Aloha verano
Ay, qué calor. Apenas hace tres semanas que aún andábamos con el abrigo y ahora ya estamos sudando la gota gorda. Al final esos que dicen que aquí se pasa del frío al calor (y viceversa) en dos días van a tener más razón que un santo. Vamos, que le damos menos uso al la ropa de entretiempo que los políticos a su integridad. Y no exagero, no, que ayer un señor del tiempo de internet dijo que en mi pueblo se alcanzaría la máxima temperatura de toda España, ¡de toda España! Ni en Sevilla, ni en Badajoz, ni en Córdoba… no, donde más nos estábamos friendo es en La Torre (ver aquí). Y nosotros con la piscina que mi abuelo ha comprado para mis primos y para mí aún empaquetada, si es que no puede ser…
En fin, que visto lo visto no nos ha quedado más remedio que uniformarnos con la indumentaria típica de esta época del año, la más fresquita que existe, la más cómoda y práctica, la que menos lavadoras obliga a poner (y planchar): el pañal y punto. Y yo feliz. Menuda libertad de movimiento oiga, ahí enseñando carnes. Lo malo es que mi mamá es más pudorosa que yo e insiste en que tengo que salir vestido a la calle, luciendo así de paso todos los modelitos que me compra, que para mi gusto son demasiados. Los tengo desde los del tipo Borbón en Mallorca (muy náuticos) hasta esos que me pone en plan Sonny Crockett en Corrupción en Miami (blancos inmaculados) pasando por los de estilo hawaiano, bastante poco apropiados para un secarral como este de Jaén pero bueno, al menos son coloridos.
Tanto calor hace que hoy estoy febril. No sé si serán los dientes (por cierto, ya tengo dos colmillos y oh novedad: ninguno, repito, ninguno me ha dado fiebre), un resfriado que se aproxima o algún virus gástrico (por la frecuencia y pestosidad de mis deposiciones parece esto último). El caso es que mañana tendré que ir a ver al de la bata blanca, qué lata. De momento hoy me espera leche sin lactosa, crema de arroz y mucha agua. Y a esperar que la cosa quede sólo ahí…

