Sésamo
Cada noche mi mamá me lee un cuento antes de ir a dormir. Ella dice que le gustaría poder invertarse divertidas historias para mí, con personajes únicos y llenas de sorpresas, pero por lo visto su cerebro a ciertas horas del día no da para mucho. Por eso recurre a un libro, que digo yo, tampoco está mal que conozca los clásicos de la literatura infantil, mira que si luego me examinan de eso en la guarde…
Uno de los cuentos es el de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, que como su propio nombre indica, trata de un tipo llamado Alí Babá y de unos ladrones, concretamente cuarenta, que guardaban sus tesoros robados en una cueva a la que se accedía con unas palabras secretas: ábrete, sésamo. El joven Babá descubrió su secreto, eliminó a los ladrones y se quedó con el tesoro sin ningún remordimiento, que ya se sabe que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.
Y os preguntaréis, ¿a qué viene todo esto? Pues viene a que yo, el pequeño Leo, me he convertido en el Alí Babá del siglo XXI. O algo por el estilo…
Yo no entiendo de eso que llaman fines de semana en cuanto a horarios se refiere, al menos en los de levantarse. Mis papás no están muy de acuerdo con esto, pero es que tengo el biorritmo muy marcado. Así que como madrugamos nos da tiempo a un montón de cosas. Lo primero es sesión de juegos en la cama, lo segundo desayunar y lo tercero… Ahí es cuando me convierto en medio árabe de cuento, pero adaptado a los tiempos que corren. El tesoro ya no está en una cueva, sino detrás de una pantalla de televisión, y no hay ladrones, que esos están ocupados en otros ministerios, uy, perdón, menesteres. Eso sí, la palabra mágica sigue siendo… ¡sésamo! Que enciendo la tele y ahí aparecen un montón de marionetas que me encantan y que viven en un sitio así llamado. Era lo lógico, después de las de Baby Einstein y Bunnytown éstas acabarían atrapándome, tengo vena titiritera. Está Coco, el Monstruo de las Galletas, la Rana Gustavo, El Conde Draco, Elmo… y mis favoritos, Epiiiiiiiiiiiiiiii y Blas.
Mis papás están muy contentos de que me gusten estos dibujitos, porque aunque modernizados, son los que ellos veían cuando eran pequeños y salían del cole (antes había cole por la tarde, ¡increíble!). Eso sí, mamá sigue sin entender ese amor que Blas siente por las palomas. Y papá aún se pregunta si Epiiiiiiiiiiiiiiii y Blas son pareja de hecho o no. Desde luego, qué complicados son. ¡Si sólo hay que disfrutar de las marionetas, hombre!
P.D. Gracias a mi tita Teresa por regalarme la camiseta

