El logro del día, dos
Siempre he sido un tipo muy positivo. La prueba está en que mientras la mayoría de los niños aprenden muy pronto a decir que no y pasan una etapa de negación continua que desespera a sus papás (no lo neguéis amigos), yo, Leo el optimista, he preferido usar esa corta pero contundente palabra lo menos posible. Eso no quiere decir que no me enfade y emita un gruñido reprobatorio de vez en cuando para demostrarlo, pero lo que es el “no” típico pocas veces sale de mi linda boquita. Además, para eso ya están mis padres, que se pasan todo el santísimo día con la dichosa palabra en la boca, desde hace bastante tiempo además…
Bueno, para que engañarnos, tampoco es que le diga a todo que sí. Hay ciertas cosas por la que no paso, como tener que tomarme un medicamento a pelo, que mutilen mis preciosos cabellos sin mi consentimiento, que me cambien de ropa cada dos por tres, seis… Pero para eso está el carácter de cada uno, para defender lo que se cree injusto. Sólo hay una cosa a la que digo siempre que sí. Efectivamente, a la comida. Ayer, por ejemplo, estuvimos comiendo todos en casa de mi abuelo y fui el primero en sentarme a comer y el último en levantarme. Claro, es que ellos me decían, toma Leo, ¿quieres? Y yo, entre que no me gusta decir que no y que me apasiona la comida, pues hala, a poner a trabajar la mandíbula. Es eso que dicen, que se junta el hambre con las ganas de comer. Pues lo mismo.
Pero eso fue ayer. Hoy, repito, HOY, he dado un paso más. Lejos queda aquél día en que sorprendí a mamá afirmando querer postre con la cabeza. Porque hace apenas unas horas he pasado al siguiente nivel y he verbalizado mi primer SÍ ante un ofrecimiento de mi mamá. Y no, no me ha ofrecido comida. Ella me ha preguntado, “Leo, ¿quieres que vayamos a ver la luz roja?” A lo que claro está yo he contestado… “chi“. Bueno, bueno, mi mamá casi me come a besos. Aún con la duda de si había sido una casualidad me lo ha vuelto a preguntar. Y yo, que ya he dicho que soy un chico positivo, he vuelto a decir…“chi“. Y así, despejadas sus dudas y convencida de que mi capacidad comunicativa crece por momentos, lleva desde entonces preguntándome si quiero algo. “Leo, tesoro, ¿quieres ir al parque?“, ”Leo, cariño, ¿quieres que te quite los zapatos?“, ”Leo, guapo, ¿quieres agua?“, ”Leo, gordito, ¿quieres ir a dormir la siesta?”
“Chiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, anda y déjame dormir un rato y descansar… ¡¡¡que menuda me ha caído con este nuevo logro!!!
Pero bueno, mejor irme a la cama con el estómago lleno así que antes dame un poco de pollo, ¿chi?
P.D. En la entrada anterior se alcanzaron los 2.000 comentarios de este blog. Muchas gracias a todos los que gastáis un poquito de vuestro tiempo en compartir mis historias porque eso me hace muy feliz.
Como véis mi querido amigo Àlex (vía secretaria) tuvo el honor de hacer ese comentario tan redondo, aunque teniendo en cuenta que mi tita Teresa hizo justo el anterior y el posterior creo que también es justo nombrarla. Es como si Álex fuera la mortadela y ella el pan, mejor comértelos juntos que separados, ¿verdad? A mi amigo estos días más mexicano que español le espera como premio una sesión de juegos conmigo (que esperamos sea pronto) y a mi tita, mmmm…, ya sé, le dejaré el enorme privilegio de hacerme una de sus espectaculares tartas para el día de mi cumple


