independientemente de si son a pequeña escala o más a lo grande, en plan internacional. Opto más por el diálogo, por el acercamiento de posturas por muy enfrentadas que sean. Porque ya se sabe, hablando se entiende la gente.

El problema es cuando no te dejan explicarte, o cuando se hablan dos idiomas distintos. Entonces resulta muy difícil llegar a un punto intermedio y el camino más fácil para afrontar los diferentes criterios es usar la violencia para imponer la opinión de cada cuál. Y aquí es cuando surgen las dos figuras fundamentales de cualquier lucha: el atacante y el atacado.

Yo, el pequeño Leo, he sido atacado. Vil y cruelmente, y además de la forma más cobarde posible, por la espalda. Ocurrió el pasado jueves en mi guarde. La mayoría de los niños se habían ido ya. Sólo quedábamos unos cuantos, los que salimos más tarde. Yo estaba esperando a mi abuelo, que cada día viene a recogerme. La verdad es que no recuerdo muy bien por qué sucedió o qué incitó a aquel niño a atacarme, pero el caso es que sin que nadie pudiera evitarlo, ese individuo me propinó un empujón por la espalda y yo fui a dar con mi linda frente en una silla. Resultado, un chichón y una pequeña herida que sangró lo suyo (en la foto, que es de hoy, ya no se aprecia tanto). Y yo me pregunto, ¿no hubiera sido más fácil pedirme lo que quería o informarme de lo que le estaba molestando? ¿Qué necesidad tenía de recurrir a la violencia? Yo creo que ninguna, pero con seguridad él opinaba lo contrario.

Voy a intentar que esto no me afecte demasiado y pueda mantener mi filosofía de no violencia. Pero lo advierto, si alguien más se mete conmigo que se prepare porque el hecho de que no me guste usar la fuerza no significa que no sepa hacerlo, así que… ¡me defenderé!

Herida

Teletransportación

24 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Es el reto del futuro. Desmolecularizarse en cuestión de nanosegundos  y viajar así a través del espacio a los lugares más remotos imaginables donde volver a reintegrarse cuánticamente. Y todo eso sin apenas despeinarse, que en mi caso con las greñas que manejo últimamente, es una cuestión de suma importancia.

La teletransportación tiene enormes ventajas. No habría que usar ningún medio de transporte, con lo que dejarían de emplearse esos combustibles fósiles que tanta pupita le están haciendo a nuestro planeta. No habría atascos, ni retrasos, ni overbooking, amén del considerable ahorro de tiempo que eso supondría, sobre todo en los viajes intercontinentales. Aunque igual hay algunos que no están tan a favor: los controladores aéreos, esos que ganan un pastón (apunta Leo, posible profesión para el futuro), los vendedores de pastillas antimareo, de mapas de carreteras…

He dicho que es el reto del futuro pero, ¿qué me decís si os digo que el futuro ya es pasado, que yo, el pequeño Leo, experimenté la teletransportación el pasado sábado? Seguramente no me creais, pero sí, ocurrió. Y sucedió así:

Mis papás y yo acabábamos de comer en el sitio ese de la M gigante al que por su salud y para evitar que su colesterol suba disparado a niveles estratosféricos sólo van en contadas ocasiones. Después de jugar un ratito en la zona de los niños entramos a un centro comercial donde yo echaría la siesta en mi silleta paseado por papá mientras mamá sacaba a pasear la tarjetita de plástico milagrosa de tienda en tienda. Y entonces ocurrió. En un abrir y cerrar de ojos me teletransporté a Londres. No sé cómo ni porqué, pero allí me encontraba, junto al típico autobús rojo de dos pisos que circula por las calles de la capital británica. Y yo me dije, pues esto debe de ser Londres. Aunque miré alrededor y no vi el Big Ben, ni Buckingham Palace, ni Picadilly Circus. Pero bueno, seguro que eso era por esa niebla que dicen que hay por allí, ¿verdad?

Fue una experiencia fugaz, pero bueno, muy enriquecedora culturalmente, como cualquier viaje al extranjero. Ojalá algún día pueda repetirla para ir a visitar a todos esos amigos que viven lejos, sobre todo a los del otro lado del charco que me pillan más a trasmano. Ya me veo, ¡en América en un pis pas!

Leo on bus

Nosotros, los hombres

23 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Y no me refiero a hombres en el sentido de “humanidad”. Hablo de los hombres hombres, del sexo masculino, de los machos, vamos.

