El chupete marginado
Tengo muchos chupes, como seis o siete, porque sí, soy un chupóctero. Antes solían estar por toda la casa, pero ahora que mis papás creen que sólo debo usarlos para dormir porque ya empiezo a ser un niño grande es más difícil encontrarlos. Y es que si por mí fuera andaría todo el día con el caucho ese en la boca. Bueno, me lo quitaría para comer, que aunque lo he intentado he descubierto que las dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo… Por eso este par de crueles sin corazón que dicen ser mis padres me los esconden y sólo los sacan en casos que ellos consideran de emergencia. Esto me llevaría a escribir un post sobre la diferencia de criterios para definir las emergencias que me apunto para otro día.
Todos mis chupes son iguales, sólo varía el color. Y son de la misma marca, del Mercadona. Y no acepto otra, ni NUK, ni Chicco, ni Suavinex… nada, del Mercadona y punto. Los demás me dan asco, y no exagero que un día hasta vomité cuando intentaron colarme un intruso. Mis papás encantados, claro, que dicen que ya bastante pasta se dejan en la farmacia como para andar comprándome chupetes de marca. De vez en cuando toca renovación de chupes, porque aunque cada vez los cato menos los exprimo que da gusto. Sobre todo cuando justo antes de dormir o justo después de despertar los encuentro todos juntos en el cabecero de la cama de mis papás, que los dejan ahí cada noche por si el que uso se me cae o se me pierde entre las sábanas. Entonces los cojo y juego con ellos, me quito uno y me pongo otro, me pongo dos, se los pongo a mis papás… ay, qué feliz soy con mis chupes. A lo que iba, el otro día mamá compró dos y tiró dos. Las gallinas que entran por las que salen, que diría mi papá. Las dos nuevas adquisiciones eran exactamente iguales a todas las demás, o bueno, eso pensaba yo porque ahora resulta que a los señores del Mercadona les ha dado por renovar los chupetes con nuevos diseños. Y claro, cuando mi mamá los vio debió pensar que ya era hora y le faltó tiempo para cogerme uno de los nuevos, pensando que yo no notaría la diferencia. Pero mi mamá me subestimó, y apenas vi el conejito sobre fondo rojo del nuevo chupete lo rechacé de inmediato. Ella intentó explicarme que era igual que los demás, que sólo cambiaba el dibujito, que la tetina era la misma, pero no hubo manera. No quiero saber nada de ese chupe. Ese conejo no me da confianza y punto. Pero como ya he dicho que mi mamá es cruel muchas noches, aprovechando que no me entero porque estoy medio dormido, lo usa cuando ese que tengo se me pierde, enchufándomelo sin piedad. Ella dice que sólo le tengo manía, porque por la mañana cuando me despierto sigo con él sin problemas… hasta que me lo quito y lo veo. Entonces lo tiro lo más lejos posible, a ver si desaparece para siempre. Vuela conejo.
Así que visto lo visto he decidido que me voy a ir al Mercadona a comprar todo el stock de chupes monocromáticos que tengan, que ya se sabe que los conejos se reproducen muy rápidamente y antes que quiera darme cuenta habrán barrido de las estanterías a mis queridos y fieles amigos. Y ya estoy viendo a mis papás con la excusa perfecta para desterrar para siempre el chupe de mi vida…
¡¡¡ Noooooooooooooooo !!!
P.D. Hoy, 23 de junio, celebro mi cumplemés número 23, ¡chiiiiii! Y eso significa que sólo quedan 30 días para mi segundo cumpleaños, ¿podéis creerlo?
Creo que comienzan los preparativos para una fiestaaaaaaa…

