Señorito Leo
Cuando nací apenas sabía hacer nada por mí mismo, salvo comer y descomer. Debería añadir que dormir, como el resto de los niños, pero para eso también necesitaba a mi mamá, un lecho mucho más calentito y cómodo que aquél en el que intentaban dejarme cada vez que caía en los brazos de Morfeo. Hablo de la minicuna, reconvertida en objeto decorativo de nuestro salón.
De modo que me daban de comer, me cambiaban el pañal, me bañaban, me dormían, me paseaban… y yo encantado de la vida porque pequeño sí, pero de tonto ni un pelo y ya entonces descubrí que si alguien puede hacer las cosas por ti, ¿que necesidad hay de hacerlas uno mismo? Vale sí, supongo que la satisfacción personal de valerse por sí mismo, de lograr lo que uno se propone, el reconocimiento al esfuerzo, al tiempo invertido… pero es que todo eso cansa t a a a a a a a n t o…
Yo prefiero emplear mis energías en otros menesteres más gratificantes y enriquecedores como subirme a las sillas, tirar todos mis juguetes, sacar la ropa de los cajones, meter objetos extraños en la lavadora… en fin, esas cosas divertidas y chispeantes de la vida. Para lo demás, lo reconozco, soy un señorito comodón. Me sigue gustando que me den de comer y sobre todo que me lleven en brazos. Pero creo que a los mayores esto último no les mola demasiado, dicen que peso mucho y que les duelen los brazos y la espalda, que esto de ir en plan garrapatilla tiene que acabar porque ya soy un niño grande que sabe andar. Que para un ratito vale, pero que así todo el santo día nada de nada. Habrase visto, primero te dan el caramelito y luego cuando ya estás diabético perdido te lo quieren quitar de golpe. Eso debería ser delito.
Pero bueno, uno tiene recursos para todo así que creo que mientras pueda practicaré la ley del mínimo esfuerzo. Como cuando voy en mi silleta comiendo gusanitos. Me cansa mucho ir cogiéndolos de la bolsa así que se la doy al piloto de turno y yo sólo tengo que levantar la mano para que me los vayan suministrando. No tengo ni que mirar para atrás ni nada. Levanto mi mano y automáticamente se depositan en ella. Aunque a veces el conductor no está muy avispado y entonces abro y cierro la manita llamando su atención. Si es que tengo que estar en todo…