Hoy mi post está dedicado a ellos, a nosotros mejor dicho porque aunque pequeño yo soy uno más de la especie. Y como tal he de defenderlos de las acusaciones que circulan por ahí.

Dicen que los hombres no sabemos hacer la colada. Mentira. Yo meto las cosas en la lavadora, vale que a veces meto algo más que la ropa sucia, pero las meto. Y además cuando acaba el programa paso las prendas no delicadas a la secadora, de una en una, con mucha paciencia.

Dicen que los hombres no limpiamos. Mentira. Yo estoy perfectamente familiarizado con el cepillo, la fregona, el limpiacristales y el limpiamuebles. Vale que a veces los cojo para jugar, pero lo que cuenta es que los cojo, ¿no? Y por si esto no fuera suficiente a veces me transformo en el niño mopa y me arrastro por el suelo llevándome toda la suciedad conmigo. Toma ya.

Dicen que los hombres tenemos miedo de enamorarnos. Mentira. Yo amo a mi mamá y no me importa gritarlo a los cuatro vientos. La gente envidiosa dice que eso es una enfermedad llamada mamitis, pero no, es puro amor. Y… puede que también esté colado por alguna que otra amiguita.

Dicen que los hombres no entendemos a las mujeres. Esto… bueno, siguiente acusación.

Dicen que los hombres no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo. Mentira, mentira y mentira. Podemos hacer dos, tres y hasta cuatro cosas a la vez. Y sino, un ejemplo.

En el siguiente vídeo, yo, un hombre de pies a cabeza puedo hacer cuatro cosas al mismo tiempo:

1. Comerme una galletita salada.

2. Jugar con mi pelota verde de pinchos.

3. Correr de un lado a otro.

4. Observar a los demás niños del parque.

Debería añadir una quinta, que es estar irresistiblemente guapo en cualquier situación, pero creo que eso es un don natural, así que no lo consideraré un mérito trabajado ;)

Y un último apunte, este hombre que soy yo lo es hoy un poquito más ya que cumplo 20 meses :D

Llegó la primavera

21 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Y llegó como que se fue el invierno, pasada por agua. ¿Ironías de la climatología? Puede, aunque yo creo que más bien es un poco de mala leche. Espero que no sea porque esa misma climatología dice que aquí donde yo vivo esta estación, junto con el otoño, es considerada la época lluviosa porque entonces no me explico que ha sido esto que hemos estado viviendo los últimos tres meses. ¿Tal vez la época del diluvio?

El caso es que esta última semana yo me las prometía muy felices, porque hemos tenido muy buen tiempo. Ha hecho sol, la temperatura era muy agradable, los ciruelos y almendros nos alegraban la vista con sus delicadas florecillas… Mamá y yo hemos pasado todas las tardes en el parque e incluso nos hemos llevado allí la merienda de moda, jamoncillo de pan, que no confundir con bocadillo de jamón. La diferencia estriba en que en el bocadillo el jamón se pone entre el pan, y en el jamoncillo es al revés, es decir, el pan se pone entre el jamón. Mi mamá ha inventado esta técnica de pan camuflado porque de la otra forma lo escupía y me quedaba sólo con el jamón que está mucho más bueno, dónde va a parar. He jugado a la pelota, perseguido a los pajarillos, montado en el tobogán eléctrico, en los columpios… Y como yo un montón de niños, agradecidos también de volver a ver el sol brillar en lo alto del cielo.

Tanto, tanto ha brillado que no tuve más remedio que tomarle prestadas a mi mamá sus gafas de sol para que sus rayos no dañasen mis delicados ojitos.

Espero que lo de este fin de semana sólo sea una broma de despedida del invierno y que a partir de ahora pueda colgar en casa el cartel de “He ido al parque. Vuelvo en dos horas” ;)

El día de papá

19 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Creo que esto de los días familiares está mal planteado. Porque vamos a ver, tenemos el día del padre, que es hoy, el de la madre, el de los abuelos… y, ¿qué pasa con el día de los hijos? Pues pasa que no existe, que nos tienen olvidados, marginados, out. Y el colmo de los colmos es que sin nosotros ellos no tendrían ese día dedicado. Porque para mi papá, por ejemplo, hasta hace un año (dos si contamos mi etapa fetal) el 19 de marzo era un día como otro cualquiera. Pero fue llegar yo y hala, a celebrar toca. Y todo porque, insisto, yo lo convertí en padre.

