¡Y yo con estos pelos!
Han pasado ya casi ocho meses desde mi primer cumpleaños. Aquél día mi mamá me regaló un tobogán en el que extrañamente no me he partido los pocos dientes que tengo, a pesar de mis escaladas a pulmón y la coronación en pie y dedo ínice en alto de la cima. Entonces escribí lo siguiente:
“No es tan grande como el del parque, pero al menos en este no tengo que hacer cola para montarme. Ni me da calambre, que en el otro hasta los pelos se me ponen de punta cuando lo toco (prometo foto).”
En todo este tiempo nadie me ha reclamado la foto, pero yo soy fiel a mis promesas y no he olvidado esta que hice. El problema es que no ha sido fácil conseguirla, porque yo al parque voy a jugar, a correr de un lado para otro buscando nuevas aventuras. No voy a posar. Pero el otro día me encontraba generoso y me dije a mí mismo, ya es hora de que cumplas lo pactado, así que venga mamá, me pongo aquí y dispara, pero rapidito que el columpio se ha quedado libre. Y “aquí” fue debajo del tobogan, de pie. Ni siquiera tuve que tocarlo, fue acercarme a él y hasta los pelillos de la nuca se me electrizaron. Creo que ese tobogán no cumple el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión. Es más, creo que ni siquiera lo instaló el Ayuntamiento, que más bien pertenece a Endesa y que ésta lo usa secretamente para robarnos la energía a los niños, que de eso la verdad estamos bien servidos.
Y sin más, aquí dejo la foto en cuestión, dando por finiquitada mi promesa.