Así que no estaría de más que tanto él como mi mamá cuando llegue su día me obsequien a mí también con algún regalito. Y no vale con un dibujo, una manualidad hecha con macarrones o bolitas de papel de seda, que ya están mayorcitos para esas cosas. Yo me refiero más bien a un peluche de Ely, un coche, una pelota… En fin, esas cosillas.

Pero bueno, como no quiero ser un hijo desconsiderado, voy a desearle a mi papá un muy feliz día de los papás. Por los superbibes de fruta que me preparaba, por no enfadarse cuando tiro las bolas que él acaba de recoger, por jugar conmigo a girar las piezas del caracol o hacer escupir bolas a Barrancas, por hacerse el perseguido cuando mamá y yo guardamos el coche en la cochera… Por todo eso y más feliz día del padre, papá.

Y felicidades también a mamá que es su santo y anda un pelín mosqueada porque mi papá le ha quitado toda la exclusividad de sus celebraciones. Primero fue su cumple y ahora su onomástica, tiene que compartirlo todo :D

Sonrisa para papá

¡Y yo con estos pelos!

17 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Han pasado ya casi ocho meses desde mi primer cumpleaños. Aquél día mi mamá me regaló un tobogán en el que extrañamente no me he partido los pocos dientes que tengo, a pesar de mis escaladas a pulmón y la coronación en pie y dedo ínice en alto de la cima. Entonces escribí lo siguiente:

“No es tan grande como el del parque, pero al menos en este no tengo que hacer cola para montarme. Ni me da calambre, que en el otro hasta los pelos se me ponen de punta cuando lo toco (prometo foto).”

En todo este tiempo nadie me ha reclamado la foto, pero yo soy fiel a mis promesas y no he olvidado esta que hice. El problema es que no ha sido fácil conseguirla, porque yo al parque voy a jugar, a correr de un lado para otro buscando nuevas aventuras. No voy a posar. Pero el otro día me encontraba generoso y me dije a mí mismo, ya es hora de que cumplas lo pactado, así que venga mamá, me pongo aquí y dispara, pero rapidito que el columpio se ha quedado libre. Y “aquí” fue debajo del tobogan, de pie. Ni siquiera tuve que tocarlo, fue acercarme a él y hasta los pelillos de la nuca se me electrizaron. Creo que ese tobogán no cumple el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión. Es más, creo que ni siquiera lo instaló el Ayuntamiento, que más bien pertenece a Endesa y que ésta lo usa secretamente para robarnos la energía a los niños, que de eso la verdad estamos bien servidos.

Y sin más, aquí dejo la foto en cuestión, dando por finiquitada mi promesa.

Pelos

Leo Peseta

15 de marzo de 2010 en La vida de Leo

En mi pueblo, como en todos los pueblos, hay un montón de esos personajes que antes se llamaban curiosos y ahora frikis.

Está Alfonsito, autoestopista profesional, forofo del Madrid y fanático de la Pantoja. También Pedro, que acuño la ilustre frase “¡Joer Cazorla!” cuando alguien le preguntó si quedaba muy lejos esta localidad y que ahora se usa para denotar que algo es casi imposible de conseguir. Está el Mono Jerija (¿o es Gerija?) célebre por su bicicleta equipada con todo lo imaginable, desde alforjas hasta cintas de colores. Y como no, Pepe Peseta.

Pepe ha sido durante un montón de años el encargado de tirar los cohetes del pueblo en cada fiesta, celebración o acontecimiento. Pero no uno o dos, no, me cuenta mi mamá que el día que se ponía a tirar cohetes era uno detrás de otro. Pepe Peseta también es conocido por su estilismo, porque los días de fiesta siempre se pone un traje blanco con una corbata de la bandera de España y se repeina como Mario Conde. Eso sí, para tirar los cohetes se cambia y se pone el traje de faena, cigarrilo en mano para encenderlos. Lleva bigotillo y gafas de pasta y creo que fue el único al que no le afectó el cambio de moneda, ya véis que sigue llamándose Peseta y no Euro.

Pues bien, a Pepe le ha salido un sucesor. Efectivamente, yo. Porque no me dan miedo los cohetes, al contrario, me gustan. El problema es que aún soy pequeño para manejar la mecha y no me dejan tirarlos, así que tenemos que simular el lanzamiento. El juego consiste en ponerse el dedo índice sobre los labios y hacer un ruidito como… fshfshfshfshfshfshsfshfshfsh… y acto seguido levantar el dedo al cielo, esperar unos segundos y decir ¡pum!, que es cuando explota el cohete. Es muy divertido y me encanta que mis papás, mi abuelo o Tere me lo hagan. Y yo, bueno, aprendo rápido y ya me he convertido en un experto pirotécnico así que de aquí a nada seguro que me llaman de la mismísima Valencia para organizar una mascletá en las fallas ;)

La tapa del yogurt

13 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Los niños no somos ciencia. No estamos sistematizados, ni tenemos patrones de comportamiento regulares, por mucho que nuestros papás se empeñen en crearnos unas rutinas. Con nosotros no se pueden hacer predicciones concretas ni objetivas, ni somos susceptibles de razonamientos seguros. Muy por el contrario, los niños tendemos al caos, al desorden, a la ambigüedad. Y lo que es más gracioso, podemos aprovechar nuestro desconcertante carácter para confundir a los mayores. Aunque creo que ellos llaman a esto, simple y coloquialmente, ser unos porculeros de cuidado.

Es por eso que aunque de lunes a viernes nuestra mamá tenga que despertarnos para ir a la guarde a las 7:30 de la mañana entre quejas y sollozos por nuestra parte, que preferimos seguir acurrucados en nuestra cunita disfrutando de ese plácido sueño mañanero, cuando llega el fin de semana nos levantamos de motu propio a las 7:15, cuando ni siquiera es de día, con unas enormes ganas de juerga y cachondeo mientras nuestros papás farfullan palabras irreproducibles por un niño decente como yo.

Es por eso que cuando nos cambian el pañal, aunque no hayamos hecho caca ni tengamos mucho pipí, a los cinco minutos de hacerlo a nosotros nos entra el apretón y les dejamos un apestoso regalito de color, textura y densidad variable en función de nuestra dieta de ese día.

Es por eso que aunque cada noche después de cenar nuestra mamá nos ofrezca un danonino que a nosotros no nos apetece tomar y que ella o nuestro papá tienen que comerse para no tirar, el día que no lo hace a nosotros nos entra por el ojo su yogurt de frutas y comemos, comemos y comemos hasta apurar todo el vasito, de modo que su postre quede reducido a chupar los restos de la tapa.

Todo, todo esto, es culpa del caos.

Y… creo que me encanta el caos ;)

Caos

Zapatero y zapateo

11 de marzo de 2010 en La vida de Leo

Creo que debo replantearme mi futuro laboral.

Y todo por culpa del señor que nos (des)gobierna, el tal Zapatero, que ahora dice que los españoles vamos a tener que jubilarnos a los 67 años, si no nos morimos antes, claro está. Y como comprenderéis a esa edad no estaré yo para muchos trotes después de pasarme tropecientos mil años reponiendo las estanterías del Carrefour. Que me veo colocando las latas de mejillones en escabeche y de pronto, ay, ay, ay, que se me disloca el hombro. O agachándome a coger una caja de papel higiénico (de capa doble) y ay, ay, ay, que me da el lumbago. No, definitivamente necesito un empleo más sedentario, uno que me permita llegar a la vejez en mejores condiciones. Tal vez de funcionario, que según tengo entendido es uno de los “trabajos” por los que suspira todo el mundo, con horario flexible, pagas extras, vacaciones, tiempo ilimitado para desayunar… Sí, no es mala idea.

El problema es que yo tengo sangre en las venas y me parece a mí que algo tan tranquilo no le va a mi carácter. Yo necesito acción. Pero como ya hemos quedado en que eso es incompatible con llegar en buenas condiciones a la edad de las pastillas para la tensión y las dentaduras postizas, he pensado que quizás podría elegir una profesión movidita pero a la vez rentable, una que me permita asegurarme la jubilación pero a una edad más prudencial y decente, como los 43. Así que aprovechando mis raíces andaluzas y mi recientemente descubierta pasión por el baile he pensado que quizás pueda hacerme flamenco y dedicarme a recorrer los escenarios del mundo mostrando mi arte y ganando esa pasta gansa que necesitaré en el futuro. ¿Que por qué? Pues porque domino el zapateo. Y olé.

Así que Zapatero, tú a tus zapatos, y yo a los míos.

Nota interna: Decirle a papá que cambie las bombillas de bajo consumo y menor luz

Nota externa: Hay gente que me dice que últimamente no puede acceder a esta página con Internet Explorer. Consultando a mi asesor informático me indica que si alguien entra con menos del 7 que directamente se actualice el navegador porque tiene más de 10 años y hacer webs para que se vean bien en IE6 es el infierno en la tierra. Así que ya sabes, no dejes que Bill Gates se interponga entre nosotros ;)

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